Continuando con las soluciones que al través de los años he venido

proponiendo a las más altas instancias de la Nación, con el propósito de rescatar y poner en valor nuestra Ciudad Colonial, me referiré, a continuación, a otro de los proyectos que fueron presentados al gobierno actual.

Se trata de la intervención de una manzana completa, ubicada en el ombligo del centro histórico capitaleño. Se trata de la comprendida entre las calles Arzobispo Meriño, Mercedes, Hostos y Luperón. La idea consiste en convertir el actual arroz con mango en la piedra angular del gran proyecto que habrá de ser llevado a cabo, en su totalidad, antes de que sea tarde, o de que empiecen a hacer todo lo contrario a lo que hay que hacer.

Este proyecto fue diseñado para la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM), durante mi última actuación como director, en colaboración con GMR Oficina de la Ciudad (arquitectos Luís Guzmán, Pablo Morel y Omar Rancier). La presentación del mismo se hizo en presencia del Vicepresidente de la República, en el transcurso de un encuentro efectuado en  el año 2006.

Comenzando por la calle Arzobispo Meriño, a esquina Luperón, proponemos conservar, aunque modificado, el edificio de esa esquina, que fuera diseñado por el arquitecto Antonio Ocaña en la década de los años cincuenta; restaurar todas las edificaciones que le siguen hacia el norte, dándole diversos usos, y unificar los patios, convirtiéndolos en área de recreación.

Antes de llegar a la intersección con la calle Mercedes, hay un edificio de cuatro plantas que habría de ser modificado, según convenga.

La impresionante casona colonial, que actualmente ocupa el Hotel Francés, será respetada, y seguirá siendo utilizada para lo mismo que fue rescatado y puesto en valor, con éxito inusitado.

Doblando hacia el oeste por la calle Mercedes, nos encontramos con un edificio de apartamentos, de tres plantas, construido a mediados del Siglo XX, que se remodelará y se le dará el mismo uso residencial para el que fue construido, pero en condiciones muy diferentes a las actuales. Existe  posibilidad de anexar su planta baja al Hotel Francés, lo que habrá de determinarse en su momento.

A seguidas tenemos la Iglesia de Nuestra Señora de la Altagracia, para la que se ha contemplado restaurar, tanto exterior como interiormente, la capilla que fuera dedicada a la Virgen, cundo formó parte del Hospital de San Nicolás, y que fuera absorbida por la obra moderna, después de una arbitraria demolición parcial de ese histórico monumento. El resto de la edificación religiosa habrá de ser sometido a un cuidadoso tratamiento, tanto de índole ambiental como climatológico.

A seguidas, hacia la calle Hostos, se encuentran las históricas ruinas del hospital, que empezó a edificar el Gobernador Frey Nicolás de Ovando. Hemos dejado para someter a un amplio debate lo que habrá de acometerse en las mismas. Espero, que esta vez se dejarán de lado las divergencias que han existido siempre entre los que hemos participado en el programa creado en 1967, lo que ha evitado que se haga lo que hay que hacer, tanto con esas venerables ruinas, como con el centro histórico en su conjunto.

El área comprendida en la esquina noroeste, correspondiente a las calles Hostos y Luperón (actual estacionamiento), se aprovecharía, conjuntamente con la proveniente de la demolición de las tres edificaciones siguiente, para soterrar un estacionamiento de varios niveles, y construir una plaza sobre el mismo.

Para la ejecución de este ambicioso proyecto habrá de ser absolutamente necesario que el gobierno asuma la iniciativa con responsabilidad, y disponga de la voluntad política necesaria, para convencer y entusiasmar a toda la ciudadanía.

Las edificaciones de propiedad privada deberán ser expropiadas, y compensados sus legítimos dueños, según lo dispone la Ley. Luego de ser concluido el proyecto, o en vías de elaboración del mismo, las distintas unidades en que serán divididas las edificaciones intervenidas, se pondrán a la venta, de manera que el gobierno recupere parte de su inversión. El sector privado, por su parte, constituido en condominio, será el que se ocupe de su conservación.

Para que los que no tienen idea de lo que significaría la ejecución de este proyecto, me permito recordarles lo que representó, en su momento, el recate del sector de la Atarazana, que de un prostíbulo de la peor ralea, totalmente abandonado a su suerte, pasó a convertirse en el rayo de luz que hacía falta en aquel entonces (1968), para que una gran parte de la ciudadanía, que se había mantenido, y aún se mantiene indiferente al destino a que ha sido sometido el centro histórico más importante de América, se empezara a dar cuenta de lo que poseía, además de sus posibilidades en convertirse en una de las principales atracciones turísticas de Santo Domingo, y una de las más prometedoras del país.

De esa misma manera, la Manzana de Oro se convertiría en el puntillazo que está haciendo falta, para que los demás propietarios del sector colonial se animen a asumir la responsabilidad que les corresponde o, en cambio, poner sus propiedades en manos de quienes así lo entiendan y deseen, hasta completar la obra, de la misma manera a como lo han estado haciendo los ciudadanos de casi todas partes del mundo civilizado.

Entendemos, que para que este sueño pueda realizarse a la mayor brevedad, se hace absolutamente necesaria la colaboración de propietarios, inquilinos, invasores, y todo tipo de personas a las que le duela su patrimonio histórico, al igual que a los que sueñan con un turismo cultural, creador de riquezas para todos. Entendemos, igualmente, que de no ponerse en práctica iniciativas de esta naturaleza, será imposible que lo que necesariamente hay que hacer se haga.

Finalmente, esta manzana, compuesta por una de las ruinas más imponentes de Santo Domingo, como son las del Hospital de San Nicolás; el Santuario capitaleño de la Virgen de La Altagracia, obra levantada a principios del Siglo XX, sobre una parte de las estructuras demolidas del histórico hospital; el Hotel Francés, que ocupa una hermosa casona del Siglo XVI; al igual que doce de la hilera de casas contiguas al sur de este; y sumadas las facilidades de un amplio estacionamiento soterrado; así como una hermosa plaza sobre este, se convertirá en la Manzana de Oro de Santo Domingo, y de toda la República Dominicana.