El pueblo libanés, (que a decir de Elvis Alam, un ciudadano dominicano, pero con ascendencia y corazón en el Líbano, tiene las mujeres más hermosas, los más bellos atardeceres mediterráneos y un gran potencial en la región del Oriente Próximo), está conmemorando los 71 años transcurridos desde que se independizaron del protectorado francés.
Lean bien, no he dicho celebrando, sino conmemorando, porque la situación actual de ese emblemático país, no es para celebrar. Porque a decir verdad, si como pueblo han sabido tomar el limón y disfrutar la limonada, como sociedad y como Estado, han tenido una historia muy accidentada y poco envidiable.
Herederos de los fenicios, quienes inventaron la base del alfabeto por el cual nos estamos comunicando, grandes comerciantes y navegantes, primeros en producción de vino y con una ubicación envidiable en el extremo oriental del Mar Mediterráneo, tienen una brillante génesis histórica, no obstante, les tocó, como a casi todos los países de esa zona, albergar a cristianos y musulmanes, representantes de las dos grandes e importantes religiones monoteístas occidentales. Si la tolerancia fuera un valor más practicado por los humanos, la coincidencia de diversas expresiones religiosas en un mismo lugar,no sería la causante de tantas guerras, y menos dos religiones que siguen al mismo dios y se basan en el amor al prójimo, pero desafortunadamente no es así.
El Líbano, desde su independencia el 22 de noviembre de 1943, tuvo unos primeros años en paz, de crecimiento, tanto así que para principios de los años 70, era el “Centro Financiero de Oriente Próximo”, no obstante la Guerra Civil entre 1975 y 1990, que enfrentó precisamente a cristianos y musulmanes, significó destrucción y retroceso.
Aunque en los próximos 16 años, después del fin de esa guerra, hasta el 2006, se recuperó un poco y volvió a ser centro financiero y meca turística de la región, la realidad es quea partir de ahí la situación vuelve a ser crítica y compleja, porque ahora como nunca, las causas no sólo son internas, sino regionales y globales, con Israel-Hezbolá, por un lado, el asunto Siria por otro y hasta yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS), amenazándoles.
En el Líbano de hoy no hay diálogo, la Constitución y todas las instituciones están en juego, desde el pasado 25 de mayo no tienen presidente y el Parlamento, que en teoría terminó su período, tuvo que extendérselo hasta que se resuelva la situación actual.
Pero como dijo el universal e inmortal poeta libanés, KhalilGibran, “Si el maestro no me admite en el centro de sus tristezas, como voy a pretender jamás entrar en la morada de sus afectos”, creo que todos los ciudadanos del mundo, de manera muy especial los dominicanos, debemos solidarizarnos y tender una mano a ese pueblo que está en una triste etapa y aspirar a que el próximo año celebren sus años de independencia en paz y armonía.
Tendiendo la mano en la adversidad, nos ganamos afectos en una prosperidad, que más temprano que tarde habrá de alcanzar el Líbano. A eso apuesto, para que a partir de ahí, el presidente Danilo Medina y su flamante canciller, Andrés Navarro, abran una “Misión Diplomática y Consular” permanente en ese país hermano. Los libaneses de allá y de aquí lo merecen.