Después de varias semanas en huelga, que cerró el tráfico de carga por la frontera entre nuestros dos países, los camiones dominicanos han vuelto a transitar hacia la república vecina. Los haitianos habían argumentado que cerraron el tránsito en protesta por la muerte de uno de sus conciudadanos y los dominicanos alegaron que sus camiones eran víctima de robos y violencia en Haití.

La realidad, sin embargo, luce que todo esto fue el resultado de un tradicional conflicto entre dos sindicatos: Fenatrado, encabezado por Blas Peralta y el Transporte Haitiano-Dominicano (HAIDEO) que preside Nelson Jean Sanet. El asunto se hizo evidente con la declaración de la embajadora norteamericana en Puerto Príncipe, Pamela White, cuando dijo al Miami Herald: "No quiero ligar los camiones, sobre lo que estoy furiosa, con las deportaciones, sobre lo que no estoy furiosa… Los líderes sindicales mantienen rehén a un sector privado por razones que desconozco". Habría entonces qué preguntarse si la violencia contra los camiones dominicanos se debió a una sociedad civil haitiana protestando por las deportaciones, o a acciones de los sindicatos haitianos.

La lucha es por la carga, tanto la que se origina en nuestro país, como la cada vez más importante proveniente de terceros países con destino a Haití y que nos llega por Haina y Caucedo. Esta segunda ha aumentado mucho por la entrada en operación hace tres años de la zona franca de Caracol, cerca de Fort Liberté.

El asunto se hizo evidente con la declaración de la embajadora norteamericana en Puerto Príncipe, Pamela White, cuando dijo al Miami Herald: "No quiero ligar los camiones, sobre lo que estoy furiosa, con las deportaciones, sobre lo que no estoy furiosa… Los líderes sindicales mantienen rehén a un sector privado por razones que desconozco

Los conflictos transfronterizos sobre carga son comunes. Bajo el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y México, el NAFTA, por ejemplo, los sindicatos de camioneros norteamericanos lograron que en su texto existiese todo tipo de trabas técnicas, como la seguridad de los vehículos, entre otros, para impedir el tránsito de camiones mexicanos hacia Estados Unidos. Fue tan sólo muchos años después que los mexicanos lograron el libre paso para sus camiones.

Tanto los empresarios dominicanos como haitianos prefieren el uso de cabezotes y camiones dominicanos, por ser su flete menos costoso y dada su mayor confiabilidad. FENATRADO, un verdadero monopolio, no permite la entrada de camiones a puertos dominicanos que no sean de sus afiliados. Pero los sindicatos haitianos quieren, naturalmente, participar en el lucrativo negocio. Hasta ahora tan sólo ha sido tradicional que las guaguas de pasajeros haitianas puedan transitar por nuestro país.

Lo de la creciente carga en tránsito hacia Haití se debe tanto a las malas condiciones de los puertos de Puerto Príncipe y Cabo Haitiano, como a las buenas carreteras que ahora cubren el camino desde los puertos dominicanos del sur hacia esas dos ciudades. A 32 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, en Cabaret, la antigua Duvalierville, se está terminando de construir un muelle que puede ayudar a resolver el problema de Puerto Príncipe. Cuando la Fundación Clinton, la USAID y el BID auspiciaron la zona franca de Caracol, cercana a la universidad que donó el gobierno Dominicano, la premisa había sido que grupos privados se interesarían en construir un puerto en el vecino Fort Liberté, pero no hubo entusiasmo. Tal vez la solución es habilitar el no muy lejano puerto de Manzanillo, como puerto binacional, como es el caso del puerto del Golfo de Fonseca, en Centroamérica que sirve a varios países, para que la carga destinada a Haití llegue a Manzanillo desde donde rápidamente se transportaría a Dajabón y por buenas carreteras. También podría construirse un puente cerca de la desembocadura del río Masacre, lo que reduciría aun más la distancia. Ya en un libro que publiqué hace 49 años sugerí estas ideas.

Por otro lado, tal vez los dos sindicatos pudieran ponerse de acuerdo para compartir el negocio. Sin embargo, el cambiar de cabezotes en los puntos fronterizos aumentaría costos y disminuiría la confiabilidad. El tema del transporte de carga entre los dos países ha devenido ya parte de nuestra tortuosa agenda bilateral. Si el puerto de Rotterdam ha solucionado el transporte de la carga de tránsito hacia otros países europeos, y Suiza utiliza los puertos italianos, tal vez podríamos lograrlo, pero resulta que en ambos lados de esta isla no somos suizos.