"Hijo mío, ¿qué aprendiste hoy en la escuela"
"Hoy no hubo escuela. ¡Hay una emergencia!"
"¿Y qué aprendiste de eso, hijo mío?"
"EN VERDAD, aprendí mucho".
La "ronda" de esta semana, como le gusta llamarla al Ejército, siguió un patrón bien establecido, tan formal como un servicio religioso.
Empezó con el asesinato (o la "eliminación selectiva") de un hasta ahora desconocido líder de la resistencia ("terrorista") palestina en la Franja de Gaza.
Los palestinos respondieron con una lluvia de misiles que duró cuatro días completos. Más de un millón de israelíes en Gaza dejaron de trabajar y se quedaron con sus hijos en los refugios o "áreas protegidas" (es decir, las habitaciones relativamente seguras de sus propios hogares). Un millón de israelíes equivalen, en cifras redondas, a unos 10 millones de alemanes o 40 millones de estadounidenses, en proporcón con la población.
Una parte de estos cohetes fueron interceptados en su curso por las tres baterías de la "Cúpula de Hierro" de defensa antimisiles. Hubo algunos heridos israelíes y algunos daños materiales menores, pero ningún muerto israelí.
Aviones tripulados y no tripulados israelíes atacaron y hubo 26 muertos palestinos en la Franja de Gaza.
Después de cuatro días y noches, ambas partes habían recibido lo suficiente, y los mediadores egipcios alcanzaron un "Tahdiyeh" (en árabe "Silencio") no escrito.
Todo como siempre.
EXCETPO LOS detalles, por supuesto.
Todo comenzó con el asesinato de un Zuhair al-Qaisi, el secretario general de los "Comités Populares", quien había ocupado el cargo solo unos pocos meses.
Los "Comités Populares" son un grupo de resistencia/terrorista menor, el tercero en tamaño en la Franja. Ellos se ven opacados por Hamas, que no participó en esta ronda, y por la "Yijad Islámica", que hicieron suya la causa de los "comités" y lanzaron la mayoría de los cohetes.
El número de lanzamientos fue una sorpresa. Durante los cuatro días se lanzaron 200 cohetes ‒un promedio de unos 50 por día. De ellos, 169 cayeron en Israel. No había ninguna señal de que la Yihad se estuviera quedando sin reservas. Hamas, por supuesto, es una organización mucho mayor, con un arsenal mucho más grande. Uno debe asumir que en la Franja de Gaza ahora hay grandes cantidades de misiles, casi todos los más sofisticados proporcionadas por Irán. Sólo se puede conjeturar la forma en que hicieron ese largo viaje.
También debemos asumir que en el Sur libanés dominado por Hezbolá, los arsenales de misiles son aún mayores.
Del otro lado (el nuestro) la Cúpula de Hierro ha cosechado un éxito enorme; es una fuente de gran orgullo para el contratista, el ejército y el país en general.
Se trata de un sistema complejo, hecho en Israel, que inicialmente provocó mucho escepticismo. Por esa razón, hay en este momento sólo tres baterías en acción, cada una protege una ciudad (Ashkelon, Ashdod, Beer Sheva). Está programada la entrega de una cuarta batería para dentro de muy pronto.
El sistema no intercepta a todos los cohetes, lo cual sería enormemente costoso. Al contrario, el propio sistema calcula si un cohete caería en el espacio abierto (y puede ser ignorado) o en una zona poblada (que es cuando el interceptor se pondría en marcha), todo en cuestión de segundos. De éstos, más del 70% fueron interceptados y destruidos, un gran éxito a todas luces.
El detalle está en que cada uno de los cohetes palestinos sólo cuesta unos pocos cientos de shekels (siclo o shéquel, la moneda de Israel), mientras que un solo misil de la Cúpula de Hierro cuesta 315 mil siclos. Durante los cuatro días, se lanzaron cohetes por valor de 17,6 millones de siclos del lado israelí. Esto, aparte del precio básico, muy elevado, de las propias baterías.
Las incursiones de la Fuerza Aérea sobre la Franja de Gaza cuestan otras decenas de millones ‒una hora de vuelo cuesta alrededor de 100 mil siclos (casi 25 mil dólares).
POR TANTO, la primera pregunta a formular: ¿valía la pena todo ese ejercicio?
Los israelíes rara vez se hacen preguntas como esas. Ellos creen que los que están al mando saben lo que están haciendo.
¿Pero lo saben realmente?
It all hinges on the necessity to kill al-Qaisi, even for those who believe in such killings as a solution.
Todo depende de la necesidad de matar a al-Qaisi, incluso para aquellos que creen que estos asesinatos son la solución.
Al-Qaisi estab a en el cargo de líder de los "Comités Populares" sólo desde el asesinato de su predecesor en circunstancias similares. Un reemplazante se va a encontrar fácilmente. Puede que sea mejor o peor, pero difícilmente será muy diferente.
El Ministro de Defensa, Ehud Barak, dio una explicación extrañamente complicada sobre el asesinato: "(al-Qaisi) fue uno de los jefes de los Comités Populares que estaban, al parecer, muy ocupados en la preparación de un ataque a gran escala. Aún no puedo decir si se ha evitado este ataque". Parece. No puedo decir.
Extraoficialmente se dijo que al-Qaisi pudo haber estado involucrado en el envío de un grupo de militantes de Gaza al Sinaí egipcio para atacar el territorio israelí desde allí. El año pasado hubo un ataque cerca de Eilat, con algunos muertos israelíes, y el predecesor de al-Qaisi fue culpado por eso, y ultimado, antes de que siquiera hubiera comenzado una investigación.
Por lo tanto: ¿valía la pena, por esas razones, poner en peligro las vidas de tantas personas, enviar un millón de personas a los refugios y gastar decenas de millones de siclos?
Mi opinión es que al-Qaisi fue asesinado porque se presentó la oportunidad de hacerlo, por la información sobre sus movimientos.
¿QUIÉN TOMÓ la decisión?
Los asesinatos selectivos se basan en la información recibida del Shabak (también conocido como Shin Bet). En la práctica, este servicio de seguridad es el que toma la decisión de matar a la gente ‒actúa como recolector de la información, asesora sobre esta misma y juzga, todo al mismo tiempo. No hay ningún análisis independiente de la información, ninguna opinión, ningún proceso judicial de ningún tipo. Cuestionar al Shabak casi equivale a traición a la patria; ningún político ni ningún periodista se atreverían a hacerlo, incluso si estuviera muy inclinado a hacerlo, lo cual no es el caso.
Una vez que el Shabak ha decidido matar a alguien, la decisión se lleva ante un pequeño grupo de hombres: el Primer Ministro, el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y tal vez el oficial al mando. Nadie con un punto de vista independiente.
¿Alguna de estas personalidades hizo preguntas importantes? Lo dudo.
Por ejemplo: Benjamín Netanyahu se enorgullece de su gran éxito en Estados Unidos, de hecho en todo el mundo: ha conseguido que todos estén profundamente preocupados por la bomba nuclear iraní (todavía inexistente). La cuestión palestina ha sido totalmente borrada del mapa. Y en este contexto, pone en marcha una nueva ronda de combates que recuerdan a las personas en todas partes que la cuestión palestina está vivita y coleando, y que puede estallar en cualquier momento. ¿Tiene sentido esto, incluso desde el punto de vista de un Netanyahu o un Barak?
Otro aspecto político interesante de este "ronda" fue el papel que desempeñó Hamas en ella, o, mejor dicho, que no tuvo.
Hamas gobierna la Franja de Gaza. El gobierno israelí no reconoce oficialmente este mandato, pero de alguna manera todavía considera a Hamas responsable de todo lo que sucede en la Franja, si Hamas estuvo involucrado o no.
Hasta ahora, Hamas ha entrado en la pelea cada vez que Israel ha atacado algún objetivo en Gaza. Esta vez, se quedó fuera de la contienda, e incluso recalcó este hecho en entrevistas telefónicas en la televisión israelí.
¿Por qué? Hamas está estrechamente relacionada con la Hermandad Musulmana, que ahora domina el parlamento egipcio. Se encuentra bajo presión para crear un gobierno de unidad con Fatah en Palestina y unirse a la OLP. Tomar parte en la lucha armada contra Israel en este momento podría poner en peligro este esfuerzo. Tanto más cuando la Yihad Islámica está estrechamente relacionada con Irán, el rival de Egipto y de Arabia Saudita.
LOS CORRESPONSALES de la TV israelí tienen la molesta costumbre de concluir sus informes con una frase inquietantemente banal. Por ejemplo, un informe sobre un accidente de tráfico fatal, casi invariablemente termina con las palabras: "… y él (o ella) sólo quería llegar a salvo a su casa".
Esta semana, casi todos los informes finales sobre el desastre en el Sur terminaron con las palabras: "El silencio ha regresado al Sur. ¡Hasta la próxima!".
Todo el mundo supone que "la próxima vez" los cohetes procedentes de Gaza tendrán un alcance mayor y tal vez llegarán hasta las afueras de Tel Aviv, y en Israel todo el mundo espera que los misiles de la Cúpula de Hierro serán aún más eficaces.
Hasta entonces, "sin novedad en el frente Sur".