Desde Norteamerica

“Sin novedad en el frente”

Por Marcos Antonio Ramos

Los temas del momento son muchos. En República Dominicana y Estados Unidos se comenta el de la inmigración extranjera, que en ese último país ocupa por el momento un segundo lugar debido a las discusiones sobre los seguros de salud y la política del presidente Obama. Cada día tenemos mayor acceso a la información y las noticias abundan, pero en ciertos asuntos todo se mantiene más o menos igual, o más bien se trata de simples, aunque a veces dramáticas, repeticiones de sucesos del pasado. Salvando las distancias, se me ocurre utilizar libremente como título de este artículo, el de “sin novedad en el frente”.

El título de la novela del escritor alemán, naturalizado estadounidense, Erich María Remarque (1898-1970) al menos haría que algunos recordaran diferentes producciones cinematográficas identificadas de esa manera. Por lo menos recuerdo tres películas basadas en el libro. En su versión inglesa, la novela se intitula “All Quiet in the Western Front”, es decir, todo está tranquilo o silencioso en el frente occidental. El libro se publicó en 1929 y su ambiente era el soldados de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, el de los nazis, lo prohibió en Alemania. Si hay algo imposible de aplicar al mundo del periodismo y las comunicaciones masivas en nuestro tiempo es la ausencia de noticias o novedades. Ahora bien, si se continúa utilizando libremente el idioma y las traducciones, sería quizás posible utilizar el título de Remarque en su traducción libre al español para intentar decir que en muchos asuntos no hay cambios realmente novedosos. Algo así como “sin novedad en el frente”. Como no hay pretensiones de literalismo acudo a uno de tantos significados de la palabra: “Extrañeza o admiración que causa lo antes no visto ni oido”, lo cual nuestro sagrado Diccionario de la Real Academia explica también como “cosa nueva”.

En cualquier caso, después de una serie de cambios ocurridos a nivel planetario a fines de los ochenta y los noventa del pasado siglo XX, parece como que en la mayor parte de los países se han reemplazado las noticias de la Guerra Fría con informaciones que son necesarias y significativas, pero que también pueden ser identificadas con situaciones del pasado que se repiten y se repiten y se repiten. Es decir, que no dejan de ser noticias importantes y hasta trascendentales, pero que no representan mucha “novedad”. Ya no tenemos a los comunistas de la COMINTERN o del COMECON, pero tenemos a otra gente y en caso contrario magnificamos una situación y la declaramos sensacional y hasta novedosa. Ni siquiera el narcotráfico es algo novedoso es nuestra región o en el mundo.

A principios del siglo XXI se intensificó una vez más el enfrentamiento entre el islamismo radical y los valores tradicionales de Occidente. Por lo menos expresarlo así pudiera ser más elegante que utilizar palabras más duras para referime a algo que tampoco es nuevo pues tiene largas raíces en la historia. Se pierde en la noche de los tiempos. A partir del sensacionalismo noticioso que prevalece en muchos lugares, entre ellos Estados Unidos, se olvidaron los acontecimientos de épocas recientes y lejanas para crear con gran éxito un nuevo ambiente en las constantes noticias sobre el Medio y Cercano Oriente, algo que algunos casi presentaron como novedoso, el milenario conflicto entre ciertos países, etnias y religiones. Noticia sí, novedad NO.

Pues bien, en Estados Unidos se repite esa reacción ante una medida importante en la cual cualquier error puede afectar el nivel de vida del ciudadano promedio. Aquí costó trabajo establecer el Sistema de Rentas Internas, el Seguro Social, el “Medicare”y otros cambios considerados dramáticos en el pasado siglo. Ese fue también el caso de la legislación de Derechos Civiles. Cada una de esas cuestiones hicieron que muchos se rasgaran públicamente las vestimentas y hasta amenazaran lanzarse de un octavo piso. Curiosamente, a pesar de olímpicos errores en la implementación del llamado “Obamacare” y de promesas presidenciales no necesariamente cumplidas en relación a detalles de los seguros de salud, todo eso será considerado historia antigua dentro de unos pocos años, como sucedió con otras legislaciones polémicas.

Continuando con Norteamérica, la xenofobia antiinmigratoria de hoy es la repetición del “nativismo” del siglo XIX. Los problemas con inmigración no son nuevos en República Dominicana, Estados Unidos y otras geografías. Lo que me molesta es que en el extranjero se escriba sobre el tema domínico haitiano con un desconocimiento espantoso de la historia y con una mala voluntad hacia las dificultades inmigratorias por las que ha pasado un país con limitaciones geográficas y económicas como Quisqueya. Las deportaciones de indocumentados en Estados Unidos han alcanzado niveles olímpicos o astronómicos, escoja usted la palabra.

El Congreso estadounidense, integrado por una heteróclita amalgama de abogados y empresarios que incluye desde figuras notables hasta elementos folclóricos, tiene ante si una situación en la que se puede contentar a la gente en una región del país para disgustar a un sector igualmente numeroso en otra. Pero no hay nada novedoso. Al menos en un sentido puede acudirse a aquelo de “sin novedad en el frente”. Nada realmente nuevo en el tema de los seguros y tampoco en el inmigratorio. Mucho menos en el de los errores de los gobernantes y los tribunales, que lo mismo se equivocan con detalles significativos de los seguros médicos que cometen un disparate al declarar innecesariamente la guerra a un país situado en los antípodas, situación que cuesta la vida a cientos de miles de seres humanos nada interesados en la geopolítica o en empresas petroleras.

Dando un salto al vacío y abandonando lo de la novedad o la ausencia de la misma, puede cambiarse el tono y recordar aquello de que “la historia no se repite, pero la condición humana es la misma”.

Noticias relacionadas

Por

Noticias relacionadas

Comentarios
Seguir leyendo

Lo más leído

Más noticias

Síguenos en nuestras redes