Esto creo, esto pienso

Sin los grandes hoteles y la inversión extranjera, ya no tuviésemos playas

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

La verdad no es menos verdad

porque sea deprimente. Ignorarla

porque no nos agrade, es

Actitud de necios.

M.Berman.-

Podría llegar a pensarse dentro de tantos ejes de desarrollo y seguridad con los cuales nos han invadido los teóricos políticos y funcionarios, que el caos es algo intrínseco en el ser humano, aunque realmente la cosa no es así si observamos la naturaleza y el comportamiento de los animales -por ejemplo-, los leones cuando crean el caos dentro de la manada que persiguen con el fin de desorientarlos y hacerse con la presa más débil, y hasta en el mar, cuando las ballenas y los tiburones provocan el desorden en los cardúmenes de sardinas y otras especies de peces, todo para aprovechar la desorientación y engullirlos. O como hacen los políticos para vivir de nosotros.

Es decir, que el caos es un eterno acompañante en el desenvolvimiento de la vida, que siempre está presente y en algún momento detona donde en ocasiones la cosa no sale como el provocador pensó que pasaría y se confunde el ganador y perdedor, porque al final, todos pierden. Donde era ya no es pero, continúa siendo. Confusiones y temores, dentro de tantas teorías e irresponsabilidades es lo que nos hacen sentir. Que el turismo es la chimenea, pero dejan de venir los turistas y dicen que eso no afecta a nuestra siempre creciente economía, ¿entonces, es o no es?

No son los accidentes mortales la causa principal del porqué la baja en la llegada del turismo, más bien, es la ineptitud de las autoridades políticas la razón principal. La irresponsabilidad para ejecutar las políticas correctivas que incentiven tanto a los de fuera como los nativos para hacer turismo, se vanaglorian de la cantidad de turistas extranjeros que llegan por nuestros aeropuertos; se pavonean frente a las cámaras inaugurando nuevos hoteles –comenzando por el Presidente- pero ocultan aviesamente que en esa actividad no han puesto un solo centavo ni ningún sacrificio o aporte porque todo lo han hecho entidades y personas que nada tienen que ver con los gobiernos.

Algunos turistas vienen al país y se van encantados porque nos visitaron y claro que estuvieron pero, ¿Dónde? Aterrizaron en un aeropuerto y fueron trasladados a lugares casi paradisiacos, alejados de la realidad que los rodea y hasta llegan a confundir Punta Cana y Playa Dorada como Republica Dominicana. Ilusos ellos. Se van sin conocer los arrabales haitianos en Bávaro; sin percatarse de la belleza de Los Patos en Paraíso, y la haitianización del mismo; sin conocer la arrabalización de las playas de Cabarete y Sosúa, algo muy parecido a visitar La Ciénega o el barrio San Antonio, en los Mina, -sin prejuicio alguno-, aunque estos son mejores, ya que se pueden visitar de gratis.

Es lo mismo que acontece en la otrora bella y hermosa playa de Las Terrenas,         víctima de la indolencia de un director de Turismo prepotente e ineficiente que al parecer, solo le interesa lo que pasa en el interior de los grandes hoteles. La marea, ante la inexistencia de algo o alguien que se interese por la playa está haciendo estragos en la misma pero siquiera el Síndico ve esto, donde prácticamente ya está afectando la carretera sin que nadie le ponga frenos y eso, sin hablar de la arrabaliación de todo su entorno y del mismo pueblo. La oscuridad por falta de iluminación en la calle que bordea la referida ex bella playa, aterroriza, y las aguas negras que desembocan en ella por diferentes cañadas, constituye un crimen, con todo y que el primer mandatario estuvo participando en el exterior en una actividad dizque para defender el medio ambiente y claro está, que al parecer solo si se da una visita sorpresa se podrá arreglar esa desgracia producto de la irresponsabilidad política. J…er ¡Sí señor!

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