Eso de ser pobre se está llevando mucho no sólo en este país, sino a nivel internacional, especialmente en grandes zonas de América Latina y en la inmensa mayoría de Äfrica. Parece estar en boga eso de figurar entre los menos pudientes del planeta, haciendo congresos, simposios, publicando sesudos estudios, poniendo en marcha planes de erradicación, y mostrando a la postre datos tan escuálidos y faltos de carnes como esas modelos que caminan por las pasarelas con cara de pocos amigos, y siempre con prisa exhibiendo vestidos tan originales como estrafalarios. Y parece también que este fenómeno se está dando con gran énfasis por estos patios. Al menos eso parece deducirse de los datos que nos ofrece la Oficina Nacional de Estadística, entidad que nos merece todo el respeto. Según el estudio de esa institución, el 66 % de los hogares dominicanos son pobres.
Es decir que en buen lenguaje de los barrios populares, la mayoría está pasando el Niágara…pero sin bicicleta pues ha tenido que venderla empeñarla para no morir en la crisis. Una gran cantidad de trabajadores aún ganan menos de 10.000 vergonzosos pesos al mes o lo que es lo mismo 200 euros europeos, o 250 dólares gringos, y otra buena proporción de nuestra población percibe 15.000 pesos.
Sin ánimo de producir ardor o urticaria financiera por odiosa comparación, en la Grecia actual de los grandes problemas económicos y a la que ha tenido que ir de rescate en rescate por la poderosa Comunidad Europea, el salario mínimo está en 790 euros, cuatro veces el nuestro. Pero, claro, allá es allá, la tierra del inolvidable Zorba, de Kazanzakis, y acá es acá, el terruño del siempre presente Juan Pueblo.
Pero sigamos con la moda y su exhibición. Un 21% de nuestra población está posicionada en la llamada clase media – media local que siempre está a un paso de caer al abismo- la cual aún tiene la bicicleta para hacer mil piruetas y cruzar como pueda ese proceloso río, y un 13% de afortunados ciudadanos lo atraviesa por puentes más seguros, y no en biciclo sino en buenos carros o yipetas de le lujo. O sea, que ser arrancado es lo que predomina por estos sitios, pues la mayor parte de la población luce esa condición y para que algo sea aceptado como moda tiene que ser adoptada por muchos seguidores.
Pero una cosa que aún no acabamos de entender. Los señores economistas, dicen que el PBI crece de manera sostenida entre un 5% y un 7% anual, una cifra bastante considerable, inclusive a nivel de países muy ricos, o sea que en cinco años creceríamos entre un 25 % y un 35 %, por lo que los pobres, con una distribución de la riqueza más o menos justa, deberían reducirse en una considerable proporción, es decir para el 2015 quedarían sobre un 30 % ó 40% de abnegados ¨ niagaristas ¨.
Les apostamos peso a moriqueta a que eso no sucede, como no ha venido sucediendo en muchos años, cualesquiera que hayan sido los gobiernos, ni cualesquiera que hayan sido medidas para combatirla, si es que las ha habido de manera real y no sólo en teoría. En ese sentido o nos quedamos igual o retrocedemos con cada vaivén que da la economía o con cada pésimo gobierno. Bueno, a lo que íbamos, no tener un chele está de moda, aunque esto no nuevo por aquí, ya llevamos siglos arrastrándola y lo único que ha cambiado es la forma de mostrarla. Pero el vestido raído y agujereado es el mismo.