“Seria para mí un auténtico despropósito el asentamiento de haitianos en tierras dominicanas.  Un desconocimiento, una negación, y una ofensa a la memoria de tantos dominicanos que todo lo sacrificaron por la Patria; la Patria de Duarte, Sanchez y Mella. Porque la Patria se respeta, se defiende y punto”Joaquín Balaguer

Otra amenaza que como pueblo tenemos es la del país vecino, desde mucho antes del nacimiento de la República.

La relación entre la República Dominicana y Haití ha pasado por diferentes etapas, muchas de las cuales han sido de grandes fricciones. Nuestros problemas históricos se inician con Toussaint Louverture y sus sueños de unificación de la isla, tal y como se consignó en las primeras leyes constitucionales de Haití sobre la indivisibilidad de la isla y luego sobre la indivisibilidad de la República de Haití considerando su territorio como la isla de Santo Domingo o más bien la insularidad.

Desde 1801 tanto Louverture como luego Dessalines cometieron una serie de actos de barbarie contra los dominicanos. En 1805 al forzarse una retirada del ejército haitiano hacia la parte occidental de la isla, Dessalines asesinó a más de 400 dominicanos que se habían refugiado en las iglesias, tanto en Moca como en Santiago.  Más tarde en 1822, Boyer, considerado un político con más condiciones como estadista que sus predecesores, incluyendo a Petion, decidió entrar a Santo Domingo supuestamente como Pacificador.  Su verdadero plan era la del dominio absoluto de Haití sobre la parte Este de la isla, y lo hicieron por unos largos 22 años, bajo un régimen militar muy duro e implacable, con todo lo que representa el dominio de un grupo sobre otro.  Nuevamente, la desconfianza y el temor de los dominicanos sobre ellos aumentaban.     

Los dominicanos acusaban al gobierno haitiano de haitianizarnos y para una gran mayoría esto significaba africanización y  realmente un descenso en el grado de civilización, mucho menor al que aspirábamos o al que ya nos habíamos acostumbrado.  Para Jean Price-Mars, los dominicanos nos enorgullecíamos de pensar que nuestras raíces eran españolas y que de ellos habíamos recibido nuestra cultura y de que también los haitianos aceptaban válidamente su identidad cultural como africana y esclava.  Price-Mars, refiriéndose a los dominicanos,  acuñó el término ‘Bovarismo Colectivo” adaptado de la novela del escritor francés Gustave Flaubert, llamada “Madame Bovary”, en la cual Emma Bovary, esposa adultera, rehuía de su condición social para vivir una imaginaria por encima de sus posibilidades reales. Pero esta especie de analogía no puede ser totalmente válida, pues si bien es cierto que nos hemos sentido más identificados con la cultura española no es menos cierto que nos hemos considerado siempre con un grado superior de civilización, sin importar el color de la piel.

La ocupación haitiana sobre el territorio de lo que sería luego, la República Dominicana, culmina cuando un grupo de hombres liderados por nuestro  ilustre Padre de la Patria,  Juan Pablo Duarte, deciden darle fin a esta ignominiosa ocupación.  Luego, con la anexión a España por Santana y su grupo, los restauradores de la independencia recibieron apoyo “espontaneo y sincero” del gobierno haitiano de Fabre Geffrard que les dio ayuda en alimentos, armas y otras provisiones.  Y se sabe que su objetivo real no era de ayuda desinteresada, sino más bien que apoyaban a los dominicanos para tratar de evitar la posible anexión a España, pues ese país podría establecer nuevamente la esclavitud en toda la isla. Por lo tanto, solo había el interés de preservar la abolición de la esclavitud consignada también en su constitución y en adición la posibilidad de ocupar, más tarde, la parte este nuevamente, para lo cual solo tendría que surgir otro ambicioso líder haitiano.  El recelo de los dominicanos era definitivamente bien fundado.

Nuestro más grande héroe restaurador, Gregorio Luperón, el George Washington dominicano, por esas cosas desconocidas que guían el destino de los hombres o quizás por una rara comprensión de lo que se conoce hoy como el determinismo, se fue formando con absoluta independencia y con una extraordinaria firmeza de carácter solo reservada por la Providencia para los grandes hombres.

Existen muchos episodios en la vida de este titán que muestran claramente su definido carácter. Uno de ellos, en 1879 siendo Luperón Presidente de la República, el Presidente Haitiano,  Louis Etienne  Salomon, dispuso un impuesto a las importaciones de algunos productos dominicanos.  Realmente era la venta de tabaco y aguardiente de productores del Cibao  a comerciantes haitianos de la parte norte. El Presidente Luperón lo considero injusto y decidió suspender las exportaciones totalmente. El malestar creado se manifestó inmediatamente, sobre todo de parte de los comerciantes haitianos que presionaron a Salomón a eliminar el impuesto.  Pero la firmeza de Luperón se hace patente de nuevo y decide mantener la prohibición y solo se levantaría cuando el gobierno haitiano cumpliera con los pagos atrasados y estipulados en el Convenio de 1874, en el cual se consignaba que Haití debía pagar al gobierno dominicano por el uso y ocupación de las tierras de San Rafael, Las Caobas e Hincha.  Esta última era donde había tenido sus propiedades la familia de Pedro y Ramón Santana.

Ciertamente, desconfiamos y le temimos a los haitianos por muchos años y todo eso estaba basado en hechos históricos.  Solo a partir del 1937 cuando la Masacre del Perejil, que fue también un acto de barbarie y crueldad cometido contra los haitianos,  que por primera vez ellos empezaron a temernos.

Es una realidad, como el Sol y la Luna, que las diferencias abismales entre ambos pueblos hacen imposible, siquiera pensar,  que algún día pueda haber una fusión política de ambos países.  Es también una verdad, que somos un pueblo pobre, pero manejamos con altivez y honor nuestros asuntos de soberanía.

“La invasión territorial haitiana es organizada y programada para reemplazar a la población dominicana. República Dominicana no tiene la capacidad para asimilarlos a todos. El resultado será un conflicto racial sin precedentes cuando los dominicanos vean su realidad”. Marine Le Pen- Presidente del Partido Nacionalista Francés

Para muchos resulta bochornoso como el gobierno dominicano maneja la relación diplomática con nuestro país vecino.  Recordamos con vergüenza como el gobierno, a su más alto nivel, accedió a una invitación en Barahona para una reunión precipitada y sin una agenda debidamente concertada, con un Presidente Haitiano que dio innumerables muestras de un agudo desorden de personalidad.  Si esta reunión finalmente resultó en una burla, no fue solo hacia nuestro Presidente y los funcionarios que lo acompañaban, sino a todo el pueblo dominicano. Recomendamos a Su Excelencia, el Presidente de la República, no exponerse nunca más en manejos imprudentes y presurosos en cuestiones diplomáticas sobre todo con los haitianos y que adopte la firmeza de Luperón cuando haya de tratar con ellos. El país entero se los agradecerá.

¡Buena suerte!