Por segundo domingo consecutivo, los obreros extranjeros de la construcción y los dueños del colegio que los contrata, han respetado el mandatorio asueto semanal que se merecen ellos y los moradores de su entorno. Estos agradecen el gesto,esperan que las remodelaciones estén a tiempo para el inicio del año escolary que permitan, como se espera, mayor fluidez en la entrada y salida de los niños. La educación privada es una actividad empresarial que, por su naturaleza, cuenta entre los vecinos donde operan con un grado mayor de tolerancia que la dispensada por éstos a otros negocios. Sus dueños, en consecuencia, tienen la responsabilidad de conservarlos como aliados para enfrentar juntos,y en acciones efectivas,amenazas comunes. Ejemplo: la paulatina conversión de la calle en un atajo para las indomables, hasta un día, voladoras del transporte público.
El Pizza Hut de la Tiradentes también reaccionó de manera positiva a la queja sobre la ocupación de la acera de los peatones por sus motores delivery.Lamento haberla escrito sin notificar previamente a la gerencia del restaurantey ver su respuesta a la situación. De esa manera fue que abordé el problema con el colegio, más que por grados diferentes de tolerancia entre pizzeros y profesores, por mis convicciones sobre cómo los administradores se comportan cuando compiten en mercados donde quien compra tiene un amplio abanico de ofertas.Ellos saben que la supervivencia en ese ambienteno es del más fuerte, como muchos creen por la propaganda socialista o intervencionista. Quien triunfa en competencia es el que mejor se adapte a complacer las preferencias tan dispares de los consumidores. Como la medalla de oro hay que ganársela todos los días en el plebiscito de las cajas registradoras, el servicio al cliente tiene una importancia segunda de nadie. De ahí que sea normal encontrar a los gerentes alertas sobre la calidad del servicio y atentos a corregir eventos que afecten la imagen de la empresa.
Los motoristas de servicio a domicilio de Pizza Hut son más visibles para el público en general que los empleados que trabajan dentro del restaurante. Tienen así una cuota másalta de responsabilidad en mantener los valores de una marca que compite con otras de similar presencia mundial. La empresa por eso les exige inhibirse del placer de hacer pirueta en una rueda u otras filigranas cargadas de adrenalina por calles y avenidas, aguantar el calor que implica llevar los cascos protectores, el suplicio de peinarse cuando se los quitan para hacer la entrega y, para colmo, prestar juramento de dar las gracias en buen tono, acompañada de amplia sonrisa, a quien de propina le da dos pesos. Lamentablemente, a esas calamidades que les impone el oficio, tendrán ahora que añadir estacionar de manera civilizada en el área reservada para esos fines y dejar libre para el peatón el área que usufructuaban, ajenos a las molestias que provocaban a los vecinos y al riesgo de una demanda en responsabilidad civil, contra su empleador,en caso de accidentes.
Para prevenir un buen número de situaciones similares a las descritas y establecer mecanismos eficientes de solución de conflictos, nada mejor que permitir que cada comunidad opere con sus propias reglas siguiendo, por ejemplo, el modelo que ya relaté sobre Villas Claudia. En juntas de vecinos trabajando por el bien de su pedazo de isla está el futuro de la convivencia en armonía, resultado que no lograran abultadas burocracias municipales o autoridades de naturaleza represiva.