Desarrollo e institucionalidad

Se logran cambios haciendo cosas diferentes

Por el claro contubernio y participación delictivos de muchos agentes y cúpula del orden, debe pensarse en una especie de tabula rasa. Sí, partir desde cero.

Por Carlos Salcedo Camacho

El de la seguridad ciudadana es uno de los problemas que mayores preocupaciones genera en la población. Tanto que los diferentes gobiernos han anunciado e implementado limitadas reformas, programas y modelos de gestión en la Policía Nacional (P. N.); pero con pobres resultados.

Desde la campaña electoral, el actual presidente de la República le ha dado tanta importancia al tema que buscó asesores de la talla de Rudy Giuliani, a quien le encargó un plan de seguridad. Ya en el gobierno, en diferentes oportunidades ha mostrado su empeño y ha dado a conocer programas modelos y dotado de más recursos a la P. N.

Apenas el pasado domingo, el presidente Abinader cambió al director y al subdirector de la P. N.; ordenó la conformación de una comisión especializada para formular recomendaciones para la reestructuración financiera y administrativa del presupuesto destinado a la P. N.; expresó que promulgará el reglamento de aplicación de la Ley Orgánica de la Policía; dijo que se reestructurará el Instituto Nacional de Formación de la P. N., indicando que la capacitación de los agentes del orden será impartida a través de los centros regionales de la UASD e hizo énfasis en el uso de la tecnología para tener un mayor control y monitoreo de la actividad policial.

Son elementos necesarios; pero no suficientes para el cambio. La P. N. es un monstruo de mil cabezas. La hidra de las innumerables caras que representa la corrupción, la incapacidad, el atraso y la indiferencia en su seno quieren ser enfrentados. Pero, sin un cambio cultural, estructural y del personal los esfuerzos serán en vano.

Creo en el buen deseo del presidente. Sin embargo, por su naturaleza y la razón primigenia de su existencia y por el claro contubernio y participación delictivos de muchos agentes y cúpula del orden, debe pensarse en una especie de tabula rasa. Sí, partir desde cero y conformar un nuevo sistema de seguridad ciudadana que implique incluso la posible modificación de la estructura nacional por una estructura local.

Los cambios deberán ser profundos y radicales, en el personal, lo normativo, lo cultural, lo político y lo operativo. De lo contrario, la hilada del uso desproporcionado de la fuerza, de corrupción y mañas seguirá campante

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