Tiempos inciertos

Salud planetaria y resiliencia a nivel comunitario

La importancia del medio ambiente natural para apoyar la salud y el bienestar humanos es evidente: cuando el medio ambiente está degradado, no puede proporcionar servicios ecosistémicos.

Por Magdalena Rathe

El pasado 25 de noviembre tuve el honor de presentar una ponencia en el sexto Congreso Mundial de Investigación sobre Sistemas de Salud, con el nombre “Re-imaginando los sistemas de salud para lograr mejores resultados y justicia social”. Estos congresos suelen reunir más de 2,000 investigadores e implementadores de políticas provenientes de más de 100 países alrededor del mundo. Debido a la pandemia que estamos experimentando, en esta ocasión se hizo en tres etapas, la primera y segunda en noviembre y diciembre por la vía virtual y la tercera presencial en Dubai, en el mes de marzo del año próximo, si la situación epidemiológica lo permite – orientado fundamentalmente a personas en posiciones públicas que pueden incidir en las decisiones de política.

El tema de nuestra presentación se vincula estrechamente con la pandemia, con el nombre de “Salud planetaria y resiliencia a nivel comunitario”, realizada por Laura Rathe, Carol Franco y quien suscribe. La investigación tiene los siguientes objetivos:

  • Evaluar la vulnerabilidad socio-ecológica de dos distritos municipales de la República Dominicana.
  • Construir un Índice de Resiliencia sobre Salud Planetaria basado en su exposición, sensibilidad y capacidad adaptativa.
  • Identificar puntos de apalancamiento para la construcción de sistemas de salud resilientes a nivel comunitario.

La República Dominicana es uno de los países más vulnerables del mundo al cambio climático, dado que se trata de una media isla en la misma ruta, no sólo del sol, como dijo el poeta, sino también de los huracanes. Sus características biofísicas y socioeconómicas interactúan para aumentar las condiciones de vulnerabilidad y riesgo ante eventos extremos, como son las tormentas y la sequía. El crecimiento de la población, especialmente cerca de la costa, la urbanización descontrolada y la pobreza han obligado a grandes grupos de población a vivir en áreas propensas a desastres.

Todavía está fresca en la memoria la experiencia de los huracanes Irma y María que impactaron en 2017, dejando comunidades inundadas, casas destruidas y pérdidas materiales y humanas aún no cuantificadas. Los impactos en la salud incluyeron aumento de la leptospirosis, enfermedades diarreicas agudas, brotes epidémicos de dengue, chikungunya, zika y mayaro. El país también experimenta períodos de sequía frecuentes que se espera que aumenten debido al cambio climático, con proyecciones de duplicación del índice de calor y disminución de la disponibilidad de agua.

El trabajo realizado nos permite avanzar en el conocimiento de las relaciones complejas que interactúan entre los componentes de los sistemas socio-ecológicos a nivel comunitario, centrándonos en los impactos humanos en los sistemas naturales que aumentan la vulnerabilidad y afectan la calidad de vida. De esta manera, es posible demostrar cómo la comprensión de estas conexiones puede conducir a mejores intervenciones de políticas que promuevan la resiliencia y la sostenibilidad desde una perspectiva preventiva.

Las comunidades de la costa de la República Dominicana suelen ser muy vulnerables a las tormentas, existe una fuerte erosión costera, aumento del nivel del mar, marejadas ciclónicas que impactan los hogares y otras infraestructuras y ecosistemas. Los cascos urbanos de las zonas estudiadas son muy sensibles a los impactos de las inundaciones, dada su baja ubicación costera y la proximidad a los ríos. Los factores de estrés no climáticos, como la degradación ambiental y la contaminación por residuos sólidos y aguas residuales, impactan el río y los arrastran al mar.

Estudiamos las interacciones y dinámicas sistémico-complejas entre una multiplicidad de factores que participan en las cadenas de impacto, pudiendo identificar los puntos de apalancamiento más importantes, es decir, los puntos específicos donde una intervención, aun siendo pequeña, puede tener efectos de gran magnitud en el sistema como un todo. Los nodos más importantes que vinculan toda la cadena de impactos son el agua y el entorno urbano. La pobreza, la degradación ambiental y la vulnerabilidad a los desastres hidrometeorológicos están interrelacionados y se retroalimentan entre sí, lo que agrava la vulnerabilidad de los hogares. Es posible intervenir en esos puntos de apalancamiento clave para revertir el círculo vicioso.

Es hora ya de que nos demos cuenta de que existe una alta interdependencia entre la salud y los recursos naturales a nivel comunitario. La destrucción del hábitat y el cambio climático son motores de la disminución de la calidad del medio ambiente que facilita la aparición y propagación de nuevas enfermedades como COVID19. Los componentes que más interactúan son el agua y el medio ambiente urbano, porque tienen interacciones directas e indirectas sobre la resiliencia, la salud, el capital humano, la protección social y los mecanismos de gobernanza.

La importancia del medio ambiente natural para apoyar la salud y el bienestar humanos es evidente: cuando el medio ambiente está degradado, no puede proporcionar servicios ecosistémicos. La restauración de los ecosistemas costeros ayuda a regular la hidrodinámica y el microclima, brindando así protección contra eventos hidrometeorológicos extremos y peligros relacionados con la dinámica costera del mar.

Aumentar la resiliencia a los impactos de las crisis climáticas en el bienestar humano y construir un sistema de salud resiliente requiere de una mejor comprensión de las conexiones entre los sistemas naturales y sanitarios, así como de los beneficios para la salud humana que se derivan de la conservación de los sistemas naturales. El conocimiento de estas conexiones puede conducir a una mejora en el desarrollo de políticas que tiendan hacia la resiliencia y la sostenibilidad desde una perspectiva preventiva.

Este año 2020 hemos vivido un período excepcionalmente activo en términos de tormentas tropicales, las que, por suerte, no han impactado gravemente al país. Y todavía estamos viviendo la epidemia del coronavirus – cuyo surgimiento es el resultado, justamente, de las interacciones humanas con el ambiente y de nuestra invasión en los ecosistemas salvajes.

Demos el lugar que corresponde a la salud planetaria en la agenda para el desarrollo de la República Dominicana. Eso implica entender que invertir en salud no significa solamente fortalecer la provisión de servicios para atender las enfermedades. Significa también comprender las interrelaciones con numerosas áreas sociales, como están consignadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Y significa asignar los recursos necesarios para fortalecer el sistema de salud y aumentar su resiliencia, otorgando la prioridad necesaria al liderazgo y gobernanza del sistema, así como a las funciones esenciales de salud pública, una de las cuales es la preparación ante emergencias y desastres.

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