Con un crecimiento económico sostenido por espacio de veinte (20) años aproximadamente, con una estabilidad macroeconómica innegable, con el aumento constante del envío de remesas, tanto en efectivo, como aquellas que representan los tanques y cajas que constantemente envían los dominicanos del exterior, y que aún no se computan como remesas, a pesar de serlo.

 

Con un crecimiento continuo del turismo, hasta poco antes del Coronavirus, y las crisis provocadas por las muertes de varios turistas en hoteles dominicanos, lo cual fue poco a poco superado. Con el crecimiento de las exportaciones y en definitiva, con el pronóstico favorable constante de los indicadores económicos, al final, no avanzamos integralmente como sociedad, porque esa riqueza no llega a pueblo.

 

No avanzamos a pesar del cambio, y a pesar de que constantemente se dice y afirma que sí. La razón es obvia. No hay interés en el real crecimiento y desarrollo del pueblo dominicano.

 

El botón de la muestra más fehaciente y evidente, fue la lamentable muerte de un joven adolescente en una cañada que atraviesa el populoso sector de Los Guaricanos, la cual estaba atestada de plástico, bolsas, platos, desechables de todo tipo,  como si de un vertedero inmundo se tratara. Hubo que llevar retroexcavadoras, tractores, y personal adicional para sanear momentáneamente el infausto curso de agua, y permitir recuperar luego de dias de búsqueda, el despojo mortal del pobre jovencito. No puedo imaginar tragedia más innecesaria y evitable.

 

Es esto posible. Es muestra esto del cambio, el cual, está encaramado en la inversión en publicidad más absurda, grosera e insólita de la historia de la República Dominicana. No sería mejor invertir todo este dinero que se bota y derrocha en publicidad, y que esta inversión se dirija real y efectivamente, en la recogida de los deshechos sólidos y la reutilización y reciclaje de todos estos plásticos que dañan el medio ambiente y la naturaleza. De un real manejo científico de la basura.

 

Ahora que el cambio se propone y enseña desde la atalaya presidencial como justo y concreto, cumplido y actual, por qué no se acaba de eliminar el jodido barrilito, cofrecito y todas las iniquidades que esto representa, por qué, no se rescinden contratos onerosos y daciones en pago inexplicables como otorgadas a la familia Vicini en San Souci, por qué, no se modifica la ley que regula la seguridad social, y vuelve a los bancos dueños y señores de los fondos que en propiedad pertenecen a los dominicanos.

 

Por ello no avanzamos como sociedad, no tenemos políticos que realmente se duelan del pueblo, y que se comprometan con un cambio integral, real, y sostenido. Aun hoy la deuda social dominicana, es de las más grandes del mundo. Por un lado vemos el polígono central lleno de torres y restaurantes de lujo, que producen envidia en países mucho más desarrollados que nosotros, y por otro lado vemos personas que, cuando se nubla deben salir de sus casas por temor a inundaciones y desastres conectados a las lluvias.

 

Lamentablemente, la mona aunque se vista de seda, mona se queda, y el derrotero fatal de endeudamiento y vedetismo que estamos viendo en este gobierno, según mi humilde criterio, no nos llevará a nada bueno.

 

Sacúdase, presidente, tiene una oportunidad de oro de realizar el real cambio que necesita la sociedad dominicana, de invertir donde realmente debe invertir, en el pueblo, en infraestructura, no en aceras ni contenes, ni en afirmar que está cambiando por radio, televisión y redes sociales.  Aproveche el impulso que el pueblo le dio para realmente cambiar, no para designar a las cabezas visibles de los movimientos sociales para silenciarlos.

 

Deseo de corazón que tragedia como la de los Guaricanos, donde un joven prometedor murió ahogado en medio de plásticos y escombros evitables, no vuelva a pasar. Eso sería una nueva vergüenza y aunque no lo parezca todos somos responsables, pero usted más, porque nos dirige.