Recientemente, la FIFA anunció con bombos y platillos que había llegado a un acuerdo de cooperación mutua con la Interpol para perseguir los arreglos de partidos propiciados por las apuestas. Se decía que más de 200 partidos habían sido "arreglados" en el último año a cambio de pago del bajo mundo de las apuestas.

El acuerdo FIFA-INTERPOL busca tiene como objetivo luchar contra los arreglos de partidos y las mafias de apuestas ilegales.

Este acuerdo daba un impulso al actual presidente del organismo rector del fútbol mundial, el suizo Joseph Blatter, con miras a las elecciones que serán celebradas 1° de junio próximo.

Pero mientras la FIFA busca parar esta corrupción propiciadas por las apuestas, y apenas a unas tres semanas de las citadas elecciones, donde Blatter tiene como adversario al catarí Mohamed Bin Hammam, se destapa un escándalo mayúsculo en el seno del mismo Comité Ejecutivo de la FIFA. El pasado martes el ex-presidente de la Federación de Fútbol de Inglaterra, y quien presidía la propuesta de candidatura de ese país para el Mundial de 2018, David Triesman, acusó a cuatro miembros del ejecutivo de haberle solicitado "favores" a cambio de apoyar la candidatura inglesa.

Específicamente, Triesman acusó a Jack Warner (presidente CONCACAF), Nicolás Leoz (presidente CONMEBOL), Ricardo Teixeira (presidente de Federación de Brasil) y Worawi Makudi (presidente Federación de Tailandia). El inglés detalló los lugares donde se reunió con estos dirigentes, quienes le solicitaron un soborno para apoyarlo.

Pero la cosa no termina ahí. También el parlamento inglés reveló que, citando el periódico británico Sunday Times, Issa Hayatou (presidente de la Confederación Africana) y el marfileño Jacques Anouma, fueron acusados de aceptar sobornos de 1.5 millones de dólares para votar a Qatar, que obtuvo la sede del Mundial 2022.

Como era de esperar, todos estos dirigentes han negado las acusaciones.

Debemos recordar que el año pasado la FIFA suspendió al nigeriano Amos Adamu y al tahitiano Reynald Temarii tras un informe del  mismo Sunday Times que citó a estos entre los dirigentes que habían ofrecido vender sus votos.

Para el Mundial de 2006, donde Sudáfrica era un serio aspirante, se denunció que por la asamblea anduvo "el hombre del maletín", y Alemania se quedó con la sede. Se afirma, que luego de esto, Blatter hizo un serio compromiso de que Sudáfrica fuera la próxima sede, y lo logró.

Es que las acusaciones de corrupción se han sucedido en el pasado en la FIFA. Incluso, el mismo Blatter, fue también acusado en alguna ocasión.

Otros, como Jack Warner (quien nos toca muy directo a nosotros porque pertenecemos a la CONCACAF) también había sido denunciado por venta irregular de taquillas a los mundiales, y por unos asuntos en las construcciones de estadios en Trinidad-Tobago.

Hay que recordar que en el 2002, Michel Zen-Ruffinen, quien era el Secretario General de la FIFA, afirmó que el triunfo de Blatter en la elección presidencial de 1998 estuvo basado en sobornos y corrupción. A esto, Blatter respondió que lo acusaría legalmente, pero no cumplió su amenaza.

Ante el revuelo que ha causado en el mundo del fútbol las acusaciones de los ingleses, Blatter ha querido quedarse al margen alegando que no es él quien elige a los miembros del Ejecutivo de la FIFA.

La FIFA ha pedido pruebas y todo parece indicar que los ingleses quieren llegar hasta las últimas consecuencias. Asegura que presentarán todas las pruebas posibles para demostrar la corrupción imperante en la asignación de las sedes de los Mundiales a Rusia (2018) y Quatar (2022).

Dentro del rosario de corrupción en la FIFA hay otras cuentas.

Al seno de ese organismo han llegado acusaciones de dirigentes de todo el mundo por mal manejo de los fondos que asigna ese organismo a sus afiliados; de manipulaciones con las entradas a los partidos mundialistas que les son asignados; y antojadizas designaciones arbitrales, favoreciendo ampliamente a determinados países.

Pero generalmente las acusaciones son desestimadas, y en ocasiones, dirigentes de federaciones son destituidos en sus respectivos países, pero luego son designados por la FIFA como oficiales (o funcionarios) en sus mismas regiones. O sea, que supervisan a los que los sacaron.

En esta ocasión las acusaciones llegan en un momento crucial por las elecciones. Pero creemos que la reelección está asegurada desde hace mucho.

¿Cómo?

Cada vez se asignan más fondos a las federaciones miembros, las cuales utilizan esos mismos fondos en acciones similares.

Así es el rosario de corrupción que se denuncia en la FIFA.

Dentro de un mes, todo este vendaval habrá pasado.

Y todo seguirá igual.