Duendes del periodismo

De Rondón al debate de la izquierda

Por Roberto Valenzuela

Lo digo de corazón. Del señor Francisco Álvarez (Frantuchy) no podré decir nada malo,  él y su honrada familia siempre han estado al servicio de las mejores causas. Pero lo “acuso” de lo que dice el refrán: “no hay más ciego que aquel que no quiere ver”. Destaca los errores, jamás los logros de nuestra izquierda.

Alcanzo a ver a la izquierda latinoamericana  más humana que la derecha  inmersa en la política de acumulación y consumo.

En una polémica pública con el presidente venezolano Nicolás Maduro, el arrogante cantante  Rubén Blades tuvo que admitir que bajo los gobiernos de izquierda, se crean más oportunidades para el sector popular. Explicó que por regla general, los gobiernos de derecha se preocupan más por sus intereses particulares que por los del pueblo al que alegadamente representan.

El “crecimiento económico” de la derecha se traduce en que el rico, cada vez más rico; y el pobre, cada vez más pobre.

Veo al expresidente uruguayo Pepe Mujica (un guerrillero como Fidel y el Che) como un modelo para el mundo. Nunca otros gobernantes se preocuparon por los descamisados como Salvador Allende, en Chile y Jacobo Arbenz, en Guatemala. 

En Venezuela, prefiero a los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro,  en vez de las políticas rapaces de los Adecos y Copeyanos de antaño. A pesar de los errores y de la conspiración constante, la gente de los cerros recibe mejor servicio de salud y educación.  

Como pasa en “RD”, en Ecuador la salud era un negocio vulgar. Antes de que triunfara la revolución ciudadana de Alianza País, las clínicas privadas dejaban morir a los pacientes que llegaban de emergencia y no tenían dinero. Con el presidente Rafael Correa se acabó el relajo: mejoró todos los servicios, ya no “rebotan” un paciente que llegue de emergencia a un centro de salud público o privado. 

En una de sus charlas, el expresidente Leonel Fernández explica que hace alrededor de 50 años, Bolivia estaba tan sumido en el atraso que los dueños de fincas las vendían con todo y sus indios trabajadores. El presidente Evo Morales dignificó ese pueblo.

Fallas ocurren en los distintos procesos revolucionarios que llevan a cabo hombres, no son dioses. Ejemplos: Joseph Stalin de la Unión Soviética y Mao Zedong de China. Luego se cosechan los beneficios a favor del ciudadano común. La prosperidad de estos países fue obvia, antes de sus revoluciones eran como pobres aldeas medievales en ruinas.

Son tangibles los logros de la revolución cubana en educación, salud, deportes. Antes de 1959, con el dictador Fulgencio Batista, Cuba era burdeles, gánster,  casinos: la llamaban “Las Vegas del Caribe”. Tenía una corrupción al estilo a la que teníamos –tenemos–  aquí.

En Brasil, la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) admitió el éxito del programa ‘Hambre Cero’, del presidente Lula da Silva, sacando a millones y millones de la pobreza.   

La injerencia

Me ha resultado curioso, pero provechoso,  que estemos discutiendo sobre fracasos y triunfos de la izquierda, cuando el diálogo se inició por mi inconformidad de que desde el país se haya aplaudido que al empresario Ángel Rondón se le retire el visado.

Planteé que quiero justicia en este y todos los casos de corrupción, pero no se puede acomodar una decisión judicial para favorecer a Estados Unidos, en el fondo el plan es sacar a Odebrecht de la región, ya que había desplazado  a empresas norteamericanas. Dije que el enfado es con Rondón y todo el que Estados Unidos entiende que  tuvo que ver con los negocios y primacía de Odebrecht en la región. 

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