¿Ronaldinho paraguayo? ¿Ronaldinho preso? ¿Ronaldinho peligroso? Los amantes del futbol no se explican cómo el ídolo acabó en prisión y sobre todo; por qué habría usado documentos falsos para viajar al Paraguay. En efecto, cuando el oficial de migración que revisó sus papeles en el aeropuerto (luego de pedirle el autógrafo y la selfi de ley) se dio cuenta que la estrella del Barça se llamaba Ramiro Morales Pérez y que había nacido en la ciudad de Asunción, la cosa se puso fea. El señor oficial quiso jugar al árbitro saca-tarjeta-roja llamando a los guardianes del orden, para que lo escoltaran a… ya sabemos donde. ¿Es en serio? No hay derecho, por favor …

Dijo un poeta que abril es el mes más cruel. El futbolista brasileño podría confirmarlo pues lo empezó tras las rejas; eso sí, su sonrisa abultada no lo ha abandonado ni un instante. Fue una estadía corta: un mes más tarde ya estaría afuera. El juicio ahora lo sigue en modo «arresto domiciliario» porque sus abogados ya pagaron una fianzota de casi 2 millones de dólares.

Esto pasó a principios de marzo. Dinho había sido invitado al país guaraní a presentar un libro, inaugurar un casino y realizar actividades caritativas (la nota no aclara si los actos de caridad se efectuarían apostando grandes cantidades en la ruleta…a favor de la infancia). Al parecer, la empresaria que lo contrató dio los pasaportes apócrifos –a él y a su hermano–  y al ver todo el relajo, tuvo la brillante idea de desaparecer. Hay recompensa por la prófuga, insiste la policía.

Con cuarenta años a cuestas, está alejado de las canchas desde 2018 y ahora le manda balones a la nostalgia. Los medios señalan que tanto desfiguro se debe a la mala influencia (y pésima asesoría)   del hermano mayor, quien es su «representante». Mencionan por ejemplo, de cuando lo registró para un partido conservador (político, no futbolero). Después, le dijeron a Dinho, a quien sólo le interesan las leyes del fuera de lugar, que apoyara al entonces candidato Jair Bolsonaro; el gemelo de Trump en el cono sur. El lo niega sin ganas, aunque el año pasado el presidente lo haya nombrado Embajador del Turismo de Brasil o algo por el estilo…

Sólo quisiera rememorar (con la ayuda de youtube) dos pinceladas del artista, ambas con la casaca blaugrana: su primer gol y los aplausos en la casa del Madrid, aunque si repasamos su palmarés nos aburriríamos de tanta copa: que si campeón del mundo con Brasil; vencedor de la Champions League, la Libertadores de América; el Balón de Oro; Mejor jugador de Europa… y de América. Sólo le faltó ganar la liga en México (disculpen el sarcasmo), adonde sorpresivamente fue a jugar con el Querétaro, aunque estuvo muy cerca, perdieron la final con Santos Laguna…Ya me distraje con sus logros.

En el verano de 2003, el jugador con sonrisa a prueba de ortodoncias, llegaba al Barcelona después de haber triunfado en el PSG y le decía a la afición (y al mundo) estoy aquí, con tremendo golazo. Seguramente nadie recuerda el marcador en ese juego, pero tampoco nadie ha olvidado al espigado de rizos bailarines que desde la media cancha empezó a borrar rivales. Cuando estuvo a dos pasos del área del Sevilla, su pierna derecha sacó un misil: pummm, todos quedaron boquiabiertos, empezando por el arquero, que quiso simular su admiración con regaños a la defensa. Los cronistas aseguran que la tribuna temblaría tanto, que las agujas del sismógrafo se agitaron como locas aquella noche de septiembre. Apenas era la fecha dos y la magia venía envuelta no en una pata, sino en unos dientes de conejo.

Los que no se guardaron las ganas de aplaudir fueron los hinchas del Madrid; cosa que no sucede  muy seguido. Dinho hizo de las suyas en el propio Estadio Bernabeu marcando dos tantos. Para el primero recibió la pelota en la banda izquierda, a la altura de la media cancha y no dejó de correr hasta que Casillas vio (no hay certeza al respecto) una centella redonda entrar junto al poste derecho.

El segundo gol fue similar, aunque para descargo de los defensas merengues, recibió el balón cerca del área y su compañero Etô le ayudaría a jalar la marca. En las gradas los aficionados prefirieron aplaudir: clap, clap, clap, gracias por la fantasía, aunque nos duela. Roberto Carlos y Ronaldo, tan sonrientes antes de iniciar el cotejo, cruzaron miradas sintiéndose en el equipo equivocado. Eran parte de los llamados Galácticos, junto a Beckham y el otro magazo del cesped: Zidane, pero el de Porto Alegre les recordó que no eran invencibles.

Ronaldinho, lo sabemos, prefería levantar la copa en los bares o festejar una noche sí y otra también. Gustaba de bailar sin la pelota, aunque siempre lanzando pases al personal femenino. Sus parrandas no fueron toleradas por Pep Guardiola, que lo relegó sin miramientos y así, acabaron por enviarlo al frío de Milán.

De vuelta al presente, el 21 de marzo apagó cuarenta velitas mientras seguía «celosamente» custodiado en la cárcel. Todos lo deseaban en su equipo, no sé si habrán jugado algo del tipo reos vs vigilantes o solteros contra casados. El caso es que, sin despeinarse, marcó media docena de goles y derrochó talento como si estuviera en el Camp Nou y no en un terreno pedregoso y cercado de alambradas. Además del pastel de chocolate, lo agasajaron con un lechoncito de 15 kilos. Feliz cumpleaños Monsieur Dinho.

En fin, pese a que sus abogados hayan dicho que es un tonto por haber usado un pasaporte apócrifo, no tardarán en liberarlo definitivamente. En menos de lo que esperamos, Ronaldhino se sacará una foto con el juez intercambiando abrazos y camisetas. Sin embargo, hagámosle caso a Jorge Valdano: ¡Ya déjenlo en paz! Que al ídolo se le respeta, aunque a veces resbale.