La derrota de Creso por Ciro la describió  Herodoto en “Nueve Libros de la Historia” y  Jenofonte en “Ciropedia”. Creso, iluso, atacó a Persia malinterpretando el oráculo que indicó que si atravesaba el río Hialys, límite de Lidia, un imperio sería destruido, sin percatarse de que destruiría su propio imperio.

Al ser capturado Creso, Herodoto reseñó: “Ciro, luego que se le presentaron hizo levantar una grande pira… ya fuese con ánimo de sacrificarlo a algunos de los dioses como primicias de su botín, ya para concluir algún voto ofrecido, o quizá habiendo oído decir que Creso era muy religioso, quería probar si alguna deidad le libertaba de ser quemado vivo”. “De Creso cuentan que, viéndose sobre la pira, todo el horror de la situación no pudo impedir que viniese a la memoria el dicho de Solón… de que nadie de los mortales en vida era feliz”. Creso “exclamó por tres veces: << ¡Oh Solón!>>”. “Oyéndolo el rey de Persia, mandó a los intérpretes le preguntasen quién era aquel a quien invocaba”. Creso expresó que era alguien “que yo deseare tratasen todos los soberanos de la tierra, más bien que poseer inmensos tesoros”. Como no entendían eso lo obligaron a que explicara que era Solón que, contemplando la opulencia de Creso le dijo cosas que interesaban a todo el género humano, “muy particularmente a aquellos que se consideran felices”.

Cuando las llamas llegaban a las extremidades Ciro “al punto mudó de resolución, reflexionando ser hombre mortal, y no deber por lo mismo entregar a las llamas a otro hombre, poco antes igual suyo en grandeza y prosperidad. Temió también la venganza divina y la facilidad con que las cosas humanas se mudan y trastornan”. Así mandó “apagar el fuego y bajar a Creso de la hoguera… pero todo en vano… pues… no podían vencer la furia de las llamas”.Entonces Creso… invocó en alta voz al dios Apolo, pidiéndole que”… “le socorriese en aquel apuro”. “Hizo llorando esta súplica” y una “lluvia copiosísima”… “dejó apagada la hoguera”. Ciro preguntó por qué Creso lo había atacado, respondiéndole así: “De todo tiene la culpa el dios de los griegos que me alucinó con esperanzas halagüeñas; porque, ¿quién hay tan necio que prefiera sin motivo la guerra a las dulzuras de la paz?” Ciro, misericordioso,sentó a Creso a su lado y lo nombró  su consejero.

Creso envió emisarios nuevamente al oráculo de Delfos y allí expresaron: “..no tiene Creso razón de quejarse. Apolo lo predijo que si hacía la guerra a los persas, arruinaría un gran imperio; y cualquiera en su caso hubiera vuelto a preguntar de cuál de los dos imperios se trataba, si del suyo o del de Ciro. Si no comprendió la respuesta, si no quiso consultar segunda vez échese la culpa a sí mismo.”

Pretendiendo vanamente prolongar su desgastado régimen, Danilo pudiera confundirse con falsos augurios y malinterpretar predicciones de que en la lucha interna del PLD un liderazgo será aplastado, descartando que el derrotado pudiera ser él, pudiendo ocurrirle a Danilo lo mismo que a Creso y su destruido  imperio. En su tragedia, Creso, fue afortunado al ser derrotado por Ciro, monarca paradigmático como tolerante,  que lo salvó de arder en la  hoguera y, sin ser vengativo, prodigó honores a Creso y sus familiares. Danilo, si fuere derrotado internamente buscando repetir su reelección sobreviviría políticamente si Leonel, vencedor, lo tratara con la magnanimidad que Ciro le dispensó a Creso, en forma opuesta a como  aparentemente Danilo, victorioso, trató a Leonel desde que se juramentó, enrostrándole que generó un bochornoso déficit fiscal y que firmó un   “inaceptable” acuerdo con Barrick. Hubo otras graves acusaciones contra Leonel  que no mencionamos por no tener pruebas acerca de quiénes fueron sus instigadores. En su momento Danilo,  precandidato derrotado, se sintió injustamente maltratado y se quejó diciendo: “Me venció el Estado”. 

Planteamientos sobre lucha de caudillos perderían vigencia si Danilo domina sus ambiciones y decide no pretender imponer su nueva reelección. Tampoco tendrían validez si Leonel, atemorizado ante una nueva embestida reeleccionista inconstitucional, repitiera su comportamiento del 2016 y, afectado del Síndrome de Estocolmo, saliera a promover, militantemente, la reelección de su subyugador, Danilo, también  en el 2020. En “Diplomacy” Kissinger escribió: “… a veces hay que darle su oportunidad a la guerra”. Faltan dos días para Danilo cumplir su promesa de pronunciarse sobre su reelección.