“La caja tiene una onda RETRO con el cacique indio y su peinado distinto en su logo rojo, amarillo y azul.”

La voz retro por sí sola para los ecuatorianos es “marcha atrás” en un automóvil. De eso se entera uno al recurrir al DRAE para despejar dudas. Más importante que lo anterior es que retro es un elemento compositivo. En estas funciones significa “hacia atrás”.

Un elemento es una parte de un todo lingüístico que puede separarse o concebirse como separada de él mediante análisis. Esto es, toda noción que por definición o enumeración entra en la constitución de un todo.

En las palabras retroactivo y retroceder, que son los ejemplos que provee el DRAE para ilustrar la función de retro como elemento compositivo, se pueden descomponer esos dos vocablos y encontrar los dos elementos que forman cada uno de estos vocablos.

El elemento compositivo retro es un componente no independiente que interviene en la formación de palabras que como se nota en los ejemplos de la RAE se antepone al otro elemento. Como parte de una palabra lo que hace es que ayuda a formarla.

Una vez terminadas las explicaciones anteriores puede volverse la mirada al vocablo del título utilizado de modo independiente. Como lo que significa es “hacia atrás” se hace de difícil comprensión aunque se le considere en un ámbito delimitado como sucede en la oración citada.

Si se escarba en el diccionario de la lengua inglesa se puede encontrar la explicación al uso que se hace de retro- aquí. En esa lengua retro es elemento compositivo con el mismo valor que en español.

Lo más importante en esa lengua es que desde el año 1974 retro se ha tomado del francés rétrospectif para aludir a “relacionado con, que revive, o que forma parte del estilo”, y especialmente “de las modas del pasado”; con una característica de elegancia nostálgica.

Una vez que se lee lo concerniente al inglés se despejan las incógnitas con respecto al intento que hizo el redactor para expresarse en español. La caja a la que se refiere el periodista tiene un diseño basado en la elegancia del pasado.

Ya se comprobó que no había necesidad de buscar en playas extranjeras los términos para expresar que algo está creado teniendo en cuenta la elegancia nostálgica, siguiendo patrones del pasado.

ONDA

“La caja tiene una ONDA retro con el cacique indio y su peinado distinto en su logo rojo, amarillo y azul.”

No hay onda que valga en el DRAE para conferirle sentido a la oración reproducida más arriba. Naturalmente el diccionario de la digna corporación de Madrid trae lo que es español de la península y además el de América que ya trascendió el océano y que por su carácter general se impone a las autoridades.

Para conseguir interpretar el sentido de la oración estudiada aquí hay que recurrir al Diccionario de americanismos (DAA) de la Asociación de Academias. En ese diccionario hay muchas ondas, tantas que podrían marear a cualquiera que no tenga la cabeza bien puesta.

La primera onda inventariada en ese diccionario es la que le otorga significación a lo copiado. Esa acepción se conoce en seis países de nuestra América y la utilizan en su mayoría los jóvenes: “manera, gusto, estilo de una persona”. Se la escucha en los medios populares y cultos como expresión espontánea.

Si uno se detiene y elimina la parte “de una persona” de las acepciones copiadas, se puede exclamar que ya se enteró de lo que quiso dar a entender el redactor de la oración. Se aprovecha la ocasión que presenta esta sección para traer algunos usos del vocablo del epígrafe en el República Dominicana. Algunos de ellos se recuerdan, otros son reveladores.

Los dominicanos participan en el inventario de utilizaciones de “onda” tres de las locuciones. “Buena onda” que referido a persona es simpática, agradable, generosa. “Mala onda” que como es de esperarse corresponde a la persona malvada, cruel, insensible. La última es la segunda (mala onda) referida a un hecho o situación, “que se juzga desfavorable”.

No hay que sorprenderse de que en las redacciones de documentos que se destinan al gran público se cuelen algunos usos que son propios de algunos países. Esa es la marca indeleble que lleva la persona como consecuencia de su educación. La selección de términos y la composición del mensaje forman parte de los rasgos distintivos de la personalidad del individuo. No hay mal en expresarse de un modo que comunique un estilo personal. El problema estriba en hacerlo de modo que no lo entienda el público en general.

CESE – CESACIÓN

“. . .hecho que recién lanzó a las calles a más de mil personas exigiendo el CESE de esta violencia…”

Lo que acontece en esta oración copiada más arriba es una historia vieja que se repite. Es la confusión entre dos palabras similares que no comparten todas sus funciones. Sobre todo no comparten en su totalidad el campo semántico. Como se resaltará más abajo una es más amplia en su campo semántico y la otra tiene un sentido más restringido.

El vocablo que aparece en el texto citado es cese. De acuerdo con lo aceptado por la costumbre de la lengua consignada en los diccionarios autorizados y los de uso, cese es algo que tiene relación directa con “empleo o cargo”.

Es la acción de cesar en el empleo o cargo o es la nota o documento en el que se consigna el cese de esa función. Existe además una locución verbal: “dar el cese” para significar destituir de su empleo o cargo a una persona.

Como puede comprobarse de la lectura de lo antes expuesto no hay nada en el concepto del cese que tenga que ver con la acción de suspender o acabar una actividad o acción.

La cesación es la acción y efecto de cesar que es suspender o dejar de hacer lo que se está haciendo. Es un concepto de tipo general que engloba el que se explicó antes, es decir, el cese que es exclusivo -el último- para las funciones, empleos o puestos.

Hay que tener en cuenta que el verbo cesar tampoco es transitivo, uso que según parece es más frecuente en Hispanoamérica. En los casos en que el redactor tenga necesidad de expresar una acción que requiera de un verbo transitivo para expresar a lo que se refiere el cese debe utilizar otros verbos, como por ejemplo, “destituir, deponer”. Si la idea que se quiere transmitir es más suave puede recurrirse al verbo “relevar”.

Otra vez hay que señalar la importancia de emplear las palabras que mejor describen la acción a que se refiere lo escrito y la responsabilidad que tienen las personas que escriben para ilustrar a los lectores de acontecimientos. No basta con describir los hechos para que se entiendan, sino que existe la obligación de hacerlo del modo más preciso y exacto posible.

ARQUITECTURA

“De lo que se trata, dice el comunicado oficial, es de construir una nueva ARQUITECTURA financiera propia que le permita a la región blindarse de la crisis económica que sacude a Estados Unidos y Europa.”

Hace ya largos años que se está utilizando la palabra del título para referirse a algo más que al arte de proyectar y construir edificios. Se le ha dado al concepto de arquitectura lo que en estos comentarios se llama “estirón” para que alcance a designar algo más que el campo restringido de su alcance normal.

A pesar de los años transcurridos durante los cuales se ha utilizado la palabra del epígrafe con propósitos ajenos a los que les son propios, los diccionarios de uso no han modificado la noción que tienen de la arquitectura. Todo el contenido de la palabra se centra alrededor de los edificios. No obstante eso recientemente se añadió una acepción relacionada con la informática.

El Diccionario de neologismos de la lengua española de la editorial Larousse, 1998, asienta para la palabra en estudio lo siguiente: “Sistema de organización de alguna cosa o actividad”. Ya en ese año ese diccionario traía una acepción detallada de lo que entendía para la arquitectura de computadoras, que una vez resumida fue incorporada por las autoridades al diccionario de la lengua común.

Como es fácil deducir de la lectura del sentido de la acepción del diccionario de neologismos, en el pasaje citado el vocablo en cuestión se toma como equivalente de sistema de organización. En su expresión mínima es igual que “ordenamiento, organización, disposición, arreglo, sistematización, combinación, estructura”.

Cualquiera de las palabras recién censadas puede llenar el cometido que se le ha asignado a la “arquitectura” del texto. Claro, los vocablos que se han enumerado más arriba quizás resultan muy pedestres para los redactores de algunos documentos que precisan de términos sonoros, rimbombantes, que atraigan la atención del lector o que simulen un tipo de lengua especializada. Algunos de los rasgos más plausibles y que merecen reconocimiento en la redacción moderna son la sencillez y precisión. Con estas cualidades los escritores alcanzan a ser comprendidos por todo el universo de hablantes de la lengua corriente.

GENTE

“Sin embargo, me parece que los vínculos del gobierno de Venezuela con Irán y con Cuba no han beneficiado los intereses de Venezuela ni de su GENTE”, aseguró Obama. . .”

Como saben todos los cristianos bien informados, Obama no habla español; por lo tanto se encuentra el lector ante una traducción en la cual se usa el vocablo “gente” de modo que escuece la epidermis del español.

Con tristeza hay que admitir que los traductores son responsable de introducir en la lengua española muchas de las palabras que no deben figurar en los sitios que se les asignan. Esta del título es una de ellas.

Cada vez que un dichoso traductor -casi siempre improvisado- encuentra en inglés la voz people lo primero que le viene a la mente y lo que hace para desembarazarse de su trabajo es espetar el vocablo gente y se da por satisfecho.

No para mientes este desaprensivo que en cada caso existe una palabra que se ajusta mejor al entorno. En el caso de la cita es casi seguro que una mejor selección sería escribir “pueblo”.

No en este caso, pero sí en otros debe evitarse el uso de gente y dar preferencia a “personas” para traducir el people del inglés. Otra selección plausible en algunos casos es traducirlo con el uso de “ciudadanos”. Existen casos en los cuales lo propio es echar mano de “habitantes”.

No vale la pena extenderse en este tema porque es obvio que la práctica viciosa de repetir siempre la misma palabra del español es una impertinencia.