Este es un combo de nuevos reportes sobre los bancos múltiples y la extraña solicitud de un lector para que informe, por esta vía, sobre las recientes complicaciones de dominicanos con residencia permanente que pasan mucho tiempo sin viajar a Estados Unidos.

He estado publicando en www.scribd.com/JoseAlfredoGuerreroB reportes bancarios que hago en una base de datos en Access, con los datos oficiales publicados por la Superintendencia de Bancos.  Los archivos de Excel que descargo de la página Web de esa entidad, los codificó y preparo en archivos planos para llevar al Access, donde creo formularios y reportes que permiten consultar de manera más eficiente la información. De manera más sintética o resumida, en los cuadros por cartera por tipos de préstamos, sector económico y clasificación de riesgo se ven los datos históricos por bancos, su comparación con el sistema en montos, tasas o monedas y la importancia de un renglón en su propio balance.  Hice nuevos reportes con los componentes para calcular el índice de solvencia y hasta una versión, tipo directorio, de los miembros de los consejos de directores, accionistas y funcionarios por institución.Los he compartido donde laboro y con otros colegas del sector que le han encontrado valor agregado a esa información pública.

Con el seudónimo Publius, cuyo origen se explica en la misiva, doy paso con punto y coma a esta interesante carta que me remiten sobre aspectos de políticas migratorias:

“En los aeropuertos de Estados Unidos, los oficiales de inmigración están tal cual me cuentan lo cuenta Yadira Morel: nada fácil para quien entra, luego de una estadía prolongada, con tarjeta de residente permanente.   Pertenezco a un buen número de dominicanos con ese documento, el más importante y valioso para garantizar el estatus de “tener un pie aquí y otro allá”, ahora sin hora fija para dejar la terminal y encontrarse con parientes y amigos que les esperan.

La famosa “Green Card”, que dejó de ser verde un tiempo y viene biométrica con seguridad de vanguardia, es imprescindible para ingresar de manera formal a la fuerza de trabajo en esa nación.  De hecho, precisamente se solicita con esa finalidad y se debe entender que, como en el anuncio de la Master, “para todo los demás existe”…la visa. El consulado americano las expide para viajes por turismo, negocios, salud o estudios a quienes considera aplican con pruebas de arraigo local relacionadas con probabilidad alta de retorno.  En la evaluación de éstas, sin embargo, es  importante la íntima convicción del cónsul.  La indiscutible validez de un título de propiedad inmobiliaria, no le impide percibir que se está “buscando visa para un sueño”; o en un historial de ahorro modesto y regular, inferir a una “Elena” con decisión ya tomada de emigrar en avión o furgón. Aunque con Juan Luis cante “¡Que rabia me da!”,  así son sus  reglas que, a propósito, no son muy diferentes de las que nuestro gobierno aplica y debe provocar, en kompa, alguna expresión de similar reproche en creole.

Nada de residente a tres cuarto o término medio; una de dos, como en el embarazo, se está o no se está viviendo en Estados Unidos.  Ese  pronóstico de hace unos años, parece que llegó.

Como no vivimos todavía en el paraíso libertario de fronteras abiertas y 0% de presión tributaria, donde los flujos migratorios se van a regular privadamente, nos toca por ahora entender las normas, cómo se está exigiendo cumplirlas y responder siempre con la verdad, en oraciones breves y precisas, cada pregunta que le haga cónsul u oficial que lo entreviste.   Tengo residencia desde el año 1996, en ese momento con esposa y dos hijos ciudadanos, y confieso que jamás me ha pasado por la mente auxiliarme de mentiritas blancas o piadosas.  Hasta el 2001, viajaba con bastante frecuencia y siempre contestaba con la fecha precisa o los meses exactos transcurridos desde mi última visita. Esos años de aplicación laxa y tolerancia empezaron a cambiar después del ataque a las Torres Gemelas, al intensificarse desde entonces la llamada “Guerra al Terrorismo”.

Con el mayor escrutinio de las autoridades sobre los visitantes, residentes y hasta sus propios  ciudadanos, más razón para apegarse a revelar la verdad sobre el cuándo, cuánto y dónde del vaivén al extranjero.   Así lo hice en el 2004, cuando por primera vez me llevaron al famoso “cuartico”.  Casado por segunda vez, de nuevo con una ciudadana americana, viajé con ella a visitar sus familiares en New Jersey.  Llevaba casi dos años sin pisar territorio americano y, a la pregunta obligada qué tiempo tenía fuera del país, contesté con un sincero “hace bastante rato” que sabía los llevaría a indagar más al respecto. En la entrevista posterior, expuse las razones de la ausencia prolongada, la situación de mis hijos ciudadanos que residían en Santo Domingo, las perspectivas de poder viajar con más frecuencia y probables planes para establecerme aquí en el futuro.

Me explicaron que estaba en falta, que ausencias tan largas se interpretan como desinterés por el estatus de residente y justifican la confiscación o retiro del documento. Agregaron que las autoridades deben ser, con anticipación, informadas de situaciones que se entienda obliguen al residente a permanecer un tiempo prolongado fuera del territorio. En los casos que se ve mérito en las razones, es posible extender un permiso para ausencias que se alejan del patrón normal entre quienes aplicaron para, de forma permanente, trabajar y residir en los Estados Unidos.  Decidieron darme una oportunidad, a la vez que me recomendaron conocer más o buscar asesoría sobre las leyes migratorias y sus normas de aplicación, para así evitar situaciones similares en el futuro.  Agradecido recibí de vuelta mis documentos y el consejo me llevó a conocer al “Señor Israel”, como mi esposa se refiere con admiración y cariño a uno de los más serviciales, capaces  y eficientes asesores con que cuentan los hispanos en New Jersey.

Con precisión, amabilidad y cortesía de la genuina, Don Israel Delmonte tiene el don de hacer múltiples tareas de manera simultánea. Mientras notariza el permiso de salida a un menor y asesora a una viuda sobre deducciones de impuestos, considera que en mi caso es factible conseguir el permiso de estadía prolongada por dos años.   Pero me advierte que en el futuro se perderá la similitud con las preferencias en la carne al carbón, para parecerse más a la gestación.  Nada de residente a tres cuarto o término medio; una de dos, como en el embarazo, se está o no se está viviendo en Estados Unidos.  Ese  pronóstico de hace unos años, parece que llegó.  “La visita al cuartico”, me explicó Don Israel la semana pasada, “nada que ver con que el viaje fuera martes 13 o mal humor por falta de sueño después de la tormenta Sandy. Simplemente, están más estrictos en los procedimientos y cada vez será mas frecuente que induzcan a la entrega voluntaria y sustitución por una visa o, para casos como el tuyo con esposa e hijos americanos, venir el tiempo requerido para aplicar a la ciudadanía”.

He tomado el caso en serio y recomiendo que así lo haga, si éste es también su caso.  Como la doble ciudadanía nos permite ser de “la tierra de los bravos y libres” sin renegar a “la indómita y brava”, salí de “Mi Tierra Travel” con un folleto de repaso para el examen de naturalización y compré en edición económica “The Federalist Papers”. Ahora en los tapones locales me entretengo en karaoke con los discursos “Give Liberty or give death!“, “I have a dream” y “The ballot or the bullet”.  Programé el DVR para no perderme un programa de Yadira, que me dio cita dentro de dos semanas, y espero confirmación para la orientación oficial en el consulado de EUA, que prometí buscar luego del categórico consejo que me dio el oficial de inmigración que me entrevistó. En conclusión, le reitero que sea proactivo, los tiempos no están para dejarlo a la buena suerte. Atentamente, Publius.”