En la República Dominicana ha llegado a ser un factor de prestancia social el tener un título universitario. El poner ante su nombre la abreviatura de Lic o Lcda equivalente a Licenciado o Licenciado ha conducido por eso sólo a  no pocos a hacer grandes sacrificios; igual sucede con el título de Ingeniero (Ing.) o de Doctor o Doctora (Dr., Dra.).

Existen regiones y países en el mundo en los que esas titulaciones no tienen ese peso social. Por ejemplo en los Estados Unidos de cada 100 egresados de la Educación  Secundaria o Media, 50 no van tras el grado, esos siguen programas de uno o dos años mediante los cuales adquieren competencias que les permite integrarse al mundo laboral relativamente rápido o re cualificar sus competencias u obtener otro empleo si ya laboran.

En Europa sucede algo similar. Aun así las estadísticas destacan que tanto en Estados Unidos como en Europa el 70%  en las edades correspondientes alcanza el nivel universitario. Mientras que para América Latina y el Caribe el promedio es de un 29% y para la República Dominicana es de un 27%. Tanto la región como el país están por encima del promedio mundial que es del 24% y aún más distante de África Subsahariana que promedia sólo un 5%.

Pero mucho cuidado con las estadísticas. Hay que recordar que tanto en Estados Unidos como en Europa una gran proporción, de hasta un 50% de los que presentan nivel universitario tiene dos o menos años de estudios de dicho nivel. En la República Dominicana de los que se gradúan  el promedio es de 4 años o más. Pero sucede que en su gran mayoría quienes en el país egresan de las universidades no trabaja para lo que estudiaron; sólo observar los decenas de miles de graduados universitarios que sin haber estudiado educación aspiran a ser maestras o maestros.

Llama la atención en cuanto al nivel superior el hecho de que el 81% estudian las carreras de Educación, Derecho, Administración, Contabilidad, Mercadotecnia, Medicina, Informática y Psicología.

Estudiar más de 4 años para no laborar en las áreas que se estudian y aun así como prestancia social entender que ha valido la pena tener un título, representa  muy  poco como valor agregado personal  y social,  más allá de pretenderlo.

Hay en lo dicho un problema cultural que se ha enraizado bastante de “tener el título por el título”; pero la cruda realidad de la vida personal y el desarrollo nacional demandan  ya, de un cambio de paradigma. Hay  que reorientar el rumbo.