A pesar de que, el pacto fiscal debió de haberse firmado el 1 de enero del año 2015 y que los empresarios y algunos sectores de interés de la sociedad civil siguen mostrando escepticismo, preocupación y resistencia a un cambio estructural al marco fiscal, la realidad es que su aprobación no puede esperar un segundo más. Quizá, todo se ha demorado por estás dos sencillas preguntas que giran alrededor de ellos y dentro de sus cabezas: Uno, ¿por qué el Gobierno en lugar de aumentar los impuestos no reduce los niveles de la corrupción y el dispendio al erario? Y, dos, ¿a quién le gustaría pagar impuestos?

Ante este contexto de incertidumbre en que si se aprueba o no la reforma fiscal es posible que las clases sociales más afectadas siga siendo las mismas de siempre: las clases media, la baja y pobreza extrema –que todavía permanecen con las manos en la cabeza y contra la espada y la pared por la irresponsabilidad de los gobiernos que hipotecaron al país con préstamos hasta innecesarios.  Ni siquiera Trujillo tuvo el tupé de generar o imaginarse una deuda tan grotesca como la que tenemos hoy y, por defecto, ha heredado el presidente Luis Abinader.  La deuda pública representa el 70.5% del Producto Interno Bruto (PBI); eso es más de 58 mil millones de dólares.  En otras palabras, esa es una razón miserable que arropa a más de la mitad de todo lo que se produce en el país.

Por eso, para detener el flagelo que alimenta las marcadas desventajas sociales y económicas que por años permanecen clavadas en el estómago de los dominicanos que menos pueden, el camino es [dolorosamente] la aprobación de una reforma fiscal.  Porque a nadie que viva en este país hay que explicarle la realidad que vive el dominicano cada día con los costos de la canasta familiar, la tasa de desempleo, los salarios deprimidos, el sistema de salud, la educación, la seguridad ciudadana, el precio de la energía eléctrica, el déficit de vivienda, el déficit fiscal y presupuestario, (…).

Sin duda alguna estoy convencido de que si República Dominicana quiere evitar el fracaso no puede seguir la carrera de préstamos, ni el dispendio del erario, ni malversación de los fondos de las instituciones públicas, ni el desenfreno de gastos (en parrandas) o compras de autos superfluos a funcionarios, ni prevaricar con los terrenos o empresas del estado, y otros males mayúsculos que afecta el desempeño del Gobierno para resolver la deuda social acumulada en 60 años. O -indefectiblemente- a mejorar el presupuesto a importantes instituciones públicas como es el caso de la especie de la Procuraduría General de la República Dominicana de los cuales según su misión ¨asegura la persecución penal, en el ámbito de sus atribuciones, mediante la formulación e implementación de la política del Estado contra la criminalidad […]¨.

Entonces, ayudemos al Gobierno a gobernar con buen juicio y razón ya que tiene por delante grandes retos que resolver [a parte de la corrupción de los políticos] por un lado, tiene que enfrentar los enormes niveles de endeudamiento que dejaron los gobiernos del PLD. Y según lo que dice el mismo expresidente Danilo Medina, la República Dominicana no resiste cargar con un peso dominicano más a la deuda pública. Y por el otro, tiene por delante el gran desafío de conservar la clasificación de riesgo que ha mostrado la nación. Entonces en ese sentido sabemos que aprobar una reforma fiscal es como quitarse un brazo a sangre fría.  Pero aun así, sigue siendo un mal menor a tener que arrancarse un órgano vital del cuerpo como el hígado, los riñones, los pulmones, el corazón o el cerebro que ineludiblemente te dejaría sin vida.

Por lo pronto, prestémosle atención a las consideraciones que emitió en su informe la reconocida firma internacional Moodys (2021) quien valoró que la República Dominicana, en la actualidad y en medio de las devastadoras repercusiones de la crisis sanitaria por COVID-19, tiene ¨perspectivas estables apoyadas en la resiliencia económica¨.  ¨El país ha superado niveles susceptibles a estados de desastres o situaciones de vulnerabilidad. Y además, mantiene bajo control, riegos de liquidez ¨. De manera, tenemos un sólo camino positivo, confiar en la seriedad, en el rostro humano y la buena voluntad del presidente Luis Abinader.