Resulta preocupante, luego de la prolongada estabilidad macroeconómica a la que nos sometió la administración Fernández, que el nuevo gobierno tenga que enfrentar al país a la séptima reforma tributaria en los últimos nueve años. La irracionalidad fiscal con propósitos clientelares y para garantizar beneficios excesivos a la corporación política exacerbó el gasto del gobierno a niveles no registrados en la economía dominicana. El déficit fiscal acumulado del 2008-2011, bordea los RD$240,000 millones y en el 2012 se espera que sea de aproximadamente RD$100,000 millones.
Estos déficits fiscales consecutivos (y de balanza corriente) han sido financiados con deuda pública, a tal grado que el servicio de la misma, según el Ministerio de Economía, será de RD$140,000 millones en el 2013, equivalentes a US$3,578.7 millones.
Ante esta situación, los grupos de poder y la organizaciones de la sociedad civil con fuerza política heterogénea, se preparan a participar en esta nueva jornada que para unos pocos se orienta a la racionalización de las estructuras tributaria y del gasto; ambas terriblemente influenciadas por el clientelismo político. La preocupación resulta todavía mayor ya que el gobierno exhibe bajo nivel de imparcialidad, que en aras de la gobernabilidad, cede a las presiones de quienes gozan de mayor peso político. Este sin duda será el gran reto de los primeros días de gobierno a partir del próximo 16 de agosto.
La séptima reforma del partido de gobierno debería girar en torno a dos elementos: la equidad fiscal y la racionalización de la política fiscal. El primero afecta a los contribuyentes de acuerdo a su capacidad de pago y el segundo apela a que el gobierno se someta a una ley de responsabilidad fiscal que limite la enorme discrecionalidad para violar la ley anual de presupuesto, que mejore la calidad del gasto y a que el ejecutivo respete el plan pluri-anual de inversiones públicas.
En lo que respecta a la equidad se debe prestar atención a las exenciones tributarias y a quienes disfrutan de ella. Para el 2012, las exenciones fiscales fueron estimadas por el Ministerio de Hacienda (MH) por un monto de RD$118,882 millones, o sea 5% del PIB. Algunos estudios realizados sobre la estructura tributaria concluyen que la misma es regresiva, es decir que quienes ganan mucho tributan relativamente menos en relación con otros grupos que ganan poco, pero con una contribución fiscal relativamente mayor (Cury, Jenkins y Kuo, 2004; Díaz, 2008).
De las exenciones fiscales el 77.1% corresponden a impuestos indirectos, compuestos por el ITBIS, impuestos selectivos al consumo e impuestos sobre los hidrocarburos. Mientras que el 22.9% son exoneraciones impositivas directas, es decir que recaen sobre los beneficios e ingresos de las empresas y de los individuos.
El MH calculó el monto de las exenciones de los impuestos indirectos en RD$91,701.7 millones en el 2012, de los cuales el ITBIS (interno y externo) representa el 82.7% del total exento, el 3.4% y 12.6% son exenciones a los impuestos selectivos al consumo y sobre los hidrocarburos, respectivamente. De las 15 leyes que liberan de obligaciones tributarias en el ITBIS, 14 de ellas corresponden a empresas e importadores (ver informe de la Coordinación Inter-institucional Coordinada por la Dirección General de Política y Legislación Tributaria, Septiembre 2011, página 26). Con las informaciones disponibles no es posible conocer cuánto dejan de pagar las empresas y los consumidores finales. Con esto habría que tener cuidado ya que la fuerza motriz de la economía, por el lado del gasto, es el consumo que representa el 93% en promedio del PIB.
En el 2012, de los RD$74,911.3 millones de exenciones del ITBIS, el 40% corresponde a alimentos, 18% a vivienda (¿?), 13% a salud y 7.7% en servicios educativos. De estas exoneraciones se excluye de los impuestos al transporte los impuestos sobre los combustibles así como de los servicios a los seguros y servicios financieros.
Las exenciones de las obligaciones tributarias al patrimonio ascendieron a RD$15,058.4 millones en 2012, es decir 12.7% del total del gasto tributario. El impuesto sobre la renta tiene exenciones corporativas de RD$9,806.7 millones (8.2%) y los individuos por RD$2,315 millones, respectivamente. Por su parte, los impuestos selectivos al consumo tienen exenciones por un monto RD$3,161.8 millones. Las exoneración del pago de impuestos por el consumo de combustible equivale a RD$11,563.2 millones que disfrutan fundamentalmente las empresas de zonas francas (0.6%), las de generación eléctrica (63.7%), los contratistas del gobierno (2.4%), las concesiones mineras (6.6%) y el transporte público (1.2%). Finalmente, las exenciones de aranceles e ITBIS externo son de RD$6,966.3 millones equivalente a 5.8% del total exento.
Los sectores de mayor capacidad de pago, en términos generales, disfrutan de exenciones fiscales que ascienden a RD$40,140.1 millones, compuesto por las exenciones al patrimonio y sobre los combustibles. En otras palabras, que en adición a la evasión fiscal (que ha propiciado la reducción de la presión fiscal de 4% del PIB entre 2007-2011) los sectores de mayores ingresos tienen exoneración de obligaciones tributarias del orden del 33.8% del gasto tributario total en el 2012.
Ahora bien, el elemento central en esta discusión resulta ser la racionalidad de la política fiscal, que involucra los tributos y el gasto. La racionalidad en el gasto se sintetiza en que el mismo esté limitado por el nivel de los ingresos del gobierno. No obstante, habría que agregar el financiamiento a la restricción presupuestaria siempre que el gobierno tenga en cuenta la sostenibilidad del mismo. El equipo económico de la administración Fernández ha sostenido, en su empeño de ocultar sus equivocaciones, que mientras el país cumpla con el servicio de la deuda, ésta es sostenible. Claramente ha sido así, ya que cuando es necesario se acude a una nueva reforma fiscal, para que los contribuyentes paguen el exacerbado déficit fiscal, haciendo realidad los sueños presidenciales. Menos mal que el nuevo presidente se preparó para gobernar y no para ser gobernado por sus sueños.