Opinión

Reflexiones al atardecer

Por Rafael Toribio

El ser humano pasa por diferentes etapas en su vida.

Primero es la del asombro: el recién nacido pregunta con la mirada. Abre los ojos para asombrarse de lo que percibe y como no puede verbalizarlo, expresa su asombro con una inquisidora mirada.

Después viene la de los “por qué”: cuando puede hablar hace preguntas en busca de respuestas de lo que lo impacta e intriga. No entiende ni comprende y entonces pregunta. En su búsqueda de explicación, a cada respuesta le sigue otro “por qué”.

En la adolescencia, las preguntas son sustituidas por la búsqueda de la autoafirmación en forma de rebeldía, que empieza con los padres, pero que luego extiende a “los mayores”.

En la adultez, en una primera fase somos los principales protagonistas. Lo podemos hacer todo y nada ni nadie puede detenernos. Luego se empieza a poner cada cosa en su lugar y se comienza a pensar en el futuro y no solo en el presente.

Cuando envejecemos nos hacemos conscientes de que nos queda menos tiempo que el vivido y entonces buscamos respuestas a nuevos “por qué”, que tienen que ver ahora con el sentido de la vida, la propia existencia y la condición humana.

No olvidemos que cada etapa es importante en nuestro desarrollo personal y hay que vivirla plenamente.

Comenzamos haciendo preguntas y terminamos buscando respuestas.

Feliz navidad y que el nuevo año sea oportunidad, no solo de realizaciones, sino también de crecimiento personal.

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