Muchos países ejecutan medidas de política económica para recuperar el ritmo de crecimiento prevaleciente antes de la puesta en marcha de las medidas sanitarias para limitar el contagio del COVID-19. La verdad es que, luego de la globalización de procesos productivos y financieros, la recuperación es un asunto global. No es posible que una economía consiga crecer mientras la mayoría de los países se encuentran en recesión. En otras palabras, no es posible que la economía dominicana recupere sus niveles de crecimiento sin que antes lo hayan hecho las economías desarrolladas.

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó una revisión de sus proyecciones sobre el crecimiento económico mundial. En enero, esas proyecciones indicaban una contracción de 3.0% del ritmo de crecimiento del producto mundial. No obstante, ahora se espera que el ritmo de crecimiento de la economía global sea de -6.3%. Asimismo, se había previsto que la recuperación del ritmo de crecimiento fuera de 5.8% en el 2021; no obstante, la proyección revisada establece ahora que el ritmo de crecimiento será de 2.4%.

Las proyecciones de crecimiento para Estados Unidos y Europa siguen un patrón similar al de la economía mundial. La caída proyectada del ritmo de crecimiento del PIB de los Estados Unidos era 5.9% para el 2020 con una recuperación de 4.7% para el 2021. La revisión de las proyecciones para el 2020 revelan que la economía norteamericana se contraería en 7.9% para el 2020 y en 3% para el 2021. Igualmente, el FMI proyectó que la zona euro contraería su nivel de actividad a un ritmo de 7.5% en el 2020 y se recuperaría a razón de 4.7% en el 2021. Empero, la revisión de esas proyecciones indican que la zona euro tendrá una contracción de 8.8% y una recuperación de 3.3% para el 2021.   

Este comportamiento de la economía mundial y, particularmente, de las economías de Estados Unidos y Europa, guiarán la recuperación de la economía dominicana. En varias ocasiones el FMI señaló, en sus Artículos IV dedicados a la evaluación anual de la economía dominicana, que uno de los riesgos macroeconómicos de la economía dominicana proviene de la fuerte dependencia de variables externas. Estos riesgos de carácter externo se suman a los de orden interno, que se relacionan con las inconsistencias de las políticas económicas adoptadas por las administraciones peledeístas y las debilidades institucionales que padece el país.

Las remesas de los dominicanos residentes en el exterior, el turismo, las zonas francas y la inversión extranjera directa (IED) son variables que permiten cerrar la brecha de la balanza corriente de la balanza de pagos. Evitar este desequilibrio externo resulta de vital importancia por cuanto remedia los efectos negativos del estrangulamiento externo de la economía.

Las remesas dependen del nivel de empleo en los países de residencia de los trabajadores dominicanos. El desempleo en los EEUU al mes de junio del 2020 era de 11.1% cuando en julio del año pasado era tan solo del 3.7% (https://datosmacro.expansion.com/pib/usa). A pesar de este resultado, las remesas ascendieron a US$638.7 millones al mes de mayo del 2020, superior en US$96.8 millones respecto al mismo mes del 2019 ya que Estados Unidos amplió los beneficios del seguro de desempleo durante la pandemia, permitiendo que los trabajadores dominicanos continuaran enviando remesas al país. Sin embargo, el reporte preliminar del BC sobre el comportamiento de la economía dominicana indicó que en junio del 2020 las remesas ascenderían a US$737.9 millones al mes de junio del 2020, de manera que las expectativas del BC no se cumplieron en este renglón.

La continuación del envío de remesas al país desde los Estados Unidos depende actualmente de la discusión que mantiene el Congreso de los Estados Unidos respecto de la continuación de la ampliación de los beneficios del seguro de desempleo. Algunos legisladores han propuesto un recorte de hasta el 50% del monto que se les ha otorgado a los trabajadores (que incluyó a los trabajadores informales) por lo que si esto ocurriera, las remesas se reducirían, ampliando el déficit de la cuenta corriente que el FMI había estimado que se duplicaría para este año (US$4,840 millones para el 2020), excluyendo los efectos de la pandemia.

Debido al impacto inicial de las medidas sanitarias en la economía dominicana, el BC proyectó que el nivel de actividad del sector turismo se contraería a un ritmo de 6.1%, una pérdida de unos US$400 millones en el 2020 y una reducción de alrededor de 75,000 puestos de trabajo. Cabe destacar que la recuperación de este sector de la economía no solamente depende de las políticas internas, sino que también depende del crecimiento y la estabilización de las economías desarrolladas de donde provienen los turistas (fundamentalmente Estados Unidos y Europa). Asimismo, la vuelta a la normalidad necesariamente pasa por el control y eliminación del COVID-19 aquí y en el resto del mundo. Los turistas que buscan descanso y diversión no visitarán un país cuyas políticas sanitarias no han tenido éxito.

Estos son los efectos iniciales y directos de la contracción de la actividad turística en el país. A los que habría que adicionar la contracción de la demanda de bienes intermedios del turismo hacia otros sectores de la economía y, de igual manera, ocurriría con la demanda intermedia de estos sectores, cuyo efecto multiplicador tendrá efectos negativos en toda la economía, principalmente en el sector de servicios financieros y de bebidas alcohólicas.

El nivel de la actividad económica en las zonas francas (ZFs) se contrajo en 9.8% durante los primeros cinco meses de este año, según las informaciones del BC a mayo del 2020; este resultado depende básicamente de los efectos de la pandemia sobre la demanda de las empresas matrices en los países desarrollados. En el 2019, las exportaciones de las ZFs fueron de US$6,263.5 millones, mientras que las importaciones fueron de US$3,986.0 millones, lo que arroja un valor agregado de US$2,277.5 millones, lo que significaría una pérdida aproximada de US$223.2 millones considerando la contracción estimada por el BC.

La IED cayó durante el primer trimestre de este año en US$177.7 millones afectando al 81% de los sectores en los que se concentra, tales como el comercio e industria (27%), electricidad (16%), turismo (13%), inmobiliario (14%), telecomunicaciones (11%) y en menor medida en zonas francas, transporte y telecomunicaciones. La inversión extranjera más importante durante el 2019 correspondió a la empresa Barrickgold y por eso la IED alcanzó los US$3,000 millones. Para el 2020, se espera que alcance los US$1,000 millones.

La pérdida de divisas por las razones mencionadas establece que para cubrir el déficit de la balanza corriente que asciende a 5.5% del PIB (US$4,840 millones según el FMI), la economía dominicana demandará dólares para el pago de los intereses de la deuda pública que serán equivalentes a 4.4% del PIB (3,872 millones) además de las necesidades estimadas de financiamiento por el déficit del sector público (6.0% del PIB, según el FMI) para el 2020.

En este escenario, pareciera que la facilidad recién aprobada por el FMI es una de las salidas financieras para el país y el uso compulsivo del crédito internacional coloca al país a la puerta de una reforma del sistema de tributos y una revisión exhaustiva del gasto público. Esperemos que el poder económico no interfiera en la decisión sobre los tributos y sobre quien recaen. Esta es una buena oportunidad para demostrar que el gobierno recién electo es verdaderamente un gobierno para el cambio.