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Recuerdos

Por Elsa Guzmán Rincón |07-03-2020 00:04hs

La última vez que publiqué algo fue el 15 de febrero pasado, trataba sobre los recuerdos de mi hogar y las personas que nos visitaban y con el cariño que los recordaba porque aportaron mucho a mi vida.

Me gusta escribir. Desde muy joven siempre lo hago. Gocé del privilegio de que en un periódico de gran circulación nacional tomaran en cuenta mis opiniones y me publicaron por años.

Desde diciembre del 2018 como una forma de protesta, escribí algo, le pedí a mi hijo que me introdujera con Don Fausto, a quien se puede decir que en realidad no conozco personalmente, él muy consecuente hizo el favor de publicarme. Creo que en algún momento le he agradecido su gentileza. Me he sentido sumamente agradecida, porque cuando me mantengo en silencio por algún tiempo, con mucha deferencia ha tratado de contactarme por medio de mi hijo y en muchos casos, directamente me ha escrito. Para mí un gran honor. Gracias Don Fausto.

Cuando escribo algo y no lo mando a este medio es porque creo que a veces uno escribe y que el papel lo aguanta todo. Sin embargo, al encontrarme con tanta gente que me dice que siempre me lee, de nuevo me entusiasmo y busco entre mis archivos infinidad de escritos y que no me he animado a publicar.

Me gusta contar cosas, narrar hechos que he visto, compartir lo que he vivido.

En cierta ocasión llegó a mi casa como por arte de magia un funcionario de la Secretaría de Educación, hoy Ministerio. No sé cómo se enteró de que yo tenía un gran material de cuentos y poemas infantiles. Se lo mostré y quedó tan fascinado que me pidió que donara todo eso a la Secretaría, que disponíamos de muy poco material infantil. Me quedé pensativa, porque creí que pudo ofrecerme el pago por el uso del mismo o comprarme los derechos, pero no, me dijo que eso era un aporte a la Patria. Hoy me cuestiono si fui egoísta, materialista, anti patriota, en fin, que así como se lo mostré, lo guardé de nuevo. Todo eso desapareció junto con infinidad de papeles que consideré lo que podían traer eran polillas.

Hoy, gracias a la tecnología, todo se puede guardar sin estropearse y lo que está en papeles resulta tedioso el ponerse a rescatar copiando hasta cansarse, es preferible prescindir de eso.

Ahora, luego del nido vacío y dentro de mi soledad, leo todos los periódicos nacionales, los internacionales, leo uno que otro libro, escribo lo que se me viene en ganas, hago crucigramas, de esta manera mantengo la memoria activa y evito me visite ese “alemán” como comúnmente le dicen.

En estos días en que la aprobación de una ley se está discutiendo sobre la eutanasia en España, he estado un poco triste, porque quieren introducir a los pacientes de “Alzheimer” y pienso que ellos no saben quienes son los que les cuidan y les quieren, pero quienes los cuidan sí saben a quien cuidan.

Recordé una historia de un señor que iba todos los días a ver a su esposa a un sitio en donde estaba recluida y alguien le dijo que por qué iba si ella no lo reconocía, a lo que contestó, “ella no sabe quien soy yo, pero yo sí sé quien es ella”.

A propósito de este hecho escribí esto pensando en los enfermos de este terrible mal y que quiero compartir.

Hoy te vi.

Te vi en la distancia y en el tiempo,

en la brisa sutil de la mañana,

en el azul intenso de las nubes,

en el inmenso mar y en sus hermosas olas.

En el radiante sol o en la dulce llovizna que

cae lentamente.

Hoy te vi,

Aunque te vi en mis recuerdos idos

en que tal vez ni sabes que yo existo,

pero en tu corazón estoy presente.

Estoy en ese cementerio

que la vida te dio para olvidar los vivos.

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