No hace falta tener un doctorado en psicología o sociología para entender que los modelos de prevención de los feminicidios, violencia intrafamiliar y otros crímenes cometidos dentro del seno de la sociedad y la familia han fracasado y van a fracasar de seguir el mismo esquema, teniendo siempre el mismo enfoque: Recrudecer las penas.

Ni la Lex Talionis (Ley de Talión)  ni las Vendettas (Venganzas) ni las más draconianas leyes o  sanciones detendrán han tenido éxito al recrudecerse; recrudecer las consecuencias ha tenido un efecto adverso por lo que hemos podido todos observar, que este flagelo seguirá enlenteciendo a la sociedad si antes no hacemos una profunda catarsis; una profunda reflexión de la sociedad misma y su actuar que nos lleve a comprender la razón del por qué,  las sociedades más avanzadas y modernas, con las mejores economías no tienen o sufren este galopante azote de forma tan marcada, que empaña de luto y deja en la orfandad a tantos seres humanos, de manera muy especial en los países de Latinoamérica y el Caribe donde la desigualdad y la pobreza nutren a la falta de educación como uno de los principales ingredientes de este indignante y dantesco caldo de cultivo.

Los países en los cuales se presentan la gran cantidad de casos gastan cuantiosas partidas presupuestarias y dedican innumerables recursos para realizar estudios de impacto, estudios de vulnerabilidad, estadísticas, planes sociales, campañas de concientización y un largo et cetera; el resultado de hacer siempre lo mismo, será igual; el mismo triste resultado. Se han recrudecido las penas y el resultado no varía. La razón es muy sencilla: el enfoque se ha hecho hacia el individuo y no hacia la sociedad como tal. Estamos buscando la enfermedad en las sabanas. El enfoque miope de las autoridades terminará en lo mismo: Mas muertes, más huérfanos, más titulares de periódico y por ende más morbo colectivo. Pareciese que estamos viviendo en una sociedad enferma con síntomas necróticos ya que los feminicidios, infanticidios, parricidios, fratricidio y demás idios no perdonan; no se escapa por edad, sexo, color, raza ni inocencia.

No nos hemos detenido a reflexionar las causas: Casi nadie cuestiona la música que escuchan nuestros jóvenes, los estereotipos y modas que ellos hacen suyos sin saber su origen. Nadie cuestiona las canciones que inducen al afán desmedido de lucro; nos hacemos de oídos sordos con las canciones que los incitan al placer, las aberraciones y al inmediatismo como forma de enriquecimiento. Los jóvenes entienden que van a "coronar" pulsando un botón, que nada llega sin esfuerzo. La juventud dominicana está siendo bombardeada con ojivas de superficialidad, drogas, placer, sexo y alcohol. La escasa educación del hogar o la instrucción escolar básica y precaria no tiene la capacidad de proteger a nuestra juventud, quienes luego llegan a formar hogares o "mudarse" con estas concepciones distorsionadas de la mujer y la familia en sus cabezas.

En nuestro país, a pesar de que la Ley 50-88 sobre drogas y sustancias controladas en su artículo 36 lo prohíbe, casi nadie cuestiona las “narcotelenovelas” o los programas de narcos y capos en los cuales matar es una virtud de valientes y tratar a las mujeres como objetos es símbolo de virilidad. De ahí que no respeten la vida de una mujer y de ahí que no se respeten ni siquiera a si mismos. Portar un arma de fuego es un objetivo de vida, una meta a alcanzar.

Cuando vemos en los medios las muertes y los eventos en los cuales se producen estas muertes, de inmediato pensamos en que estamos antes una crisis de valores, pero la realidad es que los valores no se perdieron, los valores fueron sacados de las escuelas, fueron sacados de los medios de comunicación y abandonados en el camino hacia las redes, fueron sacados de los trabajos y de la cultura en general. La moral y la cívica son cosas del pasado en las escuelas y en algunos hogares. Era que no vendían. No eran cool. Estorbaba ser integro, era una vergüenza ser honesto y hacer las cosas bien. Era de palomos respetar el cuerpo de las damas y el pudor; eso no ‘taba de na’ como se dice en el argot y la jerga coloquial popular. Ser honesto ahora es ser palomo; el respeto es de pariguayos.

 El régimen de consecuencias para los verdugos de mujeres debe ser aún más drástico que el actual, pero sin olvidarnos antes analizar las causas. El machismo, los celos, la falta de autoestima e inseguridad del hombre, el alcoholismo, la posesividad de la mujer como un objeto para los feminicidas son apenas los síntomas terminales de la enfermedad. En la mayoría de los casos, el feminicida entiende que su conducta antisocial está justificada. Los que no se suicidad muchas veces concluyen en "ella se lo busco" como su justificación y razón para dejar a sus hijos en la orfandad y a ellos encarcelados por largo tiempo sin reparar en el destino o bienestar de estos últimos, quienes quedan con una herida abierta que nunca sanara.

Cuando despertemos de esta larga noche oscura de antivalores podremos iniciar el proceso de profilaxis social que tanto necesita nuestro país. Antes, tendremos que tocar fondo; en pocas palabras, entender como sociedad que nos alejamos mucho del camino. Debemos, volver al origen.

Me atrevería a decir sin miedo a equivocarme, y el lector podría estar de acuerdo, que si no volvemos a nuestros valores como seres humanos, si no iniciamos una profilaxis profunda de la sociedad, si no reseteamos este estado de cosas y nos enfocamos en educar a nuestro país, nuestra sociedad estaría más que condenada y nosotros seriamos más que responsables.