Todos los días hay protestas, manifestaciones de grupos populares barriales y rurales en procura de que las autoridades reconstruyan calles y carreteras en localidades de todo el país.
Hay casos emblemáticos de reclamos en el Distrito Nacional, en la región sur y el Cibao, donde la gente requiere con vehemencia vías para transitar y espacios más decentes para no andar sobre el lodo cuando hay lluvias o aspirando polvo en los días de sol.
Creo que las protestas en Santiago y en Baní (estas últimas menos difundidas en los medios nacionales) han tenido particulares características porque tienden a generalizarse.
Aunque sus auspiciadores son dirigentes comunitarios con reconocida trayectoria que cuentan con un indiscutible respaldo de todos los sectores que sienten como particular el reclamo general que hacen las comunidades al gobierno, más de un "analista" ha tratado de atribuir "propósitos políticos" opositores a estos reclamos porque apenas faltan días para las votaciones en las que se habrá de elegir al presidente de la República y al vicepresidente.
Estoy de acuerdo con que los reclamos populares tienen un "abono", un apoyo y probablemente un estímulo político opositor (un acto de responsabilidad de quienes lo hacen) pero invariablemente quienes les atribuyen un trasunto antigubernamental buscan ocultar que todas las protestan se sustentan en prioridades ineludibles del Estado que durante años, a veces cientos de años, no han sido tomadas en cuenta mientras los afectados aguantan.
Son los funcionarios de este y los otros gobiernos que hemos tenido en los últimos 15 años quienes han enseñado a la población que ellos dan respuesta con una eficiencia que sorprende a las necesidades de las zonas urbanas, suburbanas y rurales en los meses y días previos a elecciones donde se decide si ellos continúan o se van del poder.
Es previo a las elecciones que los presidentes se empeñan en inaugurar la mayor cantidad de obras construidas y en dar el primer picazo a las que van a iniciar, de la misma manera que los síndicos (alcaldes) limpian con mayor rigor o "bachean" las calles, construyen canchas o campos deportivos, iluminan sectores que por años viven en tinieblas cuando se aproximan los comicios legislativos y municipales.
En este aspecto los gobiernos y alcaldías se comportan como el estudiante malo que estudia a toda máquina durante la noche previa al examen, porque no lo hizo durante todo el año escolar. En ambos casos, los resultados son invariablemente desastrosos.
Son los gobiernos (el Central y cabildos) los que han acostumbrado a los dirigentes barriales a que la construcción de obras y la solución de problemas comunitarios, solo son posibles en tiempos de elecciones, mientras que las grandes obras donde los funcionarios o los empresarios van a ganar miles de millones, se ejecutan hasta los Viernes Santo.
El pueblo, que es lo más inteligente que puede haber como colectivo humano, aprende cogiéndole las señas a sus gobernantes y funcionarios. Ya sabe que si reclama en los días previos a las elecciones, cuando las autoridades temen un castigo político en las urnas, sus necesidades tienen una mayor posibilidad de ser atendidas.
Entonces, no entiendo por qué hay autoridades que se sorprenden o atribuyen propósitos político-electorales al fermento de reclamos que crece en días previos a las elecciones.
Como la gente sabe que si reclama en días previos a las elecciones nacionales o legislativas y municipales sus aspiraciones tienen mayor posibilidad de ser escuchadas, los grupos populares actúan con sentido común y mueven sus fuerzas en estos períodos para tratar de ver realizadas sus obras más urgentes.
Si los residentes en la zona norte de Baní no luchan ahora… ¿cuándo les van a reconstruir la carretera que va desde la autopista Sánchez hasta Valdesia que es la única vía por donde sale la mayor producción de café, aguacates y granos de la provincia Peravia?
Fue de esas lomas que salió la riqueza originaria de Baní y la que posibilitó que una pequeña aldea de ranchos se convirtiera en una urbe moderna, generadora de empleos directos e indirectos, en el campo y la ciudad, donde florecieron capitales que hoy son de gran incidencia nacional, y se costearon los estudios de miles de profesionales banilejos que se pueden encontrar por todo el país y en muchos países.
Aunque esas son verdades irrefutables, la zona norte de Baní, con un potencial inigualable para el turismo de montaña a escasos minutos del Distrito Nacional, no tiene carretera para subir desde la ciudad a Valdesia.
De lunes a lunes hay protestas en Baní reclamando asfaltado de calles y la reconstrucción de carreteras. Si no hay una respuesta proporcional a esos reclamos, como han dicho los propios participantes, muchos votos de gente humilde se quedarán en casa o se expresarán como castigo para funcionarios que prometieron esas obras, pero que faltando unos veinte días para las elecciones, aun no han cumplido.