En septiembre pasado el libro dominicano estuvo bailando su mejor fiesta en una feria que llegaba a su 6ta edición en Nueva York y en la que viví la hermosa experiencia de presentar mi libro vivencias en broma y en serio.

Al terminar de presentar mi libro fui invitado a compartir entre nostálgicos amigos que viven allá, pero con su corazón aquí. Entre risas e historias íbamos deshojando la vida, la propia y la ajena, externando nuestros pareceres y deseos por la patria dejando bien claro en los argumentos que nos importa y nos duele.

Sin recordar cómo ni por qué salió a relucir un slogan de una campaña del Ministerio de turismo colocada hace algunos años en medios televisivos de la gran manzana: “República Dominicana es inagotable”.

Se debatió en su justa dimensión dicho slogan surcando caminos y travesías del cerebro, rodando un corto metraje por nuestras mentes de las playas más hermosas que tenemos.

Lo que no pensaba es que el slogan que tan buen hilo conductor resultó ser para esparcir nuestras vanidades turísticas, resultaría la mejor iluminación para entender lo que pasa hoy con esto de la mal llamada reforma fiscal.

Tal parece que nuestros políticos y sus desgobiernos se lo han tomado muy en serio y han confundido las cosas. A parte de que el referido slogan es irreal, no es cierto que somos inagotables, parece que así lo creen e iré al grano de una vez. Actualmente el país se ve ante la difícil situación de otra reforma fiscal, práctica que se ha ido cotidianizando al concluir cada período electoral.

Según ya se estableció tenemos un déficit fiscal de unos 187,000 millones de pesos equivalente al 8% del PIB, considerado el más grande en toda la historia dominicana y un documento dado a conocer por el Consejo Económico y Social (CES) nos señala las causas de este déficit y cito textualmente algunas de ellas:

“Sobresueldos (RD$ 6, 187 millones), dietas y gastos de representación (RD$1,269 millones), gratificaciones y bonificaciones (RD$ 6,066 millones), publicidad (RD$ 2, 637 millones), combustibles (RD$ 6, 529 millones), etc.”

Todos eso gastos se convirtieron en dinero mal habido aposentado en los bolsillos lleno de gula y lujuria de funcionarios que hoy nos exhiben y restriegan en la cara sus fortunas, sus pensiones, sus cofres y barrilitos.

En cada proceso que pasa se aplica el borrón y cuenta nueva y es esta práctica la que hace inagotable nuestro país pues los que pasan por el Estado se van con la tranquilidad de saber que su dispendio será resuelto aplicando una reforma fiscal sin que ello implique consecuencia alguna.

Cada déficit supera el anterior, cada presupuesto supera el anterior, cada escándalo de corrupción supera el anterior, cada reforma fiscal busca recaudar más recursos que la anterior y así nos vamos acostumbrando a este laberinto que hace de nuestro país inagotable.

Si fuese esto un cuento de hadas terminaría diciendo “y colorín colorado…” Pero no es cuento, esta realidad no tiene ficción y lo siguió diciendo muy decente el CES:

“El gobierno debe hacer un esfuerzo sustancial para eliminar el gasto superfluo y las duplicidades institucionales, corrigiendo y atacando el desbordamiento de los últimos años de partidas de gasto dispendiosas, como son los sobre-sueldos, dietas, viáticos, gastos de representación, servicios de comunicación y publicidad gubernamental, transferencias corrientes y subsidios injustificados y excesivas inversiones en infraestructuras no prioritarias”.

Quiero recuperar dos palabras claves de este párrafo: corrigiendo y atacando, sobretodo esto último “atacando”, pero la impunidad y la corrupción, no a las víctimas de sus maquinaciones, o sea al pueblo.