La historia:

No muchos recordarán aquella noche fatídica en que se anunciara el asesinato del edil perremeísta y destacado líder de Santo Domingo Este, José Catalino Sánchez de La Cruz. Un crimen horrendo que dejó perplejos a todos aquellos que conocimos  y/o tuvimos un lazo de amistad con Catalino. Hoy, al cumplirse un año y seis meses de su muerte, aún no les ha sido posible a las autoridades (Ministerio Público) establecer con exactitud los responsables del hecho.

Al día siguiente de su muerte la Policía Especializada en la Persecución del Crimen (DICRIM), ofreció la información a los medios de comunicación, de los motivos, que según su investigación, habrían causado la muerte violenta de nuestro amigo Catalino y, cito: Los investigadores del Dicrim descartan que el crimen se trate de “sicariato”, debido a que el hombre que disparó y que tenía en su cabeza un casco protector, cuando llegó dijo que “nadie se mueva, este es un atraco”. Información ofrecida en el portal elnacional.com.do el 9/9/2016.

Dicha conclusión al parecer no satisfizo las ambiciones desmedidas de aquellos que se alimentan del mal ajeno y buscan cualquier pretexto para dañar a otros por el simple hecho de hallarlos inferiores. Y de inmediato, en componenda con personeros de dudosa reputación, se inició la cacería de brujas contra Rafael Lara,  que por aquel principio de la teoría del crimen, sería el supuesto beneficiario directo de la muerte del edil.  Acentuando con dichos actos; las debilidades estructurales por las que atraviesa nuestro sistema de justicia, en especial, el de la letrina que sirve de Palacete justiciero en la Provincia Santo Domingo.

Dos días más tarde, detienen al hermano de Rafael Lara, suplente a Regidor de Catalino, por el supuesto parecido con un retrato hablado, aportado por el único testigo que pudo interrogar la policía,  muy a pesar de que ya había destacado que el asesino llevaba un casco protector puesto y que el mismo  retrato, describía a un hombre robusto con la frente cubierta de cabello y sin tomar eso en cuenta, se detuvo, interrogó y se sometió a la justicia a Benny Lara.

Contrastando el detenido con la descripción y contradiciendo lo dicho por el propio director de entonces del DICRIM, hoy Director de la Policía Nacional general Ney Aldrín Bautista, pues apenas se les alcanzan a ver los huesos y una frente extendida a la mitad de la cabeza, por una calvicie en ascenso de más de diez años. Pero había la necesidad de fabricar un culpable que llenara los requisitos de divertimento a la población y que encajase perfectamente en el vedettismo penal al que nos tienen acostumbrados.

Creada la percepción de la culpabilidad de Benny, solo restaba el descrédito de Rafael, quien años atrás había incurrido en un ilícito, mismo por el que cumplió su pena,subterfugio utilizado por los hechores de su desgracia para endosarle el delito en cuestión; que a fuerza pruebas ignoradas por los tribunales de atención primaria y de la instrucción, demuestra que contra Rafael Lara, solo existe una saña. Y es que algunos lo ven insignificante para ocupar la curul dejada por  Catalino y prefieren hacerlo pagar por una muerte que no produjo, a que ocupe lo que Constitucional y legalmente le corresponde.

Hoy Lara lleva casi año y medio purgando una condena. Y digo condena, porque aunque se sabe que cumple una coerción, el dictamen, la medida cautelar, era de tres meses y por las argucias del actor civil en representación de los querellantes y el propio Ministerio Público, para extender un juicio de fondo que luce beneficioso para los hermanos Lara, se ha incidentado cuántas veces han podido el proceso, con lo que queda ampliamente demostrado, que no se hará justicia. Pues lo único que importa es evitar a toda costa que el procesado sea juramentado en el Consejo de Regidores del ASDE. Reafirmando nuestra convicción de que Rafael Lara es víctima de un crimen que no cometió.

Mientras, una familia se diluye entre la pena de tener al padre, esposo, hijo y hermano, cargando la culpa de un hecho ajeno y la desesperanza que causa el saberse desprotegido en este maldito sistema carroñero, que crea culpables y protege criminales abusando del poder corrompido.  He visto y soy testigo de cómo se desgastan la vida tratando de demostrar la inocencia de los hermanos Lara. He palpado y vivido sus miserias, causadas por la descomposición del sistema judicial. Verlos en los pasillos del tribunal me provoca, rabia y pena. Imágenes que llevo como un tatuaje en mi mente y como diría Judas Iscariote en su apócrifo: Lucho por no recordarlas, pero son como una llaga en la memoria”.