Punta de Lanza

“Yo quiero que el mundo cambie, pero que se quede igual”

Por Yildalina Tatem Brache

Esa parece ser la consigna, abogar por un cambio y una transformación de la sociedad; y luego resistirnos a transformar y cambiar todo lo que se requiere para lograrlo. Son muy ilustradoras, a pesar de lo básicas, las reflexiones relacionadas con las exigencias de “orden, respeto y apego a la ley”, y que luego, si por algún motivo nos involucramos en una situación “problema” no queremos someternos al tratamiento que exigimos para esos casos cuando no nos atañen.

Expresiones cotidianas como ¿Tú sabes quién soy yo? o ¿A mí es que tú me estás diciendo que yo no puedo hacer eso? subyacen permanentemente en el accionar público y privado. Hay incluso una “categoría” de personas, que no necesitan usar esas expresiones “burdas” y “sin clase”; pues han logrado “construir” y “perfeccionar” una gran mirada de desdén, y desde ahí “juegan” a empequeñecer y a dominar. Lo peor es que lo logran, y se afianzan en el absoluto convencimiento de que pueden hacer lo que se les antoje; cualquier parecido con alguien cercano, o con usted, no es pura coincidencia.

Es increíble la inmensidad de personas que en el discurso construyen un país seguro, de iguales en derecho, equitativo, respetuoso de las personas (esas que siguen siendo personas independientemente de su sexo, género, origen, nacionalidad, bienes materiales, etc.), pero que en la actuación cotidiana muestran un egoísmo espeluznante. Y, a partir de ahí, se construyen sus propios imaginarios, donde siempre se encontrará una “razón” o “justificación” para obrar de forma diferente a la que exhibe públicamente. Cuando la afectación recae sobre sí mismo-a o sobre su propio entorno, entonces si se piensa que “el fin justifica los medios” …

Esta misma lógica estamos usando con el reconocimiento y goce de los derechos por las mujeres. A propósito del 8 de marzo, es necesario recordar que a pesar de que en la legislación hay avances, en la práctica las mujeres siguen colocadas en una posición de alteridad y subordinación. Algunas situaciones que lo evidencian:

La irracionalidad política que decide “complacer a hombres de iglesia” en su demanda religiosa anti estatal de penalización de la interrupción del embarazo en todas sus circunstancias. A pesar de que, ya en el 2013, una encuesta independiente de New Link Research, estableció que el aborto por causales es aceptado por el 76% de la población. El movimiento feminista y una buena representación de la comunidad jurídica nacional han explicado hasta la saciedad, que una decisión que penalice el aborto en todas sus circunstancias no se corresponde con la realidad del derecho nacional e internacional. El Poder Legislativo, sigue jugando con la sociedad y se atreve a decir que el motivo de no aprobación del Código Penal es el aborto y que hay que dejarlo para una “legislación especial”. Lo que en la práctica significa seguir penalizándolo, porque no lo sacan del Código Penal, lo que sacan es su despenalización. A mí me parece que el motivo es otro, muy relacionado con eso de tener un discurso de reconocimiento de derechos y una actuación alejada del discurso. Esto esta tan explicado que es llover sobre mojado… Sirvan estas reiteraciones para que haya claridad de que si aprueban este Código sin la despenalización por causales, (peligro de la vida de la madre, violación o incesto, inviabilidad del feto) no hay engaño, sino que manifiestan la poca valoración y su falta de interés por la vida de las mujeres.

El Centro de Estudios de Género de Intec, a propósito de esta fecha, entregó un documento que evidencia grandes desigualdades. No hemos cumplido las leyes de cuotas para cargos legislativos, tenemos alrededor de un 28% de mujeres en la Cámara de Diputados (as) y un 12% como alcaldesas. Ni hablar del Senado, en donde de los32 puestos, tres son ocupados por mujeres y en la Junta Monetaria una de 10 integrantes.

La mortalidad materna, a pesar de que ha disminuido, sigue siendo de las más altas de la región y del mundo; las autoridades han admitido que es principalmente un problema de mala calidad de la atención hospitalaria y de la práctica de abortos clandestinos en condiciones infrahumanas, lo que significa que no se han tomado las medidas suficientes y necesarias. En general, persiste la tendencia de que los cargos directivos y de toma de decisiones siguen ocupados en mayores proporciones, abismales en la mayoría de los casos por hombres, 22 ministerios y solo cuatro Ministras, por ejemplo.

Por esto es que digo que nos estamos metiendo en el juego perverso del “yo quiero que el mundo cambie, pero que se quede igual”, pues la mayoría de las estadísticas siguen hablando de espacios de discriminación. Los hombres siguen asesinando mujeres por el hecho de ser mujeres; en República Dominicana se presenta una media de 177 víctimas por año, que cayeron a manos de sus parejas o exparejas. Un crimen ideológico que el machismo perpetra todos los días contra las mujeres, “la maté porque era mía”

Así que por favor, reflexionemos sobre esta cotidianidad naturalizada para que podamos darnos cuenta que no es que las mujeres estamos siendo “mojigatas”, que no es que estamos “exagerando”, que no es que nos “invade” el “puritanismo”, que no es que ahora queremos hacer “desaparecer” la “galantería”, que no es que queremos “dañar” el lenguaje, es que si el lenguaje es poder queremos ser nombradas. Que no es que hay que tener cuidado con las leyes que penalizan la violencia contra las mujeres, porque hay mujeres que se “aprovechan” y “acusan” por “venganza”, es que nos siguen matando. Que realmente lo que sí es, es que el machismo tiene que dejarse de mojigaterías y de armar un espectáculo por cada demanda de las mujeres, tendente a visibilizar todas las discriminaciones que no permiten que logremos verdaderamente nuestra liberación. Y haréis justicia.

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