Opinión

¿Quiénes recuerdan la mota?

Por Rafael Alvarez de los Santos

Recuerdo que en mi infancia los colmados habían fijado los sábados como el día  de premiar sus clientes con la ñapa. Desde entonces buscaba afanosamente hacer los mandados en estos días porque dicha práctica se había convertido en una cuestión cultural y me explico:

La ñapa no solo se daba en los colmados, sino que, al ir a un mandado en ese día y dependiendo del humor de tus padres, podrían recompensarte con  un centavo extra por el deber cumplido.

Se había creado una moneda llamada “mota” cuyo valor radicaba en servir de soporte al centavo para evitar las distorsiones monetarias con los precios. La mota equivaldría  a la mitad de un centavo.

Cuando acudías a algún colmado y un producto costaba un peso con algunos centavos podías pagar con una mota y quedaba resuelto. La mota era algo así como pagar el olor de la comida con el sonido del dinero. Su valor era casi imperceptible pues no era mucho lo que se podía adquirir con una mota, de hecho su valor era más representativo que real.

La mota generaba un efecto placebo pues nos dejaba el sabor agradable de no tener deuda pendiente, aunque en el fondo existiera.

Así como desapareció su valor, desapareció de la cultura, aunque sabiendo en el país que nos encontramos no dudo existan coleccionistas de monedas antiguas que conserven alguna mota.

La mota ha desaparecido y con ella su valor. Lo importante es que, con la mota, se evitaba el redondeo fatal que se observa en los comercios de hoy día especialmente en los supermercados.

La mota existió como soporte monetario para evitar eso que hoy llaman  “redondeo” que existe en los establecimientos comerciales de este país donde un producto es calculado en 9.99 pero cobran los 10 pesos. Esa práctica desleal  genera pingües beneficios de valor inestimable a nuestros comerciantes. Nos roban sin que ello implique sanción y lo peor es que la sociedad ha ido legitimando este robo pues nosotros mismos calculamos el redondeo a la hora de analizar el valor de un producto o el pago de alguna factura ya sea telefónica o de electricidad.

El redondeo es un negocio redondo en este país y como la mota no existe, el centavo a perdido el valor, el peso se ha devaluado, y no tenemos una economía lo suficientemente fuerte como para devolver entre uno y diez centavos como sucede en Estados Unidos, las empresas obtienen su mejor lucro por esta vía.

La mota no cuenta, su valor no existe, cualquiera sería capaz de reírse a carcajadas si alguien osara aparecer en un establecimiento con esta moneda porque de seguro se convierte en el hazmerreir del momento.

Lo grave de todo esto es que, así como la mota provoca risa y nadie detiene el redondeo de los establecimientos comerciales, hemos llegado a una sociedad en donde cualquiera reirá a mandíbula extendida si usted reclama diez o cincuenta centavos. Pero algo más serio sucede: Vivimos en un país donde el valor de la palabra justicia va cobrando el mismo valor que el de una mota y agréguele usted que lo mismo va costando la palabra de un político. De esto último, del valor de la palabra, hablaremos en otra entrega.

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