Para las elecciones presidenciales del 20 de mayo del 2012 se disputan dos partidos políticos que con el tiempo y el desgaste del poder se han diferenciado mucho. Por un lado, está el Partido Revolucionario Dominicano, que presenta como candidato al ex presidente Hipólito Mejía, hombre sencillo y de gran carisma, de orientación socialdemócrata. Por el otro, el Partido de Liberación Dominicana, fundado en 1973 como organización de izquierda académica, que con el poder ha girado desde 1996 hacia el centro y después hacia la derecha. Subió al poder en una alianza "patriótica" con Balaguer para detener al enorme Dr. José Francisco Peña Gómez.

El PLD ahora presenta como candidato a Danilo Medina, ex Diputado en tres ocasiones y ex Secretario de la Presidencia del presidente Leonel Fernández. El candidato es parte del Gobierno y todo su equipo de campaña, son los Ministros y Directores Generales también del Gobierno. Para el país se presenta una gran disyuntiva, si mantener más de lo mismo y los mismos actores, Ministros y clanes de funcionarios que han disfrutado el dinero del poder al máximo, o realmente realizar un cambio de Gobierno y con su nuevo equipo. Se escogerá si seguir en un fatal continuismo de un partido que controla todos los poderes del estado o si vota por el cambio con el PRD con Hipólito Mejía, para imponer la alternabilidad democrática y refrescar la cara y moral de la nación. Se debe mirar hacia el futuro, no hacia el pasado, pues mucho está en juego.

Sorprendentemente, el PLD es aliado de las fuerzas más conservadoras del país, el fragmentado Partido Reformista y la Fuerza Nacional Progresista de corte ultra nacionalista y derechista. Es una unión clientelista de repartición de cargos y contratos, que nunca dejará de asombrar. Los dos partidos, el PLD y el PRD, que han estado varias veces en el poder han sufrido desgastes y decepciones, pero son diferentes en esencia y en su sentido político. Sus candidatos ofrecen distintos visiones y posibilidades futuras. Uno es la continuación de la actual política económica, social, de exceso de control político, fracaso ante la delincuencia y el narcotráfico, y concentración de riquezas y corrupción, y el otro, por el simple hecho de la alternabilidad es un cambio necesario, con un ex presidente que ha madurado y aprendido del pasado y que ahora ofrece una oferta electoral distinta. Él y el nuevo equipo ampliado que lo rodea es el verdadero cambio.  La alternabilidad adecenta y profundiza la democracia.

Pero ahora en el 2012 el electorado tendrá que tomar una decisión, si cambiar de rumbo económico y social y renovar la democracia cambiando la naturaleza y cara del Gobierno o si elegir un candidato que se debe al mismo partido que ha gobernado tres veces, que opera como un clan de barones de la política y que se han convertido en una poderosa maquinaria económica, con su singular clientelismo político a la vieja usanza, que está muy estigmatizada por escándalos de corrupción individual y de grupos.

Cómo puede Medina representar el cambio, si es en efecto es la continuidad del mismo Gobierno, partido y los mismos funcionarios. Cómo puede ser el cambio si depende económica y políticamente del presidente Fernández y su entorno auspiciador. Cómo puede ser el cambio si  su compañera del boleto es la Primera Dama, esposa del presidente. La política económica y los proyectos y prioridades serán iguales. Nada podrá cambiar. Cómo se va a separar de los corruptos, si los corruptos lo apoyan y sustentan y forman parte de su clan. Danilo Medina puede anhelar ser el cambio, quizás le gustaría, pero será en otra coyuntura, pues ahora su candidatura y plan de Gobierno está hipotecado. Es más de lo mismo. No podrá jamás separarse de lo que es parte y de quienes lo apoyan y promueven. Medina es el continuismo de un partido y el clientelismo más tradicional, penoso y arcaico.

Hipólito si representa el cambio, primero por el simple hecho de la alternabilidad. De entrada, es un nuevo y diferente Gobierno. Habría nuevos Ministros, y nuevos actores. Nuevas fuerzas sociales y económicas emergerían. Es un cambio positivo, porque entrarán con él nuevas generaciones a formar parte del Gobierno y porque cambiarán las políticas económicas y sociales. El PRD tiene otras prioridades económicas, y en particular, en la política de bienestar y mejoramiento humano. El gasto público y las súper nóminas abultadas se reducirán, para producir ahorros y tener fondos para otorgar el 4 % a la educación, el 3 % a la salud y ampliar las obras medianas y pequeñas que beneficien a las comunidades pobres y a las zonas rurales.

De hecho, habrá un cambio de modelo económico, de darle prioridad a la producción interna, las exportaciones y el sector agropecuario, sin descuidar los sectores de servicios que solo hay que cuidar y mejorar ciertas áreas tributarias, pues caminan y crecen solos. He estudiado el Presupuesto Nacional y examinado sus distintas proyecciones de montos y partidas para los próximos cuatro años, y con modificaciones de renglones de gastos, mejoría de ingresos, ajustes y reducción del desbordado del gasto, se puede reorientar y consolidar la política fiscal. Habrá que negociar un nuevo Stand-by con el FMI y renegociar parte de los vencimientos de la deuda externa. Habrá que darle prioridad al sector privado productivo con facilidades crediticias e incentivos. Pero hay esperanzas, se puede mejorar la situación, pero con otro Gobierno, otro presidente y con otra visión. Con el mismo partido y la continuación del mismo Gobierno nada cambiaría, sería lo lógico. Nada cambiaría, porque en el fondo no lo consideran necesario.