Opino

Qué pena

Por Nelson Marte

El lunes pasado vimos en un par de diarios digitales una nota de la coalición Educación Digna cuestionando algunos de los puntos incluidos en el discurso de rendición de cuentas del presidente Danilo Medina sobre lo que él insiste en denominar “revolución educativa”.

Una “revolución educativa” cuestionada por las evaluaciones de entidades de tanta solvencia como el Foro Económico Mundial y la Unesco, que han colocado al país en la cola de América Latina y del mundo en lo relativo al desempeño en calidad de la educación.

Y que por igual ponen en entredicho destacados técnicos y especialistas dominicanos en el área educativa, quienes si bien han valorado positivamente  la construcción de aulas y la provisión de alimentos que se sirve en las escuelas, advierten que faltan inversiones suficientes en aspectos como la formación magisterial, la actualización curricular, el establecimiento de un adecuado sistema de evaluación, provisión de equipos, materiales e instalaciones indispensables  para empezar a sentar las bases de un real sistema educativo de calidad.

La visión y el discurso presidencial sobre el tema educativo necesitan contraste, matización porque, por ejemplo, cómo puede dejarse  al  Presidente hacer sonar solamente su campana de “revolución educativa”,  cuando aún la educación  inicial no llega adecuamente  a la escuela pública, pese a ser el nivel en que el ser humano aprende a aprender.

Y tomando en cuenta que, como solía subrayar Peña Gómez, es la falta de educación preescolar entre  los pobres, o de la mayoría de los pobres, el principal factor de inequidad social, y –sostienen cientistas sociales– una asimétrica exclusión que contribuye a la cadena de reproducción de pobreza en el país.

Es lamentable que  la nota de Coalición Digna no  tuviera difusión en los periódicos impresos, que aunque no son los principales medios por los que la gente se informa, sí tienen un peso fundamental en la formación de criterios y patrones de opinión, y en una más completa edificación cívica los ciudadanos.

Es en ese sentido que estimamos lamentable que los periódicos de papel no pudieran  difundir una opinión que permitiera contrastar los datos ofrecidos por el presidente Medina,  en un tema como la falta de calidad educativa que es, luego de la debilidad institucional, una de las principales causas del atraso general que acusa República Dominicana.

La debilidad  institucional tiene precisamente  en las carencias educativas uno de los vectores que aceleran la velocidad del círculo vicioso que nos mantienen en vías de subdesarrollo y no de desarrollo.

Por más crecimiento económico que podamos exhibir, sin calidad de la educación nunca tendremos desarrollo social y humano.  Pues no  podremos incorporar al pueblo a los grandes saltos que está dando la humanidad en esta llamada Era del Conocimiento.

La educación, sobre todo en esta era digital es con  toda seguridad el mejor instrumento con que podemos contar los dominicanos para dar un salto superador lo que Bosch llamó arritmia histórica.

Qué pena que nuestra gran prensa no tuviera espacio para la nota de Educación Digna

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