Moisés Naim, es un internacionalista venezolano, que escribe consuetudinariamente en El País, el diario madrileño que circula en Santo Domingo, República Dominicana, y tiene un doctorado del prestigioso MIT, de Boston, en Relaciones Internacionales. Le tomo prestado el título para cuestionar lo mismo que hace Naim: ¿dónde se perdió la ilusión reformadora de la sociedad que nos hacía entrar en la política?

Naim parte del aserto de que toda política es local: el ciudadano juzga la eficiencia de un gobierno porque el hoyo en “su” calle se bachea, la electricidad en “su” calle no se va, a costa de no tener conciencia de lo que pasa en las calles aledañas y alejadas.

Pero, lo local se ha globalizado, es el argumento de Naim. Ahora encontramos que el enfado trasciende el hoyo de la esquina, porque nos molesta la ostentación de riqueza producto de la corruptela de algún personaje famoso. Por ello se levantan las voces culpabilizando y generalizando la culpa del estado de cosas a toda la clase política.

En otros lados, se alzan las voces de la antipolítica, ese fantasma que niega toda legitimidad a la clase política, demandando una remoción de los responsables”: una ola que va por cada una de las capitales del mundo hasta recalar en el malecón de Santo Domingo. En estos lares es reflejado en movimientos espontáneos como “la multidud” o “toy jarto”.

Pero como estos tiempos de desencantos nos lleva a la reafirmación nacional y satanizar al vecino como causa de todos nuestros males, en Santo Domingo ha salido el ultranacionalismo a lo “Tea Party”, creándonos situaciones de extremismo insensato.

A la pregunta de ¿Por qué sucede ésto?, Naim señala una larga respuesta que gloso a continuación y no le quito ni le pongo una coma adicional:  ”El desempleo, la caída de los ingresos y el freno a la movilidad social de las mayorías son fuente de grandes frustraciones populares en los países más ricos. La incapacidad del Estado para satisfacer las crecientes demandas de servicios públicos agita los ánimos de las nuevas clases medias en los países emergentes. La globalización es percibida como una amenaza. La corrupción, artimañas e hipocresía de los poderosos son ahora más difíciles de ocultar gracias a las nuevas tecnologías de comunicación e información. Las injusticias y la creciente desigualdad son ahora más visibles. La competencia política no se basa en contrastar ideas sino en destruir la reputación del contrincante. La polarización del debate, la crispación y la dificultad de los líderes políticos para lograr acuerdos nutren la alienación política de la gente.”

“Gobiernos paralizados y partidos políticos estancados siguen sin dar respuestas creíbles a las nuevas demandas de unas sociedades en efervescencia, que están cambiando a una velocidad inalcanzable para quienes operan con ideas del pasado.”

El artículo de Naim se encuentra en el enlace siguiente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/11/actualidad/1413056690_149449.html.