El problema radica principalmente en la falta de madurez política en todo el movimiento revolucionario. Con toda la experiencia de lucha revolucionaria, incluyendo su teoría y práctica política, y muy a pesar de su gran aporte a las limitadas libertades democráticas alcanzadas  en nuestro país, que incluye el mayor sacrificio que se puede ofrecer por defender el honor de la Patria: el de sacrificar  la propia vida.

Sin embargo, a pesar de toda esa vasta experiencia,  los revolucionarios/as no hemos sido capaces de capitalizar al máximo esa realidad  en beneficio de la causa que adjuramos defender. ¿Por  qué? Sencillamente por falta de ¡Humildad! El ABC del principio elemental del marxismo reconoce la humildad como la primera condición de todo revolucionario/a. La falta de conciencia y de voluntad política en ese sentido, es uno de los factores para que el movimiento revolucionario en su conjunto no haya podido hacer un alto en el camino, a fin de reflexionar sobre las causas profundas del divisionismo que nos mantienen  dispersos.

Como carecemos de humildad y disponibilidad en nuestra praxis revolucionaria, no hemos podido realizar un análisis crítico y  autocrítico, con toda sinceridad, para  evaluar con objetividad los errores del pasado en aras de superarlos, de tal forma que nos permita  un presente unitario capaz de parir un futuro próspero y triunfante que nos catapulte hacia el Poder.

Si analizamos objetivamente nuestro historial de lucha, aunque nos autodenominamos revolucionarios, y en parte lo somos, en realidad, mayormente hemos  demostrado ser aspirantes  a revolucionarios. De hecho, el movimiento revolucionario es esencialmente pequeño burgués, representado por sus diferentes capas sociales. Y en principio tiene que ser así, porque es el sector de clase más consciente y con mayor  desarrollo político, capaz de comprender la imperiosa necesidad de realizar  los cambios radicales que amerita la sociedad, como ciertamente lo explica Carlos Marx.

Ese desconocimiento es otra actitud evidente que conduce a que en  el movimiento revolucionario  afloren a sus anchas todos los vicios que la pequeña burguesía, de manera intrínseca, arrastra consigo como son: la falta de humildad y solidaridad, el individualismo, el egoísmo, la prepotencia y la vanidad, la envidia y la maldad, la intriga y la calumnia, la mala fe, la avaricia, el culto a la personalidad, la adulonería, el chisme y la mezquindad, etcétera.  Todo eso en cuanto a la responsabilidad individual.

Por lo tanto, el resultado colectivo, no podía ser diferente: la improvisación, la espontaneidad, el personalismo mesiánico, el fanatismo, el sectarismo, el dogmatismo, el vanguardismo, y el izquierdismo o la enfermedad del infantilismo de izquierda, como lo describe Lenin.

Usted suma todo eso y el resultado es fácilmente predecible: una lucha fratricida ilógica y absurda, por demás,  a lo interno del movimiento revolucionario,  que lo mantiene inmerso en un divisionismo  enfermizo cada vez más disperso e incomprensible. Mientras no seamos capaces de hacer conciencia de esa realidad, con toda humildad, seguiremos dando vueltas en un CIRCULO VICIOSO PEQUEÑO BURGUES, que nos conducirá inexorablemente a un permanente callejón sin salidas, tal como nos encontramos actualmente.

Empecemos por reconocer el histórico error, en la definición del  concepto revolucionario acuñado por la izquierda tradicional. Erróneamente se ha insistido en la inexactitud de que  una persona no es  revolucionaria o  de izquierda, a menos que milite o haya pertenecido   a uno de los  partidos de los  que hoy son   definidos  como de  izquierda tradicional.

Es decir, los partidos o movimientos autodenominados marxistas-leninistas, consideraron, por décadas,  esa concepción como una condición para ser revolucionario/a, lo cual, a parte de no ser cierto,  los  ha mantenido aislados del pueblo. Es una de las razones por las que el pueblo tiende a ingresar las filas de los partidos del sistema, a sabiendas de  que los explotan y los engañan continuamente en elecciones amañadas cada cuatro años.

Es una barrera que les ha impedido penetrar en el seno del pueblo, a fin de interpretar correctamente sus necesidades y exigencias en el espacio indicado y en el momento preciso, que  permita elaborar una línea política correcta acorde con las tácticas y estrategias apropiadas para la toma del Poder. La historia es rica en ejemplos,  cada cual ajustándose a la realidad concreta y particular de cada caso. Nos referimos a las revoluciones triunfantes lideradas por Lenin, Mao, Ho Chi Ming y Fidel, en sus respectivos países.

Ninguno de esos connotados líderes mundiales dirigió las revoluciones que les tocó encabezar, enarbolando su indiscutible condición de marxistas. La razón es que supieron interpretar a  sus respectivos  pueblos, asumiendo con gallardía e inteligencia,  el liderazgo que la historia exigía  en ese momento. Su alto nivel de desarrollo político y de  conciencia de clase, les permitió aplicar sus conocimientos y convicción de marxistas como lo que el MARXISMO realmente  es: ¡UNA CIENCIA, NO UN DOGMA!

En ese sentido, toda persona que desarrolle esas condiciones políticas y de conciencia de clase, y que las asuma como práctica en su accionar político diario en defensa de los mejores intereses del pueblo y de la patria, es un revolucionario/a, aunque no milite o haya militado en uno de los partidos o movimientos de la izquierda tradicional.

Es el caso de organizaciones  progresistas y patrióticas,  medioambientalistas y anti neoliberales,  así como algunas ONGs. Muchas de ellas, incluso,  con una presencia significativa de ex militantes de la izquierda tradicional, y aún, muchos otros que por diferentes razones apoyan la causa desde una perspectiva independiente. O sea, no es una situación en blanco y negro, sino más bien de diferentes matices que define una realidad compleja, la cual debemos estudiar a fondo para  saberla  interpretar correctamente, con el objetivo de capitalizarla en  favor del movimiento revolucionario unitario.

Fue el mismísimo CARLOS MARX quien  lo expresó claramente,  para que no quede ninguna duda al respecto, cuando se le preguntó que si él era marxista. Su respuesta directa  no se hizo esperar: yo no soy marxista, soy un revolucionario. Esa enfática y  tajante respuesta significa que él no  era dogmático, y que la ciencia marxista, que él desarrolló,  debe ser aplicada como tal en beneficio de la humanidad, pero jamás deberá ser interpretada, ni practicada,  como un dogma que dé origen a  una organización sectaria.

Lógicamente, SU CONDICION DE REVOLUCIONARIO PRECEDE EL MARXISMO, del cual es su ideólogo, y por ende su máxima expresión. Es su concepción de los fenómenos sociales que interactúan en la vida, aquilatado con su avanzado grado de CONCIENCIA DE CLASE, lo que lo convierte en un REVOLUCIONARIO comprobado a carta cabal.

Su gran aporte a la REVOLUCION MUNDIAL fue explicar científicamente cómo evoluciona la dialéctica en función de solucionar las contradicciones de la sociedad capitalista, que enfrenta a explotados y explotadores en una lucha a muerte por el Poder, y la manera de resolver el conflicto a favor de la clase explotada.  Culminando con la revolución que establece el SOCIALISMO CIENTIFICO. AHÍ REVISTE LA IMPORTANCIA DEL MARXISMO COMO CIENCIA.

Obsérvese la definición del concepto revolución que en ese sentido resalta ese gran revolucionario, y uno de las más altas lumbreras marxistas de la historia, Fidel Castro Ruz:

– ¿Qué es revolución? Revolución es sentido del momento histórico. Es cambiar todo lo que debe ser cambiado. Es igualdad y libertad plena. Es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos. Es desafiar poderosas fuerzas dominantes,  dentro y fuera del ámbito social y nacional. Es defender valores en los que se cree, al precio de cualquier sacrificio. Es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo. Es no mentir jamás, ni violar principios éticos. Es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la verdad y las ideas. Revolución es unidad. Es independencia. Es luchar por nuestro sueño de justicia, para Cuba y para el mundo. Es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo-  ¡NO HAY NADA MAS QUE AGREGAR!

Dicho eso,  sólo nos resta hacer un llamado a la REFLEXION, en aras de DESPERTAR LA CONCIENCIA sobre la necesidad de emprender un MOVIMIENTO UNITARIO DE BASE que sea solidario y  permanente, no meramente electoral, y que rompa de una vez por todas con el SECTARISMO rampante que nos aprisiona e impide nuestra liberación como pueblo oprimido.