La otra noche en el otrora serio History Channel había un especial de historias contemporáneas al Nuevo Testamento llamado "Banned from the Bible", o su título en español "El Evangelio según Cisco."

Estas historias habían sido encontradas por un hombre que persiguió, como Sam el Rey del Judo, al tuerto asesino de su padre desde Samaria a Ecbatana, a través de un país inhóspito y bárbaro, encontrando unos pergaminos que muchos eruditos piensan fueron enterrados por los Gnósticos, esa tribu devota de María Magdalena, o como ellos la llamaban, María Magdala, y cuya teoría de que el mundo fue creado por un demonio muy cruel ha causado varios infartos y ataques de pánico entre los religiosos de todos los tiempos.

Según estudios realizados en Cuernavaca los pergaminos fueron escritos antes, durante, o después del nacimiento de Jesús. El lenguaje utilizado es una mezcla de arameo, griego, un chin de mandarín, un chin chin de euskera y un chin chin chin de cibaeño. El escritor, por su intenso amor al verbo "Acontecer", definitivamente, era un apóstol, o un hombre al que un apóstol le debía mucho dinero. Los teólogos más atrevidos, tal vez en crack, creen que se trata del poco mencionado Francisco, Cisco el sarcástico, quien estaba presente en la Última Cena, aunque muchos alegan que no como apóstol sino como cocinero, y al que los fundadores del Cristianismo han querido enterrar en las arenas del olvido por su muy promocionada amistad con Judas Iscariote, el calumniado.

He aquí algunas de esas historias:

Jesús principia su ministerio

Y aconteció que Jesús andando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, o la roca por su increíble facultad de análisis, y a Andrés, su hermano, que echaban las redes en el mar porque eran pescadores.
Y les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."
Ellos, entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Y cuando por fin lo alcanzaron, porque el hijo de Dios caminaba muy rápido, Simón, llamado Pedro, o el sordo porque a todo preguntaba como cien veces "¿QUÉ?", le preguntó: "Rabino, ¿y qué carnada pondremos en los anzuelos para que los hombres piquen?"
Y Jesús le contestó: "No Simón, digo, Pedro, pescaremos sus almas."
Y Simón, llamado Pedro, o el tronco por su muy rápido discernimiento, después de dos horas le preguntó: "Rabino, ¿y las almas se pueden pescar con redes?"
Y Jesús miró al cielo y exclamó por primera vez: "Padre, ¿por qué me has abandonado entre estos asnos?"

Jesús y el adulterio

Y aconteció que Jesús y los ἀπόστολος llegamos a Jerusalén, y llegamos a Betfagé, y llegamos al Monte de los Olivos, y encontramos una asna atada, y un pollino con ella.
Y todos pensamos que era un presagio, pero no, los animales pertenecían a un descendiente de Sadoc, que engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel, y Zorobabel a Josafat, y Josafat se quedó soltero, que se había parado a obrar detrás de un arbusto. Y el hombre al ver a Jesús cayó de rodillas, y le preguntó: "Rabino, ¿qué debe hacer un hombre que encuentra a su mujer yaciendo con un domador de camellos?"
Y Jesús le contestó: "Pero yo os digo, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se caiga uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno."
Y el hombre dijo: "En verdad eres el hijo de Dios, porque no entiendo qué quieres decir con eso."
Y el hombre desató la asna y al pollino, y se alejó cantando hosannas.

Negación de Simón, digo, Pedro

Y aconteció que Simón, digo, Pedro, o el cerebro como lo llamábamos los otros ἀπόστολος, estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: "Pero ven acá, tú también estabas con Jesús el galileo."
Mas él negó delante de todos, diciendo: "Mire, yo no conozco a ese caballerete."
Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que allí palomeaban: "También éste estaba con Jesús el nazareno."
Pero él negó otra vez con una mala palabra: "COÑAZO que NO CONOZCO al hombre, ¿y qué es lo que están bebiendo estas mujeres?"
Un poco después, acercándose los que allí seguían palomeando, dijeron a Simón, digo, Pedro, o el daña milagros porque una vez en Arimatea un paralítico de las piernas vino a nosotros y él tratando de curarlo lo dejó paralítico de cuerpo entero, y además ciego: "Verdaderamente tú eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre."
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: "Que no, que no que no, que no que noooooo."
Y en seguida cantó el gallo.
Y un fariseo aguilucho sacó la cabeza por una ventana, exclamando: "Yo quisiera sabei de quién es ei gallo ese que no deja doimí a nadie carajo."
Entonces él se acordó de las palabras de Jesús, y lloró amargamente.