Cibermundo

Posverdad: entre lo virtual y lo real (3 de 3)

Por Andrés Merejo

El discurso de la posverdad como creencia, invención de noticias virtuales, sensacionalistas e interactivas y de cierto tipo de falacias que se hacen virales en las redes sociales del cibermundo, está opuesto a la verdad como “propiedad del discurso sobre el mundo”. (Van Dijk, 2009:393). Solo basta articular la posverdad con algún elemento de la falacia del francotirador para saber que no se trata de una simple mentira, sino de una hipermentira que busca seducir de manera espectacular. Él dispara aleatoriamente varios tiros a un granero y luego pinta un blanco de tiro (diana) centrada en cada uno de los tiros para de esa manera proclamarse francotirador.

Esta falacia caracterizada por disparos aleatorios apunta al mismo desbocamiento incoherente del discurso posverdadero que apela al engaño y manipulación de la “masa”, en el plano de proyecto neopopulista de estos tiempos. Por eso, el discurso de la posverdad se coloca en el horizonte no reflexivo y opuesto a la verdad de tendencia filosófica posmoderna como la del pensamiento débil del filósofo Gianni Vattimo, el cual en su texto “Adiós a la verdad” (2010), la despide como objetividad de datos y la sitúa en el ámbito de lo plural, con múltiples interpretaciones contra la verdad absoluta.

Vattimo precisa que el peligro de la verdad absoluta va más allá de un simple valor y correspondencia objetiva, “entendida como última instancia y valor de base”. Para él, la verdad absoluta representa el valor de verdad de la república de los filósofos (desde Platón) y que siguiendo la historia de poder encarnado en los “expertos y los técnicos” llega a nuestro tiempo con el “Estado ético, que pretende poder decidir cuál es el verdadero bien de los ciudadanos, e incluso contra su opinión y sus preferencias” (ibid.29).

En tal sentido, aboga por una búsqueda de la verdad de la política sobre la base de la “construcción de un consenso y amistad civil, que haga posible la verdad también en el sentido descriptivo del término”. (Ídem).

Sin embargo, al discurso de lo posverdadero no le interesa lo dialógico, el consenso y el disenso, sino aplastar y ridiculizar, la tradición factual y filosófica sobre la verdad. Para ese discurso los hechos no existen, el hombre no fue a la luna, el cambio climático es una invención.   

Al discurso de la posverdad no le importa que los hechos traspasen el consenso y el acuerdo que tanto encanta a Vattimo y que Hannah Arendt, en el texto “Verdad y mentira en la política” (2017) nos explica cómo estos no entran en el debate e intercambio de opiniones, ya que “se puede discutir, rechazar o adoptar una opinión molesta, pero los hechos molestos son de una tozudez irritante, una tozudez que solo las mentiras son capaces de remover”. No obstante, como la verdad de hecho no es más evidente que la opinión, “esta puede ser una las razones por las cuales quienes sustentan opiniones pueden desacreditar fácilmente a la verdad factual como si esta no fuera más que otra opinión “(ibíd.: 34-43)

Los hechos alternativos forman parte del discurso posverdadero, no existe en su imaginario, que “la verdad de hecho (…) siempre está relacionada con otras personas; se refiere a acontecimientos y circunstancias en las que son muchos los implicados” (ídem). Estos tipos de hechos se evidenciaron con varias campañas electorales en el 2016, en Estados Unidos (Donald Trump), en Gran Bretaña (Brexit) y los acuerdos de Paz en Colombia, se montaron con el propósito de legitimar una política en contra de la verdad como dialógica, como interpretación y como referente factual y filosófico, que coinciden con el punto central de la tradición moderna y posmodena de la democracia.

De ahí, que al discurso de la posverdad no le interesa en lo más mínimo, lo filosófico, ni pensamiento crítico y humanístico; tampoco el periodismo y el ciberperiodismo ético, pero sí le interesa todo lo que sea mentira, bulos, nuevo contexto (ciberespacio), donde marca tendencias sociales, crea opinión y hace que los debates públicos cambien de dirección, devaluando lo que verdaderamente cuenta.

El disipar la posverdad en el ciberespacio y las redes sociales, con todo lo que implica el cibermundo, pasa por un repensar el discurso de la verdad relativa y absoluta en el plano epistemológico (real) y ciberepistemológico(virtual).

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