Del diario vivir

¿Por qué tanta coincidencia?

Por Lipe Collado

“Si los haitianos nos querían robar el país, ¿por qué los vamos a ayudar?”, le espetó mi nieto Filippo Antonio a su mamá Elisa Mencía al entregarle alimentos enlatados para que los llevara a su colegio, que los acopiaba a  fin de donarlos a Haití, casi devastado por el potente terremoto del domingo 12 de Enero de 2010.

Su comprensible reacción radicaba en que su país fue el único de América que declaró la Independencia desprendiéndose de otra nación americana, Haití, lo que desató una guerra de 12 años, y de seguro ya a él le habían iniciado el clásico adoctrinamiento escolar antihaitiano basado en relatos plagados de feos haitianos que comían niñitos, asesinaban viejitos y curas y violaban monjitas, y a hermosas mujeres blancas cual azucenas frescas.

Las conflictividades domínicohaitianas están enraizadas en nuestra psique y médula histórica y no hay un dominicano -¡ninguno!- capaz de mantenerse al margen de la recurrente temática haitiana, que ahora retoma el clímax destronando de la vigencia pública temas que semanas tras semanas dominaban el país político con sus naturales emotividades.

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¿Por qué ambas coincidencias?  ¿Los une y concita la motivación política en ambos casos? ¿El tema domínicohaitiano sirve a la vez de prolongación de la última campaña electoral y de anticipo de la próxima campaña?

La responsable e histórica sentencia del Tribunal Constitucional tiene el significativo perfil positivo de  iniciar un proceso de definición migratoria desde el presente, contemplando el pasado y mirando al futuro, con rasgos tan humanitarios como los de, ¡por fin!, hacer posible la entrega de documentación legal a miles y miles de niñas y niños, de jovencitas y jovencitos, estudiantes o no, varados en su desarrollo ciudadano por falta de una identificación.

El dominio cabal de su tinglado jurídico no es para legos ni para desbocados, y esto para no llamarlos desfogados. Seguiré abordando la temática con intermitencias en varias entregas, ya que se trata de una sentencia compleja, de casi 150 páginas acerca de un tema controversial, como lo es en todas partes del mundo.

El maremágnum público a su derredor ha despertado en mí una extrema curiosidad colateral porque los actores y líderes contrarios al responsable fallo del Tribunal Constitucional son casi exactamente los mismos que sustentaron la derrotada candidatura presidencial del PRD y que aún se desgañitan contra el ex presidente Leonel Fernández y los gobiernos del PLD.  Del mismo modo me motiva el mismo nivel de curiosidad el que los defensores sin miramientos críticos de la sentencia sean casi exactamente los mismos que se opusieron rabiosamente a la candidatura presidencial del PRD y que, por lo tanto, defendieron a rajatablas la candidatura  del actual presidente Danilo Medina.

¿Por qué ambas coincidencias?  ¿Los une y concita la motivación política en ambos casos? ¿El tema domínicohaitiano sirve a la vez de prolongación de la última campaña electoral y de anticipo de la próxima campaña?

He ahí, pues, que la República tiene liderazgos altos, medios y bajos escindidos en dos visiones de ver los asuntos públicos trascendentes e intranscendentes y que uno de los dos ha estado llevando las de perder… y que continuará por ese derrotero al elegir el terreno de la extrema permisividad favorable a los haitianos radicados ilegalmente aquí.

La temática de la sobre presencia haitiana es harto sensible a todos los públicos y está próxima a niveles de irritación y repudio popular. Bajo ningún concepto el dominicano medio o simple se afiliará a quienes tradicionalmente han abrazado causas humanitarias y que ahora dan pasos en falso al agitar intereses y emociones nacionales y extranjeras, eclesiásticas o no, en procura de un embutido binacional que tornaría aún más quebradiza la debilitada textura de la identidad nacional.

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