Los índices de divorcio aumentan cada día, en nuestro país los datos de diferentes fuentes oscilan entre 45% a 55%, con una proyección a aumentar en los próximos 5 años.

A las personas nos gusta y disfrutamos vivir en pareja, se supone que es el estado ideal, según algunos autores, pero cada vez es más difícil sostenerse en ella, de acuerdo a lo  que escuchamos en las consultas de los terapeutas, los medios de comunicación y las personas que conocemos.

La gente lucha por todos los medios para sostener este vínculo, entran a comunidades religiosas de parejas, buscan ayuda profesional, pautan conversaciones con personas “sabias”, pastores y sacerdotes, siguen recetas de las revistas, consejos de las amistades y familiares, pero al final la relación que una vez creyeron les llenaría para siempre terminó, lamentablemente en medio de muchos dolor y daño psicológico para todos, el hombre, la mujer, los hijos, las hijas, los familiares y los amigos.

Hay muchas razones que se pudieran alegar para explicar este fenómeno, más yo quiero hacerme cargo de algunas explicaciones clínicas que se agregan a todas las demás.

Esa primera elección de pareja suele estar sustentada más en carencias y necesidades. Todas vinculadas al tipo de relación que establecimos con papá   mamá o los adultos a cargo de la crianza, en nuestra niñez.

De manera inconsciente los buscamos a ellos en las personas con las que nos vinculamos sentimentalmente.

Aunque seamos mayores de edad y pasemos de los 20, esa elección la pudiera estar haciendo el niño o la niña insatisfecho/a de 5 años que nunca se sintió amado/a, aceptado/a y reconocido/a. Estas necesidades estuvieron siempre ahí, pero se activan en el encuentro de intimidad afectiva con el otro o la otra.

Vamos a la intimidad llenos de miedos, esos que iniciaron en los rechazos y abandonos cuando apenas crecíamos.

Entramos en las relaciones con el guión viejo, pero que como no lo hemos mirado está tan actualizado como hace 20 o 30 años.

Esto explica porqué los seres humanos en las relaciones nos convertimos en demandantes, controladores, asfixiadores, victimas, victimarios y hasta torturadores de la persona a la que decimos amar.

Es por esto que nos anulamos a nosotros mismos y le damos el poder al otro o la otra para que nos haga felices, así como se suponía debían hacernos felices nuestros padres cuando dependíamos de ellos.

La única diferencia es que ya crecimos y posiblemente papá y mamá ya no están.

Nos enfocamos entonces en la pareja, que aunque esté, esta completamente imposibilitada de llenar esos vacíos, carencias y miedos que tienen sólo que ver con nosotros mismos y nuestra historia.

No hay otra persona distinta de nosotros que pueda llenarlos, ni la pareja, ni los hijos, ni el trabajo, el deporte, el éxito social, una carrera publica, nada.

Todo esto lo podemos lograr, más si no ordenamos la historia y le rendimos honor a ella para poder editarla, no podremos con todo lo demás para seguir delante de manera feliz.

Incluso me voy a atrever a decir algo incomprensible para mucha personas y es el hecho de que posiblemente no todos y todas estamos destinados a vivir en pareja.

Hay personas en las que en su propósito, misión o contrato no está la vida en pareja. Lo que ocurre es que sobre todo a las mujeres se nos educa en esta cultura para ser esposas y madres y cuando no cumplimos esta expectativa social nos sentimos incompletas, entonces el miedo a ser diferente y a la soledad, nos lleva a tomar decisiones poco asertivas, que luego terminan en dolor y  sufrimiento.

De manera que si vivimos en pareja y las cosas no caminan, vamos a hacer el pequeño ejercicio de mirarnos solo por un momento, enfocarnos en nosotros mismos, dejar de culpar o reclamar al otro o a la otra y preguntémonos, ¿qué pasa conmigo que esto no funciona?

Talvez por esta vía comenzaran a surgir algunas alternativas.

Si no encuentra la respuesta, busque ayuda profesional idónea y las cosas se irán colocando en su justo lugar, pues una vez que iniciamos el camino de reordenar la historia y vivir más conscientes, disfrutamos de la vida que merecemos y nuestra valentía se refleja en lo que ocurre en nuestro entorno.

solangealvarado@yahoo.com

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