El estado actual de la crisis causada por la pandemia de COVID-19 ha generado grandes repercusiones en todos los ámbitos del sector empresarial, y la gran mayoría de quienes hacemos vida en él, hemos dedicado toda nuestra energía a procurar asegurar la sostenibilidad del negocio y la protección de los recursos con los que contamos, siendo el más importante nuestro capital humano, que en el marco del sector automotriz que agrupa a representantes oficiales de marcas internacionales en República Dominicana, estos suman unos 4,000 empleos directos y 18,000 indirectos.
El sector automotriz, conformado por una amplia variedad de actores, no ha escapado a esta realidad, pues debemos sumar a la paralización total de operaciones que nos afectó hasta no hace mucho, la caída sostenida del mercado de vehículos nuevos, que para este año se estima llegue a su punto histórico más bajo en los últimos 10 años, con una proyección de menos de 15,000 unidades nuevas vendidas; solo para que tengamos una idea de proporciones, y a partir de mi experiencia regional en el sector, Puerto Rico, con un tercio de la población de Republica Dominicana, comercializa anualmente más de 100,000 vehículos nuevos.
Es importante resaltar, que las ventas de vehículos nuevos resulta en un indicador adicional del bienestar socio económico de un país, ya que refleja, entre otras cosas, la mejora en la calidad de vida y el poder adquisitivo, dando la oportunidad al ciudadano de aprovechar los beneficios que aportan las tecnologías de última generación que brindan dichos vehículos, y entre los cuales resaltan: la eficiencia de consumo de combustible, seguridad para sus pasajeros, y la garantía de servicio y respaldo del fabricante.
En este orden, las empresas que representan y distribuyen vehículos nuevos requieren de robustas inversiones para avalar la garantía del fabricante y brindar un servicio técnico certificado, así como llevar a cabo una amplia inversión en repuestos con el objeto de respaldar adecuadamente la inversión de sus clientes. También el sector de vehículos nuevos es uno de los mayores contribuyentes al sistema fiscal, como al de la seguridad social.
Es así, que en este sector llevamos adelante una tarea fundamental que permite mantener al país en movimiento, proveyendo soluciones de movilidad para todas las necesidades, y manteniendo actualizado y modernizado el parque vehicular, tarea que se traduce en mayor ecoeficiencia en el consumo de combustibles y seguridad para conductores y pasajeros.
Sin embargo, los retos del sector no dejan de ser pocos, con el transcurrir del tiempo se ha ido ampliando una distorsión proveniente de la falta o ausencia de implementación de adecuadas normativas, así como de políticas y supervisión en relación a las importaciones del sector, elementos que han afectado la salud de un mercado donde la proporción entre la oferta de vehículos usados y nuevos se ha multiplicado en los últimos 16 años, de 1 a 1, a 4,6 usados por cada nuevo que entra al país según data de la DGA a Julio 2020.
Esta realidad se ha traducido en el crecimiento de un parque vehicular obsoleto, más contaminante e inseguro, particularmente aquel relacionado con vehículos usados que se importan con adaptaciones de combustible y no cumplen con las regulaciones mínimas de seguridad, de salvataje, fabricación previa a la fecha límite de importación, o la presencia de vehículos que fueron fabricados originalmente con el guía a la derecha y son modificados por terceros no certificados y/o vinculados al fabricante original, para colocarlo a la izquierda.
De hecho, el informe del parque vehicular de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) correspondiente a 2019, indica que el 44% de los vehículos en el país son unidades fabricadas previas al año 2000, lo que quiere decir que prácticamente la mitad del parque vehicular ya está por encima de lo que podría considerarse su vida útil.
Recientemente el presidente Abinader sorprendió al seleccionar un carro eléctrico como vehículo oficial durante la toma de posesión, y con ello expresa claramente su interés por crear una transformación en el parque vehicular del país, una buena señal de la prioridad que esto supone para el mandatario. Con ello, esperaríamos que se abra un proceso de diálogo para la acción, que permita un abordaje integral que corrija las graves distorsiones del mercado, identificando un plan que permita, a su vez, promover una pronta recuperación del sector y lo ponga de nuevo sobre ruedas. Medidas oportunas permitirán que se corrija la distorsión existente en el mercado de vehículos de combustión, y que esta no se repita en un próximo parque vehicular eléctrico, que, para hacerlo viable de forma masiva, todavía es mucho lo que juntos, sector público y privado, debemos hacer.