Construir utopías, hacerlas realidad es el sueño de todo hombre o mujer que cree que el futuro siempre será mejor que el pasado, que el presente. Los creadores de sueños, de utopías, son seres humanos solidarios, revolucionarios, en el más amplio significado de esa palabra hermosa. La utopía es el sueño de hoy cristalizado en el mañana. Es un saber que todo lo que hace el ser humano se puede mejorar. La utopía hoy, es no estar contento con la realidad. Pues si asume la realidad, entonces, no hace nada nuevo, autocomplacencia te desborda y es el primer paso, para la carroña, para no hacer nada diferente, para no asumir la creatividad y la innovación, como eje y motor de la sociedad del conocimiento. La utopía es el desafío permanente al statu-quo.

La utopía, como la visión, es el compromiso con el futuro. Constituye la esperanza renovada. Es la constelación que nos mantiene unidos, para trascender la individualidad y conectarnos en el necesario espacio colectivo, que hace posible el diseño de políticas públicas. Las políticas públicas son las canteras planificadas, de las acciones de los poderes públicos para la sociedad. Son el ente articulador de los distintos diseños, que priorizan, canalizan, orientan, corrigen y previenen las decisiones, acciones, desde el Estado para el desarrollo del mismo y por vía de consecuencia, de la sociedad, que se derivará en más credibilidad y confianza. Credibilidad y confianza, dos palabras que expresan la necesaria ventana que amerita el horizonte social y político.

Las políticas públicas, son el andamiaje más expedito para que desde el Estado, se igualen los ciudadanos en los territorios. Son el marco proactivo, a partir del cual los poderes públicos responden a las demandas de la sociedad. Por ello, su solo diseño, entraña, implica, un ejercicio de construcción y de participación.

Las políticas públicas, claramente explicitadas, devienen en un cuerpo de transparencia y una fuente primordial para el control social por parte de la ciudadanía. Ellas, al final de cuentas, pueden constituirse en plataforma fundamental para la horizontalidad del poder. Ellas son diagnósticos, objetivos, metas, actividades, acciones y decisiones hacia un campo determinado, para mañana ser mejores, en este caso, como sociedad. Como señala Josep Colomer, las políticas públicas son “la decisión de un gobierno para la asignación de recursos o la provisión de un bien público o la regulación de una actividad privada”.

Las políticas públicas, bien pensadas, coherentes y consistentes y mejor ejecutadas, niegan en su esencia la inflación retórica, que es una consecuencia del desvarío conceptual y que nos produce al final un dejo de tiniebla escritural o expresiva; conduciendo todo esto a gastos y más gastos y no a una clara perspectiva de inversión con calidad. Las políticas  públicas como parte consustancial, inherente a la Gerencia Política, nos dice que la ausencia de ellas en el plano de lo público, es una manera anodina de abordarla, de la importancia que le damos a la sociedad en el plano  de lo práctico, en el plano de sus necesidades. Cuando ellas no existen, existen al mismo tiempo. Solo que su no definición y formalización, trae consigo improvisación, incoherencia, despilfarro, dispendio, corrupción y actitudes cantinflesca. En otras palabras, mal uso del poder.

Es lo que ocurre cada cierto tiempo en nuestro país, cada vez que esa patología social (violencia y delincuencia) se incrementa. Los distintos ministros de Interior y Policía, hablan a la prensa de la necesidad de desarmar a la población. Sin embargo, en promedio, aprueban dar permiso cada mes a alrededor de 25,000 ciudadanos para que tengan armas de fuego. Sabemos que de cada 100 homicidios, 65.7 son ocasionados con armas de fuego.

Entonces, nos preguntamos, ¿existe una política pública consecuente, seria de Seguridad Ciudadana? Obviamente que no. ¿Prevalece más la necesidad de dinero vía impuestos por las armas de fuego para el Estado? De igual manera sucede con esa epidemia social, la violencia interna, los feminicidios. Todos los días la opinión pública se queja de ese flagelo social y todos los días aumentan más, con las secuelas sociales que producen a las familias (hijos, madres, familiares, amigos) y a la sociedad, pues la inmensa mayoría de las mujeres asesinadas están el rango entre los 20–35 años. Mujeres en los albores de la juventud y de la productividad.

De nuevo nos preguntamos, ¿hay una política pública que cercene este cáncer, este drama social, esta catástrofe para la sociedad? Por los resultados, por la evidencia empírica, parecería que no existe y de existir, es claro que urge una revisión exhaustiva, para neutralizar esta onda expansiva que está dañando una parte sensitiva del tejido social de nuestra sociedad. O, es que esta inefectividad, es una clara ausencia de compromiso, de sensibilidad, de la clase política dirigente, puesto que los feminicidios se producen mayormente en los sectores más vulnerables, más excluidos económicamente y educacionalmente.

Las políticas públicas, esbozadas o no, conllevan en sí mismas, el conjunto de criterios básicos, para la toma de decisiones, con respecto a las oportunidades, amenazas o debilidades en una colectividad determinada. Son el axioma de lo que Robert Dahl denominó Poliarquía, como el juego en la democracia, por los distintos actores que hay en el proceso y que debemos de considerar para la toma de decisiones colectivas, como una única manera de que la democracia sea válida y sostenible. La misión de los partidos políticos como organizaciones que compiten por el poder es la de coadyuvar a la construcción, diseño y establecimiento de políticas públicas, para que las normas y reglas, sean compartidas y asumidas por todos.

¿Qué ha hecho tan difícil el establecimiento de políticas públicas, de proveer políticas públicas, de la oligarquía política dominicana en los últimos 12 años?

Una primera hipótesis es que en República Dominicana la mayoría de los 26 partidos reconocidos por la Junta Central Electoral son PARTIDO–EMPRESA, esto es, partido con una afiliación escasa y que su fuente de recursos  son fundamentalmente estatales y su sola presencia en los medios de comunicación. La otra hipótesis, es la fuerte debilidad de la Sociedad Civil. Hay que resaltar que así como no puede haber democracia sin partido político, la debilidad de la sociedad civil es una consecuencia de la debilidad de la democracia. Una  democracia es fuerte si tiene una sociedad civil fuerte. La sociedad civil solo existe en la democracia.

Las políticas públicas son el marco de una agenda pública de una sociedad. Verbigracia: El crimen y la violencia, los femenicidios, la corrupción, el respeto a las leyes, la reforma fiscal, ¿es baja con respecto al PIB? ¿Qué haremos con la  evasión y la elusión fiscal? ¿Aumentaremos los ingresos sin ver los gastos? ¿Tendremos una política de protección a la industrial y a la agricultura más competitiva, más moderna, más audaz desde el Estado?

Homogeneizar a los habitantes en los territorios es el punto focal de las políticas públicas creíbles y serias como mecanismo para el desarrollo y la credibilidad.