Tópicos: de la subjetividad antigua a la moderna. De la voluntad y el perdón al liberalismo/capitalismo.

¿Para qué sirve el amor? El amor está íntimamente ligado con el nacimiento de la Era Cristiana.

Juicio y condena de Jesús y Sócrates

Su valor viene de que así es como el cristianismo logró socavar las bases de la cultura griega. Marca el inicio de una subjetividad que hizo posible crear la figura del sujeto encima de un elemento que el mundo antiguo no conocía: la libertad del individuo llamada libertad de conciencia.

(El momento que Jesús dice a su daimón: “no quiero eso que me estás ofreciendo. No es el camino que quiero seguir. Voy a seguir mi propio camino”. Ese tipo de daimón no era pieza del mundo socrático. Jamás Sócrates dijo un no para su daimón.)

Pues bien, al corroer las bases de la cultura griega dominante, el cristianismo se apropió del hombre (en sentido genérico) para un cultivo de su intimidad, de su subjetividad, de su individualidad, su libertad de conciencia. Y esta es la vía del nacimiento del amor cristiano, y el recurso de la voluntad, que es el deseo de poseer cosas que están en el futuro.  Nace el hombre que piensa en el futuro. Y está articulado con la idea básica que San Agustín de Hipona pregonó y Hannah Arendt estudió. El amor cristiano es fundamentalmente amar al enemigo.  No es tolerar al contrario, es amar al prójimo, al contrario, aun sea tu enemigo. Y es que cuando se construyen cosas en el futuro, sólo tiene sentido si se pone una piedra encima del pasado con el perdón.

La religión judía antigua, así como los griegos, no conocieron el perdón. Nunca interrumpieron un proceso histórico, siempre dieron continuidad a los procesos históricos. Los persas siempre fueron los enemigos de los griegos, y los pleitos del mundo judaico y del mundo árabe, nunca se detienen y llegan hasta este momento que vivimos y que identificamos como guerras religiosas.

Jesús apareció con esa idea de “construir el futuro” –tan usado y manoseado hoy–, y para tal cosa el amor tiene y debe perdonar con lo que abre el diálogo y la armonía entre contrarios. Y es en ese momento que hay una interrupción de la historia. Jesús inaugura la idea de que la voluntad y el amor son los elementos para interrumpir la marcha natural de los acontecimientos y decir: “Acabó. Pongamos una piedra encima. Nada de venganzas ni ojo por ojo y diente por diente. De aquí en adelante reinará solo el amor.” Es el inicio de la voluntad para hacer cosas diferentes a la vivida a.C.

Sócrates/Jesús.

La cultura occidental cambió radicalmente después del reino del cristianismo. Se interrumpió al judaísmo y al mundo griego. Sólo Jesús trabaja  el sentido de una concepción de futuro hecho por el hombre.  Eso a partir del perdón y del amor.

Eso tiene un gran peso en la naturaleza, en la conducta, en la ideología occidental que el individuo moderno que crea la democracia pidiendo libertad, siempre va a pedir esa idea de que “vamos a poner una piedra encima y vamos a hacer un nuevo pacto para la construcción del futuro”. Borrón y cuenta nueva. Porque no somos libres, estamos presos al pasado. Tenemos la libertad de amar y por tanto de perdonar. Esto hace que se cierre un proceso y se inicie una vida nueva.

Es esto que los hombres de negocios del capitalismo apremian. Por si al contrario, no pudieran contar con el perdón, siempre van a estar presos a las guerras y las venganzas tal cual las de la antigüedad y no podrían elaborar nuevos espacios de negocios. Para implantar nuevas formas de negocios es necesario que se llegue allí y nadie venga con señalamientos tragedias pasadas. La sociedad de mercado no consigue paz para desarrollarse con esas contrariedades. Necesitan llegar y que se les vea como el mesías, como los salvadores, como un nuevo y esperanzador cambio…

El liberalismo presupone un tipo de construcción de futuro y la libertad de cerrar procesos pasados. Es así como la subjetividad es empedrada en esta representación de libertad.

 

Bibliografia capital.

– Arendt, H.  La vida del espíritu. 

– Kreeft, Peter El Debate – Sócrates y Jesús –

– Platón, Apología de Sócrates.

– Nuevo Testamento