Desde hace un tiempo vengo estudiando filosofía política para entender el porqué de aquella revolución cultural en China que siguió a su revolución social. Hay quienes dicen que si bien en el pasado, la revolución social era noventa por ciento organización política y diez por ciento organización popular, hoy es lo contrario. En este sentido, Edward Bond, escritor teatral y teórico cultural inglés nos dice lo siguiente: “debido a la naturaleza de la represión y explotación moderna y el poder de la tecnología moderna para saturar sociedades con distorsiones ideológicas, esa relación es casi invertida. Cualquier política de cambio, cualquier política progresista que no reconozca esto, fallará” augura.

¿Existe lo que es política cultural? ¿Por qué política y cultura?

Para llegar ahí, vamos a explicar la génesis de la manera más escueta posible.

El concepto político se origina en la antigua Grecia, que viene de “polis” o ciudad. Esas ciudades funcionaban como un estado per se. La administración de ese estado era la administración de la polis. Ahora bien, en función de qué se administraba esa polis, buscando qué. Si usted administra bien una empresa, usted está buscando lucro. La escuela, la educación formal, busca un aprendizaje formal y eficiente del alumno. Lo mismo ocurre con servicios hospitalarios donde el común denominador sea que el enfermo salga mejor de lo que entró de preferencia curado.

Administrar una polis es gobernar a los ciudadanos. ¿En función de qué? Cuando eso ocurrió en la antigua Atenas, se creó un ágora, un espacio de conversación, de debate, de discusión. El resultado que se buscaba era la armonía y la justicia igual para todos.

Y establecieron reglas. Designaron a un patrón que debía velar por su cumplimiento de manera armónica. Ahí se institucionaliza la ley del hombre y substituye la ley de los dioses. Se creaba entonces la lex o legis, de donde nace el legislador, el poder legislativo para armonizar las normas, las conductas, los intereses. De ahí surge la justicia normativa.

Esos inicios marcaban con claridad meridiana que la piedra angular fundamental era la justicia.

Para que apareciera la “democracia”, esta estaba a la vuelta de la esquina. Surge de los demos, que eran los locales o regiones o grupos sociales de la polis. Entonces los debates eran a partir de los requerimientos o intereses de un demo con respecto a los de otros demos. Había un consenso de un demo para ir a conversar y tomar decisiones justas.

Desde esa estructura “democrática” se discutía sobre los impuestos, en qué se invertirán.

Lo importante siempre eran las propuestas. Y las propuestas consensuadas eran ejecutadas por un líder que surgía de una votación y tenía un mandato.

Sócrates y Platón se mantenían al margen de esas ágoras. Platón la encontraba como un engendro de desarmonía. Y propuso otra cosa para que la polis (ciudad) fuera realmente justa. Empezaba así un hito para la humanidad: nacía la doctrina de Platón.