Este es el problema de la política en la política cultural de la administración de Leonel Fernández: solo llega a dar una sola de las notas en cada actividad cultural y solo las personas que conocen las otras notas se dan cuenta de su falta.
Esta gestión de JRL (he oído que mencionar su nombre da mala suerte), ha tenido una política cultural de oído. Y cuando la quiere repetir es disonante.
El ejemplo tácito lo tenemos en el hecho de que el pensamiento conservador ha sabido aprovecharse del sentimiento de abandono cultural del país cultural.
¿Quiénes se han beneficiado de esa “renovación de la cultural dominicana”? Solamente los constructores y la plaga de funcionarios con hasta dos empleos dentro del gobierno en el área cultural oficial.
Cientos de millones de dólares han ido a parar a sectores que nada tienen que ver con una política cultural. Y por supuesto, comienzan a surgir los conflictos, principalmente laborales como es el caso de los empleados de bibliotecas del Estado, o el sueldo reducido en actores y actrices, de músicos de la sinfónica, de voces del Coro Nacional, y luego continua la ausencia de libros en la bibliotecas, museos cerrados, las artes plásticas en abandono, e incluso las instalaciones en deterioro por materiales de mala calidad o terminación chapucera.
Ahí están los casos de muchos artistas cuyo abandono es notable y público. Mientras tanto JRL mantuvo su política de una sola nota dando a troche y moche regalos envenenados como lo son las pensiones que no hacen más que crear animadversión y apatía entre colegas y compañeros de décadas.
El Ministerio de Cultura hay que corregirlo de arriba abajo. Por un solo y determinante motivo: la política actual hizo de la cultura una forma de gestión para que el statu quo absorba el desencanto del país cultural con el propio estado de cosas neoliberales y reaccionarias.
Hay que devolver la cultura al pueblo que es quien puede dar todas las notas, sin disonancias.