Fe, Esperanza y Claridad

Política criolla: La “aporía” de los pequeños

Por Luis Ulloa Morel

Los antiguos griegos, a través de Aristóteles, acuñaron el término aporía para referirse a cierto tipo de problemas que, al menos lógicamente, carecía de posible solución. Las más populares y sugestivas de semejantes situaciones las planteó un  pensador de la ciudad de Elea (en el sur de la actual Italia) llamado Zenón. Trataba de mostrar lo que según él era la imposibilidad del movimiento, con aquello, por ejemplo, de que nunca nadie ni nada debería poder desplazarse de un punto a otro porque siempre tendrán una mitad del trayecto por recorrer (primero una mitad, pero antes la mitad de la mitad, y así infinitamente…).

Las aporías de Zenón han sido catalogadas como problemas mal planteados que, sin embargo, ayudaron a jalonar la Geometría y la propia Física. Lo más importante que queda de la idea de aporía es que si no nos planteamos correctamente los problemas corremos el riesgo permanente de caer en callejones “sin salida”.

Podría ser el caso, creo, de la mala lógica que regiría el desarrollo de los partidos pequeños, al menos en la República Dominicana y partiendo de lo que se ha convertido en es escenario principal de lucha política, el electoral. Se trataría de esto: La gente no va a votar por los partidos pequeños… porque son pequeños; por tanto, el principal obstáculos de los chiquitos para crecer es son  chiquitos. La condena es, entonces, eterna.

Por acá se ha hablado del tema bajo la denominación de teoría del voto útil. No botar el voto, recomiendan los grandes, elección tras elección. De poco ha valido la muy racional argumentación de que si usted y otros más se nos unen entonces ya no seremos pocos, ni mucho menos la apelación a la mera conciencia (voto de calidad) que deberá abonar procesos futuros…

Sería un error de lo más grave pretender desconocer esta tendencia natural de los hechos, esta inclinación “normal” de la población, una  y otra vez probada en prácticamente todos nuestros episodios electorales. Por lo demás, ¿no es esa la misma lógica que garantiza que el pobre siga siendo pobre y el rico siga siendo rico?

¿Cómo evadir, cómo evitar, cómo superar esa aporía, ese círculo vicioso que parece eliminar del horizonte toda esperanza de que puedan emerger en el país nuevas fuerzas con posibilidades de éxito?  Esta no parece una pregunta con clara respuesta ni parece preocupar a muchos de los pequeños acostumbrados a jurar y perjurar que ganarán sin duda las próximas elecciones…

Algo parece claro: La lógica del escenario electoral mismo no coincide con la lógica de desarrollo de los pequeños, sino todo lo contrario. Las elecciones no solo revelan la pequeñez del pequeño sino que, al final, la recrudece. La ilusión de un contagio electoral favorable deviene en numérica desilusión traumática.

Esta conclusión no es anti-electoral sino preventivamente electoral: el éxito de los pequeños en unas elecciones dependerá de lo que ocurra con ellos antes y fuera de las propias elecciones.  Son las tareas no electorales, ante todo las que se dirigen al crecimiento, las que pueden preparar el terreno para que la dinámica electoral (grosera, sucia, brutal en el caso dominicano) no les aplaste sin misericordia y sin remedio. No significa borra de la mira las tareas electorales (algunas incluso deben asumirse tempranamente) sino de prepararse para evitar que el proceso electoral les caiga encima, en lugar de llegarles como oportunidad.

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