Suelo dudar de cualquier persona que no guste de la Poesía. Algo turbio o siniestro esconde. Probablemente es un sociópata que ha cometido crímenes horrendos contra la Humanidad. Convencido estoy de que tan enfermizo personaje es un negador de su madre, violador de menores y practicante de la violencia marital.  Un individuo de esa calaña sería incapaz de sonrojarse frente a una rosa, mucho menos disfrutar de las evocadoras utopías que casi siempre son acompañantes de dos o mas copas de vino. No podría llorar, estén seguros, por las amadas que se alejan. Tampoco podría, como hizo Borges, agradecer por los dones que nos legaron:

Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar
con un plano del laberinto,

Ahora, si es un escritor el que no encuentra placeres en el Poema no me interesa ni leerlo.   Hasta dejo de dirigirle la palabra.

Un escritor antipoesía en cualquier momento va a convertirse en un traidor; o en algo aún peor: en un lerdo. Indefectiblemente destruirá el lenguaje en sus escritos, propondrá que supriman los acentos de la Lengua, pretenderá que desaparezca la “Ñ” del idioma español, disertará por ahí en contra del punto y coma, asegurará que si la “H” es muda no debe ser usada en nuestros libros. Con el tiempo renegará las Sintaxis y la Prosodia. Acabará asegurando que la Metáfora y las Alegorías con recursos de escritores antiguos.

por el fulgor del fuego,
que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
por la caoba, el cedro y el sándalo,
por el pan y la sal,
por el misterio de la rosa,
que prodiga color y que no lo ve,

Cada palabra que los escritores sacamos a pasear para que esta se encuentre con la Idea, es parte de un proceso doloroso, angustiante, agotador y quemador de calorías emocionales irrecuperables. Los escritores tenemos que leer para conformar o recuperar conceptos, preceptos y vocablos.  En mi caso, y recomiendo lo mismo a los jóvenes que pretenden escribir, de cada tres libros que devoro uno tiene que ser, irremisiblemente, de Poesía. Digo Poesía aunque tentado tuve de escribir Profecía ¿Acaso no es lo mismo?

por Swedenborg,
que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
por los ríos secretos e inmemoriales
que convergen en mí,

No hay duda que el Poeta inventó la Palabra. Cuando lo hizo notó que era bueno lo que había creado… y la multiplicó en Galilea, donde un joven hipie aprendió los secretos de  la palabra perdida. El Poeta, a esa compleja energía cósmica que llamamos Dios, le prestó los sonidos que había inventado para que aprendiera a comunicarse. Desde luego que, sabiendo el Poeta que Dios estaba hecho de silencios y sustancias especiales, la primera palabra divina asignada fue una forma verbal.

por el oro, que relumbra en los versos,
por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos,

Me cuentan que se fascinó tanto con las palabras prestadas que no pensó solamente en hacer el resto del mundo, sino que prefirió ponerle alas y sonidos a sus pensamientos: ¡Hágase la luz! Desde ahí inició diálogos permanentes con su Creación. Tanto que cuando volvió a Crear, luego de un merecido descanso, lo hizo a partir del Verbo que le habían regalado. Por supuesto que solamente el Poeta estaba autorizado a repetir en tablas, piedras  y papiros, lo que el Creador hablaba. El Poeta se convirtió entonces en el único y verdadero oficiante de los grandes Mitos y Misterios.

por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
por el olvido, que anula o modifica el pasado,

Los escritores necesitamos constantemente nutrirnos o reciclarnos en todas las imágenes que solamente pueden encontrarse dentro de la Poesía. En sus callejuelas laberínticas está verdaderamente el Universo. El resto es un mentira.

Cuando se inició en la Idea el Hombre Primitivo inventó la Palabra. Desde ella, y la Magia, fue Poesía… y Teatro. ¡Sí! El Teatro nace con la Vida misma en aquellos rituales de Muerte y Vida que en su cosmovisión realizaba el Primitivo.

por la costumbre,
que nos repite y nos confirma como un espejo,
por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,

Volando en el tiempo la Poesía llegó y se perfeccionó en la Grecia Clásica. Y ocurrió de repente lo inevitable: un tal Arión escribió, compuso, tituló y declamó el primer ditirambo de todo el Universo conocido. ¡Asombro y catarsis! Pero alguien llamado Tespis vio algo más en la creación de Arión. Se montó en una carreta de rústica madera, soñó y puso algo de dialogo al ditirambo. Luego llegaron los Sófocles, Esquilo, Euripides, Shakespeare, Tirso de Molina, Lope de Vega, Goethe, Gorky, Chejov, Camus, Iván García… y recientemente yo.

El Mundo y los escritores venimos de la Poesía. Por eso es recomendable vivir —¿o volver?— siempre entre los Versos.

por los minutos que preceden al sueño,
por el sueño y la muerte,
esos dos tesoros ocultos,
por los íntimos dones que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.