Revelaciones

Poemas en el mes del amor: Héctor José de Regla Díaz

Por Manuel Mora Serrano

Pudo ser Fabio Fiallo, pero he escogido al azuano popular, precisamente por ser el poeta dominicano romántico que más se conoce.

Héctor J. Díaz,nació en Azua de Compostela, República Dominicana,en 1910 y murió en New York en 1950. Publicó varios libros, entre ellos Lirios Negros, Flores y lágrimas, poesías y canciones; Ritmos íntimos, que fue prologada en 1936 por Franklin Mieses Burgos; Plenitud: versos para una mujer sola; Versos para una noche. Luego se han hecho selecciones de sus libros que han culminado con Loque quiero, antología poética hecha por el poeta William Mejía para la Feria Internacional del libro de 2010. Es, sin duda alguna, el poetapor antonomasia para las masas nacionales, aunque la élite literaria le ha negado un nicho en el parnaso nacional, ha conservado el fervor popular y sus poemas son recitados a menudo en los ambientes bohemios del país.

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Poemas de Héctor J. Díaz

 

REMORDIMIENTO

Era muy dulce, angelical y breve,

era como un botón de amanecer,

sutil y casta, diminuta y leve,

pero yo... no la supe comprender.

Era un lirio prendido en la reseda,

una canción de amor hecha mujer.

Rasgué su carne de alabastro y nieve

pero yo... no la supe comprender.

Me dio el nirvana de su seno amante,

el éter blando de su adormecer,

elleitmotivpara que vibre y cante

pero yo... no la supe comprender.

Y ahora, dos paralelos nuestras vidas,

siempre hasta el infinito desunidas

y siempre indiferentes se han de ver.

Mientras en lo hondo de mi pensamiento

muerde el fantasma del remordimiento

porque yo... no la supe comprender.

 

SIEMPRE

Cuando la vida se te vuelva amarga,

cuando la angustia te comprima el pecho,

cuando no puedas soportar la carga

del dolor y el despecho.

Cuando cansada, triste y abatida,

todo hálito de amor te sea negado,

cuando el dolor te torne arrepentida

por lo que hayas llorado.

Entonces...

Te daré luz para tu noche triste,

me haré muy dulce con tus amarguras

y en cambio de las penas que me diste

yo te daré ternuras.

Con la caricia de mi pensamiento

vivirán tus jardines interiores,

y si te asalta algún remordimiento,

te daré besos, para que no llores.

Así te probaré que te he querido,

que ni el rencor siquiera me hace odiarte,

que todos los agravios los olvido,

y el mismo amor me obliga a perdonarte.

 

HACE DAÑO QUERER

Hace daño querer como te quiero

porque hasta el alma se me torna esquiva.

Vivo entre celos y entre celos muero

sin que la paz del corazón reviva.

En cada pensamiento que me asalta,

pone la duda su veneno amargo,

y por oda la angustia que me asalta

vienen las noches y el insomnio es largo.

No sé hasta cuándo seguiré pensando,

ni con qué fin te seguiré queriendo,

si vive el corazón desesperando

y el alma de celar languideciendo.

¡Qué droga me infiltró tu primer beso!

¡Qué nudo fue el que hiciste con tu abrazo,

que desde entonces me mantengo preso

sin que se pueda desunir el lazo!

Te he querido olvidar y no he podido,

ni nada puede mi valor de hombre,

porque hasta en el más mínimo latido

siempre pronuncia el corazón tu nombre.

 

LO QUE QUIERO

Que nadie me conozca y que nadie me quiera,

que nadie se preocupe de mi triste destino,

quiero ser incansable y eterno peregrino

que camina sin rumbo por que nadie le espera.

Que no sepan mi vida ni yo sepa la ajena

que ignore todo el mundo si soy triste o dichoso.

Quiero ser una gota en un mar tempestuoso

o en inmenso desierto un granito de arena.

Caminar mundo adentro, solo, con mis dolores,

nómada, sin amigos, sin hogar y sin anhelos,

que mi hogar sea el camino y mi techo sea el cielo,

y mi lecho las hojas de algún árbol sin flores.

Cuando ya tenga polvo de todos los caminos,

cuando ya esté cansado de luchar con mi suerte,

me lanzare en la noche sin luna de la muerte

de donde no regresan jamás los peregrinos.

Y morir una tarde, cuando el sol triste alumbre

descendiendo un camino o ascendiendo una cumbre

pero donde no haya quien me pueda enterrar.

Que mis restos ya polvo los disipen los vientos,

para que cuando ella sienta remordimientos

no se encuentre mi tumba ni me pueda rezar.

 

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LA FOTO

La pitajaya en el jardín de La Joya- Fruta del Sur

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