Revelaciones

Poemas en el mes del amor: Delmira Agustini

Por Manuel Mora Serrano

Delmira Agustini (Montevideo24 de octubre de 1886-Montevideo, 6 de julio de 1914) fue una poetisa modernista uruguaya. Nació y fue criada en una familia que a pesar de ser conservadora y tener conductas estrictas, le dieron la posibilidad de cultivarse culturalmente y desarrollar su creatividad. Su padre fue Santiago Agustini (m. 8 de julio de 1925),1​ uruguayo, y su madre María Murtfeld Triaca (Buenos AiresArgentina24 de agosto de 1859-18 de julio de 1934).

 Delmira Agustini
Delmira Agustini

Poemas de Delmira Agsutini

 El intruso

Amor, la noche estaba trágica y sollozante

cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;

luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,

tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;

bebieron en mi copa tus labios de frescura;

y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;

me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;

y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!

¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura;

y bendigo la noche sollozante y oscura

que floreció en mi vida tu boca tempranera!

 

El vampiro

En el regazo de la tarde triste

Yo invoqué tu dolor... Sentirlo era

Sentirte el corazón! Palideciste

Hasta la voz, tus párpados de cera,

Bajaron... y callaste... y pareciste

Oír pasar la Muerte... Yo que abriera

Tu herida mordí en ella  -¿me sentiste?-

Como en el oro de un panal mordiera !

Y exprimí más, traidora, dulcemente

Tu corazón herido mortalmente,

Por la cruel daga rara y exquisita

De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!

Y las mil bocas de mi sed maldita

Tendí á esa fuente abierta en tu quebranto.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿ Por qué fui tu vampiro de amargura ?...

¿ Soy flor ó estirpe de una especie obscura

Que come llagas y que bebe el llanto

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones...

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones

de palomos, de buitres, de corzos o leones,

no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor,

había ya estragado mis garras y mi instinto,

cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,

me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra

ascendió mi deseo como fulmínea hiedra

hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;

y clamé al imposible corazón... la escultura

su gloria custodiaba serenísima y pura,

con la frente en Mañana y la planta en Ayer.

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra

ha quedado prendido como sangrienta hiedra;

y desde entonces muerdo soñando un corazón

de estatua, presa suma para mi garra bella;

no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella

sin sangre, sin calor y sin palpitación...

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!

 Íntima

Yo te diré los sueños de mi vida

en lo más hondo de la noche azul...

Mi alma desnuda temblará en tus manos,

sobre tus hombros pesará mi cruz.

Las cumbres de la vida son tan solas,

¡tan solas y tan frías! Yo encerré

mis ansias en mí misma, y toda entera

como una torre de marfil me alcé.

Hoy abriré a tu alma el gran misterio;

ella es capaz de penetrar en mí.

En el silencio hay vértigos de abismos:

yo vacilaba, me sostengo en ti.

Muero de ensueños; beberé en tus fuentes

puras y frescas la verdad; yo sé

que está en el fondo magno de tu pecho

el manantial que vencerá mi sed.

Y sé que en nuestras vidas se produjo

el milagro inefable del reflejo...

En el silencio de la noche mi alma

llega a la tuya como un gran espejo.

¡Imagina el amor que habré soñado

en la tumba glacial de mi silencio!

Más grande que la vida, más que el sueño,

bajo el azur sin fin se sintió preso.

Imagina mi amor, mi amor que quiere

vida imposible, vida sobrehumana,

tú sabes que si pesan, si consumen

alma y sueños de olimpo en carne humana.

Y cuando frente al alma que sentía

poco el azur para bañar sus alas

como un gran horizonte aurisolado

o una playa de luz, se abrió tu alma:

¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante

el imposible! ¡La ilusión vivida!

Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire,

¡la vida toda porque tú eras vida!

Si con angustia yo compré esta dicha,

¡bendito el llanto que manchó mis ojos!

¡Todas las llagas del pasado ríen

al sol naciente por sus labios rojos!

¡Ah! Tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,

a través de la noche florecida;

acá lo humano asusta, acá se oye,

se ve, se siente sin cesar la vida.

Vamos más lejos en la noche, vamos

donde ni un eco repercuta en mí,

como una flor nocturna allá en la sombra

me abriré dulcemente para ti.

El arroyo

¿Te acuerdas?

El arroyo fue la serpiente buena...

Yo muero extrañamente...

No me mata la Vida,

¿Te acuerdas?

El arroyo fue la serpiente buena...

Fluía triste y triste como un llanto de ciego

cuando en las piedras grises

donde arraiga la pena

como un inmenso lirio se levantó tu ruego.

Mi corazón, la piedra más gris y más serena,

despertó en la caricia de la corriente y luego

sintió cómo la tarde, con manos de agarena,

prendía sobre él una rosa de fuego.

Y mientras la serpiente del arroyo blandía

el veneno divino de la melancolía,

tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,

la coroné de un beso fatal, en la corriente

vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente

me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.

 Río Los Mogotes
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