Revelaciones

Poemas en la Primavera: Máximo Avilés Blonda

Por Manuel Mora Serrano

Avilés, su segundo nombre se lo inventó él. Realmente es Blonda su primer apellido. Pero para la historia será siempre Avilés, el Máximo Avilés.

Curiosamente, aunque es autor de un libro religioso, católico más bien, que fue la que profesó, Los Profetas, que ganó un premio nacional en 1976, los sacerdotes católicos nuestros o ignoran a los poetas o no los enaltecen, porque poemas suyos o de otros poetas como Freddy Gatón Arce, bien que deberían leerse en los templos. Si para quienes están escritos, no les hacen caso, qué esperar del público ignaro. Ojalá aparezca un sacerdote con sentido literario y de vez en cuando en los templos vuelva a resonar el arte poético sincero que poetas como Avilés escribieron para esos fines. Así habría alguna novedad hermosa en consonancia con el espíritu. Por ser extensos estos hermosos poemas no los incluimos en esta presentación.

Además de ese libro, Máximo escribió junto con Valera Benítez y Lupo, a Trío, en 1957, que contiene sonetos. Entre sus libros de poesía se destacan además Cantos a Helena, 1970, Del Comienzo, a la mitad del camino de la vida, 1976, y Viacrucis, 1983. Como dramaturgo dejó: Las manos vacías, 1959; La otra estrella en el cielo, 1963; Yo, Bertolt Brecht, 1988, Pirámide 179, 1969.

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Poemas de Máximo Avilés Blonda

 

Voz

Si tú, dulce garganta,

construyes un pájaro en el viento,

y hacen letras hechas

de mármol, de cabellos o azucenas,

si tiembla en ese aire

la fina y leve forma

de un pájaro, dime garganta. ¿Dónde

ha nacido esa música que arrojas

tibia y sonora como una luna blanca?

Dime garganta. ¿Dónde

comienza ese metal?

 

Dulce Temblor

Este miedo que rueda por mi mano

este dulce temblor ante lo quieto,

este morir viviendo que en secreto

me destroza la carne, polvo vano.

*

Este vivir ansioso, tan humano,

cerco de fuego en asechanza y reto,

este duro esperar de mi esqueleto

que entre angustias camina al fin cercano.

*

Ven, ¡oh Muerte! Desciende presurosa

si desciendes acaso desde arriba,

o surge de la tierra, que afanosa

*

va girando hacia ti a la deriva

ven y lleva mi sangre, misteriosa

razón de mi vivir. ¡O Muerte esquiva!

 

Elegía por la muerte de un ave

Qué enlutada substancia, qué polvo

cubrió al mundo cuando cesó tu canto tembloroso?

¡Oh, mensajero fiel de otras auroras!

¡oh, ángel perseguido por la música!

Silbador de la estrella.

Prisionero.

Cantador de la libertad que no tenías

que comenzaba al borde tu reja

y nunca terminaba.

*

¡Tan pequeño es el mundo sin tu canto!

¡Tan lejano el amor sin el roce de tu ala!

¡Tan húmedo el alpiste sin tu pico!

¡Tan terrible el vacío que dejaste

que apenas cabe en él una palabra!

*

Tú debiste morir en una rama verde

o cantando en el hombro de una estatua.

No debiste morir en este instante,

puro cantor de ríos.

que escapaste del plomo y de la flecha

y quedaste entre rejas,

prisionero,

para mirar con tus vivaces ojos

la música de un mundo que no sueña.

*

No debiste morir en este espacio,

en donde estamos muertos.

Solos.

 

Junio 1965

Este junio volvieron las mariposas a pesar de la guerra.

Dejaron su polvillo coloreado en las calles con sangre.

Jugaron con los niños angustiados antes del día de San Juan

y se marcharon luego con ruido de muerte y de metralla.

*

Este junio de estruendo los árboles crecieron más aprisa.

Las cigarras cantaron entre púas de acero.

Las lagartijas temblaron en el sol del verano,

junto al pozo ya seco, este junio sin lluvias.

*

Este junio no es piedra infantil lo que silba en el aire.

No son pisadas de niños las que secan la hierba.

Este junio de asombro un ciego olor de muerte

toca con mano sorda, las puertas del espanto.

*

Este junio brillante el color de las hojas es más agrio

porque andamos con brío y entereza hacia lo oscuro,

hacia la plaza estrecha y sin salida de la muerte

donde el polvo levanta su estatura de héroe.

Este junio decente, este enlutado junio sin exámenes,

este junio de huesos y cenizas, de mesa y de metralla,

de breve vida cercenada y agónico deseo,

el soldado no duerme y los pájaros callan.

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La fotografía

Trinitarias en la Plaza de España

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