Me he fijado, amable lector, que los escritores maduros que se respetan, con primos cuerderos y amigos sarcásticos, le tienen mucho miedo a escribir poemas de amor. El temor, claro está, es a la cursilería. Es cierto eso de que si verdadera la dulzura no empalaga, es decir, si uno le musita a alguien, Te necesito como el invierno necesita la primavera, y cuando lo musita (una madrugada de invierno en un sótano en Nueva York) lo siente de verdad, no es cursi. Ahora bien, si algún bípedo sin plumas con tendencia al macaneo lo floja (una canícula de agosto en unas patronales en Pedernales) sin sentirlo de verdad, provocará un chuípiti con cortada de ojos de la damnificada.

También me he fijado, romántico lector, que los poemas de amor primitivos son los que más me gustan, me emocionan inmensamente. No sé si será porque mi cerebro toma en cuenta el mérito de haber sido escritos cuando la vida era aún más dura, sin electricidad, sin trenes, sin Google, se hablaba de vainas básicas, concretas, sin muchas metáforas no apoyadas por los sentidos (las cuales, ya aconsejó Borges, es bueno evitarlas por ser usualmente falsas); además, la vida era más fugaz, la gente se moría jovencita y de cualquier cosita, y tal vez por eso acepto ipso facto como sinceras las declaraciones amorosas del poeta, verbigracia:

Poema del Siglo V

En días pasados ambos acordamos
Que yo era tú, y tú eras yo.
¿Qué ahora nos ha pasado a los dos?
Que tú eres tú, y yo soy yo.

Cuando mencioné a Borges recordé que dijo de la epopeya de Gilgamesh (escrita hace como 3,700 años): "Tal vez no solo cronológicamente es la primera de las epopeyas del mundo. Diríase  que todo ya está en este libro babilónico". Precisamente tiene una historia de amor, que muy bien pudo ser el germen para La Bella y La Bestia, que termina con un poema recitado por el enamorado Enkidu, "el hijo de la naturaleza, hombre salvaje del corazón de la estepa", mientras agonizaba, a su enamorada la ramera Shamhat. Me conmueve el deseo de amor verdadero, que el poeta pone en boca del semidiós moribundo, de que la amada que queda vivita y coleando sea feliz con otro que no será él.

Ven, Shamhat, fijaré tu destino.
Que los gobernadores te amen y los nobles también.
Que obsidiana te den, lapislázuli y oro.

Que Ishtar, la más capaz de los dioses,
Te consiga el acceso al hombre
Cuyo hogar esté establecido
Y las riquezas se amontonen bien alto.
Que por ti su esposa sea repudiada,

Ilustracion de Delfinieves Batista Lapaix (puntito)

Aun siendo madre de siete hijos.

Aquí voy aprovechar y meter de chivo un poema mío:

Un Buen Matrimonio

Una mujer y un hombre
Cargan un tanque de gas rojo
El hogar está a tres esquinas
El tanque es de los chiquitos
No necesitan motor
No necesitan camioneta
El pie izquierdo deella en compás con el deel
El pie derecho deel en compás con el deella
Ella musita "Papi, el sol me pica en lo sojo"
Él sonríe, hace una visera con su mano suelta
"Sí mami, hoy vamo a comé sancocho".

Otro poema antiguo que me gusta mucho es del poeta sirio Mohamel. Habla del placer físico del amor, tan desdeñado por Platón y por aquel que sufre de impotencia con OCD (todo le da asco). Eruditos gallegos de la Universidad Alemana de Cuernavaca juran y perjuran data del año 2,763 antes de Chewbacca. Advierto al lector muy decoroso que aparece el verbo "Singar", conjugado en tiempo presente. Elegí esa palabra, repudiada en público y venerada en la intimidad, porque en esa era no se decía "Hacer el amor" (3 palabras), como tampoco se decía "Tener sexo" (2 palabras); Mohamel usó una sola palabra, y aunque los traductores gallegos la tradujeron como "Coger" (en otra "Follar" y en otra "Ayuntar"), yo mismo no las prefiero.

Carcajada

Siempre me río cogiendo guto
Siempre me río cuando te singo.
Desde que me vengo me río
JAJAJAJAJAJAJÁ
Y me queda una risita.
Es como una alegría
Como encontrar un tesorito
Y no creerlo.

Para quitar la fuerte impresión de esa, según algunos alguna vez llamados mojigatos, malapalabrota, y como ya fue mencionado dos veces, le diré, sensible lector, que Borges tiene un poema de amor que debe estar en el Top 10 de poemas de amor de todos los Cosmos. Se llama "What Can I Hold You With?" (¿Con Qué Puedo Retenerte?). Una peculiaridad, especialmente para los sintonnisones defensores del Español, es que lo escribió en Inglés. Leamos unos versos.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla,
vista al atardecer, años antes de que tú nacieras.
Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre
de mi corazón; porque estoy tratando de sobornarte con
la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

Como no quiero dejar la impresión de que el poeta sirio Mohamel solo escribió poemas medio plebes, entre los traducidos en Cuernavaca también está este.

Primitivo poema Sirio

Contigo sí
Con tu color
Con tu esbeltez
Con arpa en voz
Con tus greñas
Con ese noble nombre
con menos de 3 sílabas
Y sin Y.

El lector devoto de los sonidos agradables, y de la empatía entre letras que van pegadas, se emociona cuando sale "Esbeltez", es un bizcochito; felicita la elección de "Noble" en lugar de "Lindo" para anteceder a "Nombre"; también está de acuerdo con Mohamel en su adversión a nombres con Y:

Yajaira

Yakaira
Amandy
Yasiel
Yeral
Isaolym
Yesenia
Yocasta
Mireya
Yokaira
Yolanda
Raysa
Yolanfy
Yordanka
Yorkanda
Wilkyna
Yudelka
Yuleidy

Para terminar, paciente lector, ese poema primitivo sirio me hace recordar un también primitivo cántico, cantado en las calles de apagones por niños buenos que ni imaginaban lo entretenido que iban a ser los videojuegos, donde se anuncia la intención de un caballerete, bautizado con el curioso nombre de Arroz Conleche, de querer contraer nupcias con una tejedora viudita bordadora que parece vivía en la capital y estaba de visita en un pueblo para pasar la Navidad.

Arroz Conleche
Se quiere casar
Con una viudita
De la capital
Que sepa tejer
Que sepa bordar
Que ponga la aguja
En su mismo lugar
Contigo sí
Contigo no
Contigo viudita
Porque tu nombre
Viudita
No tiene i griega
Me casaré yo.