Toda teoría es gris, querido amigo, y verde es el dorado árbol de la vida.
(Goethe, Fausto)
Estudiar las redes sociales no es quedarse enredada en estas, vivir en y para dichas redes, porque como tales pertenecen a una de las dimensiones del ciberespacio que va más allá del conjunto de herramientas que es la red de internet, por lo que estas no son una trampa, como pretendió Bauman (2015; 2001), en la medida que el sujeto cibernético se coloca en la ciberpolítica, como tampoco son legiones de idiotas por el hecho de que le otorgan derecho hablar al ciudadano (Eco, 2015).
Lo que sí han resquebrajado las redes es el discurso fundamentado en el sentido único del saber-poder-verdad, es decir, el sancta sanctorum del conocimiento y de la teoría como verdad y totalidad.
Aunque en lo ciberpolítico existen estrategias de poder que se convierten en un crimen contra la verdad (Baudrillard), partiendo del supuesto que los acontecimientos no se han dado, como si fuese el acomodo de la posverdad, no por eso las redes se prefiguran bajo este tipo de estrategia, porque los sujetos cibernéticos están formados por diversas clases sociales, y por ende, hay diversas estrategias en el poder de las redes sociales.
Estas estrategias dependen de las relaciones que mantiene el sujeto cibernético con el poder digital que ha configurado el cibermundo. En este se puede encontrar desde la ciberpornografía, pasando por consumidores de la ciberbasura, los ciberdelincuentes, ciberciudadanos que viven en diferentes tipos de manifestaciones lúdicas hasta llegar al hacktivista que lucha por los derechos civiles, por la justicia y la democracia.
Una de esas estrategias políticas apunta a no reducir las redes sociales a simples herramientas tecnológicas, sino que forman parte del cibermundo como sistema que abarca una cibercultura y una ciberpolítica que han estado provocando un terremoto en el ámbito social y político.
Por lo que el miedo a las redes sociales, por parte de la clase política dominicana que ha ostentando el poder incrustado en el Estado, se pone de manifiesto con la entrada al escenario del movimiento verde que ha empoderado a los ciudadanos a luchar por un mejor país. Porque ya no se trata de decirle “no a la cementera en Los Haitises”, de pedir el 4% para la educación preuniversitaria, sino que es poner fin a la impunidad, a esa ausencia de castigo que cubre a la nación dominicana ante la hipercorrupcion, el clientelismo y el patrimonialismo, a la falta de justicia que caracteriza el sistema judicial en la compra y venta de sentencias, de redes de mafias políticas que creen que este país es de ellas.
Este movimiento cívico que se coloca como verde ante lo gris de rizoma de delitos, asesinatos e impunidad que cubren a la sociedad dominicana, no solo se vive en el espacio de la realidad física, sino también en el ciberespacio de la realidad virtual. Así vemos cómo en el ciberespacio dominicano se linchan a los políticos corruptos que se sienten protegidos por el sistema judicial y cómo se les construyen memes sarcásticos en los que se les expresa su desprecio por pretender pensar que somos oligofrénicos y no multitudes inteligentes que se caracterizan por la cooperación, la empatía y la creación de escenarios de luchas en las redes sociales.
En el texto Multitudes inteligentes: La aproxima revolución social (2004), Rheingold, explica cómo el mundo cibernético ha creado un nuevo espacio de organización social y cultural en el que grupos de personas emprenden movilizaciones políticas, sociales y económicas gracias a la utilización de los medios tecnológicos brindadas por ese cibermundo.
El movimiento verde forma parte de lo que el propio Rheingold ha llamado el tsunami social, el cual es resultado del empoderamiento de la clase media dominicana, donde ciudadanos se apropian del espacio y ciberespacio y van adquiriendo nuevos hábitos políticos articulado a un pasado y futuro con dimensión del presente del aquí y ahora.
Las diversas marchas multitudinarias no son una moda, ni una espera en cuanto a esperar que tarde o temprano se van esfumar o desgastar y reinará la política tradicional. Esta forma de movimientos articulados a las redes sociales no son temblores de insignificante magnitud; son volcanes en erupción donde se cambian los escenarios y los actores. Por lo que la sociedad dominicana transida que vive en lo virtual y lo real, que ha formado parte de la cultura clientelar y patrimonialista ha entrado en una ruptura de hacer política, por el proceso de conciencia ciudadana que al parecer implica una construcción social más allá de los partidos y los movimientos sociales tradicionales, lo que no significa el fin de estos, pero sí su recomposición en cuanto hacer política y entender la agenda dominicana de cara al cibermundo global.
El movimiento verde que ha logrado irrumpir en el 2017 con una nueva forma de protesta social inédita en la historia del país y que solo puede ser comprendida en el ámbito de la ciberpolítica, en la combinación compleja del espacio y el espacio social dominicana, porque ha sabido construir empatía democrática en las redes sociales que ha dado sus resultados con las marchas de 22 de enero en Santo Domingo, la del 5 de Marzo en Puerto Plata, y el recorrido por todo el país de la “llama verde del Fin de la Impunidad” y la marcha del 26 de Marzo en Santiago. En esta última marcha logró superar a las demás y se convirtió en las redes sociales en supertendencia con el hashtag en Twitter #Cibao en marcha, así como la subida de videos relacionados entre esta y los me gusta en Facebook.
Estas multitudes inteligentes dominicanas están compuestas por diversos sectores sociales, que van desde precariados, pobres y del predominio de la clase media del país, lo que no deja afuera algunos políticos y algunos corruptos de gobiernos de estos partidos, además de los sujetos como traqueteros y carteristas lo que es inevitable en los procesos de cambios sociales, pero el pretender detenerse en uno o dos árboles disecados y no ver el bosque verde, es coincidir con el mismo esquema de poder que se intenta cambiar.